¿Quieres sorprender a un turista? Llévalo a comer una cemita, y si es una cubana, mucho mejor. Quedará impresionado no solo por el gran tamaño de este plato poblano, sino por el sabor que ofrece en cada mordida. Pero, detrás de esta explosión de sabores hay toda una tradición. Esta es la historia de la receta de la cemita poblana, uno de los platillos más emblemáticos de Puebla.
En el Centro Histórico de Puebla hay varios negocios y restaurantes de comida típica que venden cemitas. Hay una gran variedad de este platillo, las hay de carne enchilada, milanesa de pollo o puerco. Además, todas estas versiones van acompañadas de quesillo o queso fresco, aguacate, rodajas de cebolla, hojas de pápalo y chiles chipotles.
También, hay cemitas de carnitas, mole, carne al pastor y hasta rellenas de chalupas. De igual forma, están las cemitas beisboleras que llevan milanesa de pollo o cerdo, quesillo, papas fritas o hervidas, chiles jalapeños y aguacate.
Se dice que la cemita tradicional, la que se comía en sus inicios, se preparaba con el pan crujiente característico cubierto de ajonjolí y rellenas de frijoles, papas y nopales. Sin embargo, hay otras versiones que indican que la cemita tradicional llevaba pata de res o puerco en escabeche, aguacate, queso fresco y chiles chipotles.
¿Cuál es la historia detrás de la receta de la cemita poblana?
Cada ingrediente de la cemita poblana tiene su historia y en conjunto hacen de esta receta un platillo no solo delicioso, sino que único.
Las cemitas poblanas destacan de otros platillos gracias a su pan, ya que este le da textura y un sabor único.
Se trata de un pan de origen muy antiguo y enriquecido por la influencia culinaria de diferentes países.
El ajonjolí y su forma redonda son los elementos que hacen que este pan se diferencie de una torta o bolillo. De hecho, el ajonjolí forma un adorno en la tapa del pan. Al inicio, los artesanos lo usaban para hacer formas como flores, estrellas, animales, frases, nombres y paisajes.
La historia del protagonista de la cemita poblana
El pan de cemita lo introdujeron los conquistadores y tiempo después los franceses lo enriquecieron con sus técnicas, formas y sabores. Su producción se remonta a la época de la conquista y se entregaba como tributo a la corona española.
Se consideraba un alimento popular entras las clases bajas, ya que se preparaba con ingredientes muy sencillos y su relleno era de frijoles, papás y nopales. Esto lo hacía un alimento accesible para todos.
El pan de cemita es de origen ibérico y provenía de dos panes, una tipo galleta hueca parecida al pambazo francés y un bizcocho de sal largo. Ambos panes podían durar muchos días sin endurecerse o echarse a perder.
De acuerdo con el historiador mexicano Carlos Eduardo Benítez el nombre de la cemita tiene relación con el pan sin levadura de origen judío semita cultivado en España por la población sefardita judío española.
En el periodo novohispano Puebla enviaba, seis veces al año, toneladas de estos panes a Madrid para abastecer las tripulaciones de los océanos Atlántico y Pacífico.
Por otro lado, el doctor en Literatura Hispanoamericana, Ricardo Cartas Figueroa, dice que el nombre de este pan tiene su origen en el pan ácimo o ceceño.
Para prepararlo, “la harina de trigo se mezcla con agua y sal, y no contiene levadura. Durante mucho tiempo el pan ácimo fue el único que conoció la humanidad”, explicó Ricardo.
Según la Real Academia de la Lengua Española, la palabra cemita viene de pan ácimo o acemite.
La cemita fue reconocida con este nombre hasta el siglo XIX. En coincidencia con la consolidación de los talleres de talavera, la industria textil y la producción artesanal de vidrio en el Valle de Puebla.
Entonces, la cemita también fue un alimento para artesanos y obreros, pues era fácil de transportar y no había necesidad de calentarlo.
Ahora que conoces la historia que está detrás de la receta de la cemita poblana, tal vez quieras comerte una para celebrar su sabor y tradición de este icónico platillo de la Ciudad de Puebla.

