Infancia: temores fundados

07.11.2019

Lesly Mellado May

Cantar por cantar. Los niños en México han perdido ese derecho.

Los últimos años nos han traído historias que durante la infancia de mi generación eran inimaginables.

Una maestra en Sonora puso a cantar a sus niños pecho tierra para salvaguardarlos durante una balacera.

Un niño de dos años murió por un disparo en el pecho. El tráiler de su padre fue balaceado en un robo en la comunidad de Chalchihuapan, Puebla.

Un hombre escondió a su hijo en una lavadora para resguardarlo de un comando armado que atacó una tienda en Puebla.

Niños de los LeBarón asesinados, heridos de bala y testigos de cómo masacraron a sus madres.

Son apenas cuatro muestras, ahora cotidianas, de cómo se extinguieron nuestros temores infantiles, que sí eran infantiles: el robachicos, los fantasmas en la oscuridad, los perros con rabia…

La percepción de inseguridad y la inseguridad ataca a los niños. Ya no se sienten seguros en su casa, ni en la escuela, de la calle ni hablar. Sus temores son fundados de 2015 a 2018 casi 6 mil niños han sido asesinados.

A nivel nacional, con base en la Consulta Infantil y Juvenil 2018, es posible observar que, en promedio estatal, el 7.4 por ciento de niñas, niños y adolescentes entre 6 y 17 años no se siente seguro en casa, dentro de los cuales, la población entre seis y nueve años es la que menos segura se siente (16.2 por ciento).

Por entidad federativa, en Quintana Roo y Baja California los niños y las niñas de 6 a 9 años consideraron el mayor nivel de inseguridad en casa con el 20.1 y 22.5 por ciento respectivamente. La población de ese mismo rango de edad del estado de Chiapas fue la que más segura se siente, con sólo 1.8 por ciento de sensación de inseguridad. Por otro lado, destacan Jalisco (10.1 por ciento), Estado de México (9.2), Guanajuato (9) y Quintana Roo (8.8) con los mayores niveles de percepción de inseguridad; mientras que Sonora (6.5 por ciento), Hidalgo (6.4), Campeche (2.6) y Chiapas (2.3) cuentan con los menores porcentajes.

Respecto a la percepción de inseguridad en la escuela, ésta se incrementa considerablemente en comparación con los resultados obtenidos en el hogar, ya que el promedio nacional de inseguridad en los tres grupos fue de 31.4 por ciento. En el grupo de 6 a 9 años, el porcentaje pasó de 12.4 por ciento de inseguridad en casa a 61.1 por ciento en la escuela, en el segmento de 10 a 13 años, pasó de cuatro a
11.6 por ciento, y en el grupo de 14 a 17 años la variación entre fue de 4.2 a 49.1 por ciento.

En cuanto a la calle, éste es el espacio con la mayor percepción de inseguridad. Del grupo poblacional de 6 a 9 años el 71 por ciento de las niñas y niños de esa edad manifestaron no sentirse seguros. En este caso, la Ciudad de México, Puebla, Nuevo León, Guanajuato y Estado de México son las entidades federativas con la mayor percepción de inseguridad. Destaca que el segmento más joven de la muestra es el que percibe mayor inseguridad en los tres espacios de convivencia.

Estos son los datos recabados por la Comisión Nacional de Derechos Humanos que ratifica que los temores de la infancia son totalmente fundados:

De acuerdo con las estadísticas del Secretariado Ejecutivo de Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESSNP), 5,829 niños, niñas y adolescentes han sido víctimas de la violencia homicida entre 2015 y 2018, en donde el 57.9 por ciento corresponden al sexo masculino y el 42.1 por ciento al femenino. El intervalo con el crecimiento más significativo ocurrió entre 2016 y 2017, en el que el número de homicidios aumentó 22.5 por ciento. En el periodo 2015-2018, a nivel estatal, Chihuahua, Zacatecas, Michoacán, Guerrero y Baja California fueron las cinco entidades que registraron las mayores tasas de homicidios de personas menores de 18 años.

Mujeres en el poder

29.10.2019

Lesly Mellado May

Se llama Claudia, es hija de un matrimonio con dificultades económicas y lejano de las élites políticas y económicas, es feminista, “una mujer diversa del siglo XXI”, según ella misma se describió.

Se trata de la primera mujer que conducirá la alcaldía de Bogotá y que selló su triunfo electoral besando a su pareja Angélica. La foto es histórica en Colombia y los medios de comunicación se han volcado en ésta.

En México hace rato ya, en 1979, Griselda Álvarez Ponce de León se convirtió en la primera mujer gobernadora, en Colima. Es recordada como una feminista militante y enfocada en el ámbito educativo.

La segunda gobernadora fue Beatriz Paredes en Tlaxcala de 1987 a 1992. Si bien durante esos años, la vida privada no era alcanzada fácilmente por los medios de comunicación se hizo del dominio público que “tuvo que casarse” para cumplir con los requisitos de la época: los políticos deben estar matrimoniados, nada de soltería ni divorcio.

En 1998, el entonces Distrito Federal fue gobernado por primera vez por una mujer, Rosario Robles, quien terminó en el cadalso mediático por su relación amorosa y un entramado de corrupción con Carlos Ahumada. Hoy está encarcelada acusada de un desvío millonario de recursos de la administración federal.

En 2018, la primera gobernadora de Puebla, Martha Erika Alonso, murió a los 10 días de haber tomado posesión. El helicóptero en el que viajaba junto a su esposo y antecesor Rafael Moreno Valle se desplomó en Coronango y ahí dio fin la historia del matrimonio sin hijos que había logrado transferirse el cargo público.

En el caso de la ciudad de Puebla, la primera presidenta municipal fue Blanca Alcalá de 2008 a 2011, ganó contra todos los pronósticos y aunque para entonces ya tenía una larga carrera en la administración pública no logró zafarse del poderío del entonces gobernador Mario Marín Torres.

Álvarez, Paredes, Robles, Alonso, Alcalá e incluso Claudia López (la primera alcaldesa en Bogotá) tienen algo en común: cuando llegaron a dirigir ciudades y estados ya conocían y habían ejercido el poder, ya habían lidiado largo rato con la clase política aún machista, contaban con heridas de guerra y batallas ganadas.

Y es ahí donde radica el extravío de Claudia Rivera, pasó de coordinar encuestas a gobernar Puebla, uno de los municipios más poblados del país con problemas extremos de inseguridad, un sitio que va desde un páramo en San José Xacxamayo a un cúmulo de joyas arquitectónicas invadidas por ambulantes en el centro histórico. A eso debe sumarle el yugo político: nunca un gobernador había regañado y exhibido de tal manera a un presidente municipal en su informe de gobierno como lo hizo Miguel Barbosa con ella el pasado 14 de octubre.

Ha pasado un año en la alcaldía y nuestra Claudia que tenía todo para ser un hito (“a sus 36 años es la presidenta municipal más joven, es la primera proveniente de la sociedad civil, se identifica con las preocupaciones del feminismo, desde Morena como secretaria de Diversidad Sexual impulsó una agenda en contra de la discriminación y a favor de los derechos de las mujeres para decidir sobre sus propios cuerpos”) terminó refugiándose en el lugar común: “me critican porque soy mujer”.

Las mujeres deberían pasar a la historia por la forma de gobernar, por marcar una diferencia en cómo se ejerce el poder, por manejar programas sociales exitosos que reduzcan la pobreza sin distingo de sexo, por inspirar a las niñas y jóvenes a seguir sus historias de vida; no por ser las primeras en ocupar puestos, por su edad o por cómo condujeron su vida privada mientras gobernaban.

Morena y sus aliados, líderes en opacidad

11.06.2019

Lesly Mellado May

El Instituto de Transparencia, Acceso a la Información Pública y Protección de Datos Personales del Estado de Puebla (ITAIPUE) dio a conocer los resultados generales de la verificación 2019, en la que se evaluaron las obligaciones de transparencia de 340 sujetos obligados de la entidad.

Los partidos políticos que idealmente debían demostrar a los electorales sus buenos oficios para cumplir con las normas, en su mayoría, incumplen con sus obligaciones de transparencia.

Llama la atención que las calificaciones más bajas, reprobatorias, son de Morena y sus recientes aliados en la elección de Puebla, PVEM y PT.

En una escala del 1 al 100, esta es la calificación obtenida por los partidos en Puebla:

PVEM 3.85

PT 27.23

Morena 40.78

Panal 47.77

PES 48.44

PRD 56.86

PRI 76.44

PAN 92.98

Movimiento Ciudadano 93.43

Compromiso por Puebla 95.27

PSI 96.84

En general existe un desdén de los morenistas por la transparencia. Si bien es cierto que los gobiernos anteriores usaron la Ley de Transparencia para legalizar la opacidad, esto no debe ser pretexto para la Cuarta Transformación, su deber es cumplir con lo establecido y crear nuevas reglas que permitan a los ciudadanos conocer más y mejor sobre el desempeño gubernamental.

Morena en Puebla no publica información obligatoria en la Plataforma Nacional de Transparencia, oculta las remuneraciones del personal que labora en el partido, no proporciona datos sobre su Unidad de Transparencia, no difunde información curricular de sus directivos, no cumple con requisitos sobre resultados de auditorías, ni sobre la publicación del padrón de militantes.

Para conocer a detalle el dictamen, dé click aquí:

https://itaipue.org.mx/portal/intranet/verificacion/7/publicacion/112.pdf

Desencanto local

03.06.2019

Lesly Mellado May

La baja votación que obtuvo Miguel Barbosa, el candidato de Morena en la elección de Puebla, a pesar de ganar la gubernatura, tiene que ver con los arrebatos presidenciales y el desencanto local asumido a unos días, en octubre, de que tomaron posesión los alcaldes emanados de este partido en la zona metropolitana de Puebla.

Barbosa obtuvo en este 2019 alrededor de 682 mil votos, cuando en 2018 consiguió un millón.

El PAN mantuvo su voto duro y se llevó 507 mil sufragios.

La diferencia fue de 175 mil votos, una cifra que enciende las alarmas en Morena porque se trata de una porción mínima y grave tomando en cuenta que la campaña de Enrique Cárdenas fue torpe y no tuvo la habilidad de sacar provecho a la aversión que han generado los alcaldes de Morena entre los ciudadanos, no sólo en la zona metropolitana sino en el interior del estado.

Barbosa no dudó en hacer público el lastre que representan para Morena los gobiernos municipales y a unas horas de declararse ganador por el conteo rápido del INE, sentenció que su partido debe responsabilizarse  del desencanto local.

Morena perdió en los distritos de Puebla Capital, San Pedro y San Andrés Cholula; la razón fue evidente y el nuevo gobernador anunció que pondrá empeño en cambiar las cosas: “donde perdió Morena vamos a asumir las responsabilidades; hay que recuperar la dignidad de todos los gobiernos, hay que hacer que las cosas funcionen”.

Ahora falta saber si los alcaldes de estas demarcaciones atienden y entienden el llamado, no sólo por Barbosa, sino por los electores que depositaron su último voto útil en Morena. En un primer momento parece que la presidenta municipal de Puebla, Claudia Rivera, será reacia, mientras el nuevo gobernador hacia un mea culpa partidista, ella estaba muy ocupada por posar en primera fila para las fotos de la celebración realizada en el zócalo la noche del domingo.

Un análisis aparte merece lo sucedido en el interior del estado, por ejemplo en la Sierra Norte, donde Barbosa arrasó a Cárdenas en los distritos de Xicotepec y Huauchinango. En el primero fue fundamental la alianza con el legendario Ardelio Vargas; y en el segundo mágicamente los ciudadanos olvidaron la falta de agua, la deficiente recolección de basura y el aumento de la inseguridad que ha marcado la administración municipal de Morena, y salió a votar masivamente por ese partido.

Todo cambia para que todo siga igual

01.04.2019

Lesly Mellado May

Desde que Guillermo Pacheco Pulido fue nombrado gobernador interino no cesan las bromas sobre las décadas que retrocedió el reloj político de Puebla.

Ahora que iniciaron las campañas el reloj permaneció inamovible.

Volvió Mario Marín, priístas y panistas se sumaron al ahora morenista Luis Miguel Barbosa (quien en su época de líder perredista mantuvo a ese partido como satélite del tricolor), se retiró parte de la clase política que nació en el morenovallismo… volvieron los ambulantes al primer cuadro de la ciudad… y me pregunto por qué yo no he vuelto a los 20.

En el arranque de campaña de 2018, Morena medio llenó el patio del Museo San Pedro (¿ahora debo llamarle las canchas de San Pedro?), ahí estaba Barbosa con un discurso desde la oposición y Claudia Rivera, temblorosa pero con tono didáctico, exponiendo cómo serían los gobiernos municipales…

El presupuesto cambió de dueño y en menos de un año Barbosa ha conseguido despertar el fervor electoral poblano, que ya no se restringe al apoyo en la urna ahora se manifiesta públicamente con matraca en mano y se registra en foto con el candidato.

Junto con ese bonito folclor electoral se mantienen la práctica mexicanísima del YO quiero tocar las campañas y andar en la procesión; que no sé tocar las campañas, no importa porque la gente no tiene afinado el oído; que no puedo procesionar porque el lazo de los badajos no está tan largo, no importa le amarro otro mecatito.

Y así vemos como morenistas puros como Gabriel Biestro tendrá dos trabajos: presidente del Congreso del estado y Coordinador Político de la campaña a la gubernatura (bueno uno de los tres que tiene el cargo, porque ahora hasta le sobran colaboradores a Barbosa). Será que Biestro es tan tan tan joven que nunca vio cómo los priístas y luego los panistas hacían lo mismo: operar las elecciones desde el gobierno; será que no había nacido cuando su líder Andrés Manuel López Obrador se quejaba de esta práctica que lo mantuvo como candidato 18 años.

Aunque debo matizar que el peligro real no es su práctica priísta sino que Biestro como muchos otros que no han logrado cumplir con el cargo que actualmente tienen, migren a la administración estatal y nos toque soportar el mismo desgobierno que en Puebla Capital.