Pagar por respirar

19.10.2020

Lesly Mellado May

Al inicio de los años 90 comenzó a popularizarse la venta de agua purificada en envases desechables.

Cursaba el bachillerato y cuando vimos al primer compañero con su botella de agua, mi amiga Dulce (hoy bióloga) soltó: “no compres el agua así, al rato te van a vender oxígeno embotellado y ¿se los vas a comprar?”. Todos reímos.

Treinta años después dejamos de reír y le dimos la razón a Dulce: hoy el coronavirus nos obliga a pagar por respirar.

Si bien los purificadores de aire y difusores de aceites esenciales para limpiar espacios cerrados hace rato que se usan, ahora ha salido al mercado un purificador de aire portátil para uso cotidiano.

Los ultramarinos posmodernos ya tienen el aparato a la venta. Una pequeña caja (que puedes atar a tu cuerpo) purifica el aire y lo manda por una manguera a una mascarilla que se sujeta al rostro; te garantizan que nada perjudicial entrara a tu cuerpo ¿debo creer que funciona?

Estamos en 2020 y me pregunto qué pasará en 2050: ¿nuestros hijos irán conectados a un tanque de oxígeno de manera permanente? o ¿les implantarán un dispositivo para filtrar el aire?

Andar por la vida con una mascarilla nunca fue nuestro sueño, ni siquiera sabemos si funcionan las que compramos. Una N95 puede costar de 20 a 900 pesos y hay estimaciones más extremas. La Cofepris no ha sido clara en esa materia, el IMSS ha publicado el tipo de mascarillas que sí garantizan protección pero que no están al alcance de la población en general.

Así que cada uno pone su fe en un paliacate o en una máscara que supera los 5 mil pesos y que tiene hasta bluetooth, sin que tengamos certeza de su capacidad para evitar que el COVID-19 ingrese a nuestro cuerpo.

Las guerras bacteriológicas que un día nos contaron ¿se hacen realidad?

Las escuelas llevan vacías casi 7 meses y debo qué debo decir a mi hijo: esto nunca volverá a pasar o vete acostumbrando porque cada día será más caro respirar.

De hecho, a sus siete años de edad ha vivido dos episodios en los que no ha tenido libertad de respirar. Varios días de mayo de 2019, el valle de México se cubrió con una densa nube de contaminación, la ciudad de Puebla se pintó de gris y tuvimos que cerrar puertas y ventanas. Ahora al igual que millones de niños, lleva siete meses sin acceso a espacios de socialización por el coronavirus.

Me pregunto qué pasará cuando llegue a los cincuenta años: contará esto como anécdota o que le tocó vivir el inicio de una época en la que se tiene que pagar por respirar.

Respira, ya casi se va

16.07.2020

Lesly Mellado May

Los padres que han cumplido con mantener a sus hijos pequeños en confinamiento se han convertido en una especie de Gatell casero cuando deben responder a los niños la fecha en que volverán a la escuela, a sus entrenamientos, a los parques y a sus fiestas cumpleañeras. Se la pasan en la ya merito, ya falta poco, ya en unos días, ya casi.

Pero en este México desigual, mientras unos niños miran desde la ventana el paso del coronavirus, otros andan ayudando a sus padres a buscar el sustento diario, sin embargo, para la SEP todos los niños son “iguales” y han decidido que la actividad prioritaria para cuando vuelvan a las aulas será enseñarlos a respirar para calmarse.

Sí, a respirar. Así lo indican en el documento “Cuidar de otro es cuidar de sí mismo” que es parte del inicio del ciclo escolar 2020-2021.

Para la dependencia federal lo primordial al regresar a las aulas es dar “soporte emocional” para superar el encierro, la enfermedad y la muerte de algún familiar por el COVID, así que propone “actividades para los colectivos con las que esperamos ejerciten su respiración y visualización como estrategias primordiales para alcanzar la calma y relajarse”.

Y esto pondrán a hacer a los estudiantes de preescolar, primaria y secundaria:

Piensen en su color preferido o en un color que les produzca alegría y visualícenlo.

A continuación, respiren lenta y profundamente por la nariz y expiren por la boca.

Respiren y expiren un par de veces más hasta que hayan alcanzado un buen ritmo.

Ahora, imaginen que, cada vez que respiran, el aire es de su color preferido.

Sientan cómo el aire de color entra por la nariz, los pulmones y llega al resto del cuerpo, aportándoles sensaciones y energía positivas.

Además, los estudiantes deberán responder:

¿Qué aprendieron de lo vivido durante y después de la suspensión de clases?

¿Cómo cambió nuestra vida de todos los días?

¿Cuáles de esos cambios nos benefician a largo plazo y seguiremos haciendo?

¿Qué pensamos de lo que es distinto ahora?

En el mes de mayo, la Unicef alertó que “el panorama de violencia contra niñas, niños y adolescentes en México ya era grave antes del confinamiento, pero la pérdida de empleos e ingresos, y otros elementos de estrés intrafamiliar son factores de riesgo asociados a aumentos de la violencia contra la infancia y, tristemente, esos están presentes en muchos hogares en el país en estos momentos”.

En México, 56.7% de la población labora en condiciones de informalidad y los hijos de éstos en su mayoría hacen parte de la brecha digital que generó desigualdad durante el periodo de clases a distancia.

Atendiendo a esta cifra, al menos la mitad de los infantes mexicanos ha pasado penurias económicas y la respuesta de la SEP es “respira y relájate”.

Austeridad al estilo Morena

22.06.2020

Lesly Mellado May

Como si le hiciera falta un frente más de batalla, la presidenta municipal de Puebla, Claudia Rivera, impuso a los regidores la donación obligatoria de “la aportación anual –compensaciones- considerada en su salario” para dar subsidios a comerciantes afectados por la crisis generada por el COVID-19.

Más allá de la oposición a la medida por parte de los regidores del PAN, el PRI y los barbosistas; y de la rústica defensa de los integrantes de Cabildo afines a la alcaldesa, el asunto sacó a la luz el peculiar estilo con el que el gobierno morenista de la capital aplica la austeridad republicana.

Luego de que los regidores panistas y la priísta llevaron el caso al TEPJF, la presidencia municipal arrancó una campaña de defensa a la donación obligatoria.

En un video, la secretaria Liza Aceves dio a conocer que los regidores canalizarán sus “compensaciones extraordinarias”, 240 mil pesos cada uno, para ayudar a comerciantes de la capital.

En la Plataforma Nacional de Transparencia, el gobierno municipal informa sobre las dietas mensuales para cada regidor con estas cifras:

Monto bruto de las dietas: 88 mil 87 pesos

Monto neto de las dietas: 63 mil 728 pesos

Y reporta en ceros: percepciones adicionales en dinero, percepciones adicionales en especie, sistemas de compensación, gratificaciones, comisiones, bonos, estímulos, apoyos y prestaciones.

¿Por qué no es pública la compensación extraordinaria de 240 mil pesos destinada a cada regidor?

¿Por qué el gobierno de Morena mantuvo los privilegios que tanto criticó a sus antecesores?

Sin la crisis por el COVID-19 ¿nos hubiéramos enterado que los morenistas respetaron la tradición morenovallista?

En la campaña a favor de la donación obligatoria salieron a escena los regidores afines a Claudia Rivera. En conferencia de prensa, el regidor morenista Ángel Rivera Ortega dijo sobre la “compensación extraordinaria” que van a donar: “No sabíamos que la íbamos a tener. Nos vamos a desprender de algo que no teníamos considerado”.

Y entonces ¿cómo aprobaron el Presupuesto de Egresos 2020?

¿Acaso no analizó el dictamen en el que se desglosa cada gasto programado por el ayuntamiento?

¿O debemos pensar que la compensación extraordinaria está en una partida secreta y no se asentó en el presupuesto oficial?

En la misma conferencia de prensa, junto a Rivera Ortega y sentado en la misma mesa, el regidor también morenista Iván Herrera dio otra explicación sobre la “compensación extraordinaria”.

Informó que los regidores de Puebla Capital reciben cada cuatro meses una compensación que suma 180 mil pesos al año.

“Es un privilegio al que hoy estamos renunciando”, soltó con orgullo.

¿A quién le creemos a Ángel Rivera o a Iván Herrera?

La última pregunta que abruma mi entendimiento: ¿por qué renuncian hoy y no hace un año 8 meses cuando

La Esperanza de México tomó las riendas del ayuntamiento de Puebla?

El miedo a la casa

12.05.2020

Lesly Mellado May

El coronavirus ha sacado a flote el miedo a la casa, a la convivencia cercanísima con los que más queremos, a mirar la felicidad sin accesorios, al hogar.

Bien sabido tenemos que hay muchos Méxicos, y así se ha vivido la crisis (para unos y el “cuento” para otros) por el COVID-19. Me voy a referir a ese sector de mexicanos que tiene la posibilidad económica y laboral de estar en confinamiento, pero que opta por salir a la calle.

El siglo XX nos dejó como legado las ciudades dormitorio. Los habitantes de éstas nos convertimos en esclavos del espacio laboral para poder pagar el “hogar perfecto”.

El otro legado fue “compra y sé feliz”, así que también buena parte de la vida se nos va en generar dinero, “pasear” en las tiendas, y comprar, comprar, comprar.

Y así tenemos como patrimonio casas que sólo sirven para dormir y cosas que no tenemos tiempo de usar.

Pero ahora que un virus nos colocó donde está lo que más atesoramos y en el sitio porque el que siempre trabajamos: nuestros hijos y nuestra casa, resulta que queremos estar afuera.

En redes sociales ha quedado registro de gente que anda en la calle con niños incluidos sin nada urgente qué hacer.

También han retratado la desesperación de madres y padres, que fungiendo y fingiendo de maestros, no logran contener la ira cuando sus hijos buscan aprobación en su rostro en lugar de mirar el cuaderno: “por qué me miras si las letras no las tengo yo en la cara”.

¿Y qué pasó?, si dijimos que si se acababa el mundo queríamos estar junto a nuestros hijos, si nos quejábamos porque la oficina no daba suficiente tiempo para protagonizar una guerra de almohadas y un arrebato de cosquillas… y hasta olvidamos que si nosotros nunca fuimos brillantes en la escuela en qué momento idealizamos que tendríamos hijos superdotados.

Algo similar pasa en la convivencia cercanísima que ahora tienen las parejas: “La oficina me hacía olvidar sus defectos”. Ahora que no hay oficina, cine, restaurante, parque, fiestas, viajes… ni nada que nos permita voltear a otro lado nos encontramos desnudos para mirar y para que nos miren, y sí resulta atemorizante.

¿Qué contaremos ahora cuando nos pregunten cómo queremos que nos tome el fin del mundo?

Pues, en la calle comprando.

Infancia: temores fundados

07.11.2019

Lesly Mellado May

Cantar por cantar. Los niños en México han perdido ese derecho.

Los últimos años nos han traído historias que durante la infancia de mi generación eran inimaginables.

Una maestra en Sonora puso a cantar a sus niños pecho tierra para salvaguardarlos durante una balacera.

Un niño de dos años murió por un disparo en el pecho. El tráiler de su padre fue balaceado en un robo en la comunidad de Chalchihuapan, Puebla.

Un hombre escondió a su hijo en una lavadora para resguardarlo de un comando armado que atacó una tienda en Puebla.

Niños de los LeBarón asesinados, heridos de bala y testigos de cómo masacraron a sus madres.

Son apenas cuatro muestras, ahora cotidianas, de cómo se extinguieron nuestros temores infantiles, que sí eran infantiles: el robachicos, los fantasmas en la oscuridad, los perros con rabia…

La percepción de inseguridad y la inseguridad ataca a los niños. Ya no se sienten seguros en su casa, ni en la escuela, de la calle ni hablar. Sus temores son fundados de 2015 a 2018 casi 6 mil niños han sido asesinados.

A nivel nacional, con base en la Consulta Infantil y Juvenil 2018, es posible observar que, en promedio estatal, el 7.4 por ciento de niñas, niños y adolescentes entre 6 y 17 años no se siente seguro en casa, dentro de los cuales, la población entre seis y nueve años es la que menos segura se siente (16.2 por ciento).

Por entidad federativa, en Quintana Roo y Baja California los niños y las niñas de 6 a 9 años consideraron el mayor nivel de inseguridad en casa con el 20.1 y 22.5 por ciento respectivamente. La población de ese mismo rango de edad del estado de Chiapas fue la que más segura se siente, con sólo 1.8 por ciento de sensación de inseguridad. Por otro lado, destacan Jalisco (10.1 por ciento), Estado de México (9.2), Guanajuato (9) y Quintana Roo (8.8) con los mayores niveles de percepción de inseguridad; mientras que Sonora (6.5 por ciento), Hidalgo (6.4), Campeche (2.6) y Chiapas (2.3) cuentan con los menores porcentajes.

Respecto a la percepción de inseguridad en la escuela, ésta se incrementa considerablemente en comparación con los resultados obtenidos en el hogar, ya que el promedio nacional de inseguridad en los tres grupos fue de 31.4 por ciento. En el grupo de 6 a 9 años, el porcentaje pasó de 12.4 por ciento de inseguridad en casa a 61.1 por ciento en la escuela, en el segmento de 10 a 13 años, pasó de cuatro a
11.6 por ciento, y en el grupo de 14 a 17 años la variación entre fue de 4.2 a 49.1 por ciento.

En cuanto a la calle, éste es el espacio con la mayor percepción de inseguridad. Del grupo poblacional de 6 a 9 años el 71 por ciento de las niñas y niños de esa edad manifestaron no sentirse seguros. En este caso, la Ciudad de México, Puebla, Nuevo León, Guanajuato y Estado de México son las entidades federativas con la mayor percepción de inseguridad. Destaca que el segmento más joven de la muestra es el que percibe mayor inseguridad en los tres espacios de convivencia.

Estos son los datos recabados por la Comisión Nacional de Derechos Humanos que ratifica que los temores de la infancia son totalmente fundados:

De acuerdo con las estadísticas del Secretariado Ejecutivo de Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESSNP), 5,829 niños, niñas y adolescentes han sido víctimas de la violencia homicida entre 2015 y 2018, en donde el 57.9 por ciento corresponden al sexo masculino y el 42.1 por ciento al femenino. El intervalo con el crecimiento más significativo ocurrió entre 2016 y 2017, en el que el número de homicidios aumentó 22.5 por ciento. En el periodo 2015-2018, a nivel estatal, Chihuahua, Zacatecas, Michoacán, Guerrero y Baja California fueron las cinco entidades que registraron las mayores tasas de homicidios de personas menores de 18 años.