Bartlett: temor y respeto

Tanto respeto –en algunos casos es devoción- les causa Manuel Bartlett, que no hay ni habrá priísta poblano que se atreva a solicitar su expulsión del partido, el mismo partido que ha despreciado su importante capital político y, sobre todo, su inmejorable (por no decir estupendo) posicionamiento electoral en el estado que gobernó durante seis años.

Una reciente encuesta estatal de Parametría –a la cual tuvo acceso el reportero- demuestra que la distancia no es precisamente el olvido, no al menos en el caso de Bartlett, y que éste goza de cabal salud en la valoración de los poblanos, quienes mayoritariamente lo siguen considerando como el mejor gobernador de los últimos tiempos, le conceden una alta confianza, y un importante porcentaje avala su tránsito actual como virtual candidato de las izquierdas al Senado por Puebla, a invitación del amoroso Andrés Manuel López Obrador.

No está arriba del rector de la BUAP, Enrique Agüera, el indiscutible puntero en el estudio citado, pero sí al nivel de un Javier López Zavala, ex candidato a la gubernatura; por encima de Blanca Alcalá, ex presidenta municipal de Puebla, y muy, pero muy lejos de Javier Lozano Alarcón y Augusta Díaz de Rivera, la fórmula del PAN para la Cámara Alta, y del profesor Guillermo Aréchiga Santamaría, la opción de Nueva Alianza para esa misma posición legislativa, y quienes apenas pintan en el sondeo.

Manuel Bartlett sembró y aunque muchos puntos de su gobierno pueden ser discutibles, está cosechando. Su salto del PRI hacia otras fuerzas políticas como abanderado “ciudadano” no está resultado en salto mortal: le ha generado más simpatizantes que detractores. Como anécdota, cuentan que en una reciente boda a la que fue invitado en Puebla, había más personas formadas para sacarse la foto con él que con los nuevos esposos, y eso sólo quiere decir que si bien no es monedita de oro, cuenta con una sólida base social, que en mucho le ayudará para abonar a la causa que defenderá en el proceso 2012, la causa lópezobradorista.

Bien o mal, Bartlett fundó una nueva clase política en Puebla y su incursión en las elecciones de 2012 es por demás significativa. No todos los priístas comulgan con el proyecto de nación que pretende impulsar la mafia encabezada por Enrique Peña Nieto; por tanto, muchos de ellos van a tratar de derrotarlo, ya sea desde adentro del PRI o desde afuera. Por eso, el ex gobernador no se va solo. Lo están siguiendo todos los que se sienten marginados, excluidos o vilipendiados por el PRI, y no son pocos. Varios, de hecho, se quedarán pero sólo para servir de Caballo de Troya.

Ayer mismo la secretaria general del Comité Directivo Estatal del PRI, Lucero Saldaña Pérez, señaló que no se ha iniciado ni se iniciará ningún proceso de expulsión en contra de Bartlett, quien al tomar la decisión de irse a otro partido automáticamente pierde sus derechos partidistas, pero eso no implica que quede expulsado. Y apuntó que el tricolor poblano respeta su decisión, pues “se trata de un político de instituciones y causas, más que de cargos públicos”.

Lo dicho: el ex gobernador infunde respeto y en muchos casos devoción en el que técnicamente sigue siendo su partido. No falta mucho para que también empiece a provocar temor en el mismo, especialmente en momentos cumbres de la elección 2012, donde sin duda será protagonista.

Al tiempo.

gar_pro@hotmail.com

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