Puebla en Tiempos Malditos

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Burócratas, universitarios, constructores, periodistas, industriales, transportistas, indígenas, campesinos, comerciantes, iglesias, notarios, organizaciones no gubernamentales…

Sí. El año que termina ha sido pródigo en frentes abiertos.

De hecho, se termina como se empezó: se libran tantas batallas al mismo tiempo que todas se convierten en una sola, con su natural consecuencia: no alcanzan el capital político, los recursos humanos y materiales, y hasta el equilibrio emocional, para ganarlas todas.

Ya no hay bono democrático –ni migajas quedan- y los defectos y las debilidades de origen ya no pueden ocultarse por más tiempo.

El estilo autoritario de ejercer el mando tiene más damnificados que los que se imaginan. Incluso, los cadáveres ya no caben en el clóset.

Los errores se acumulan y la aprobación ciudadana pasa de 8 a 6 o menos.

Ha cambiado drásticamente el escenario de la política nacional y la burbuja de protección se ha desinflado.

Dividido por la lucha interna por el futuro, el gabinete camina desconfiado, a trompicones, siempre en medio de la mutua sospecha y el rencor acumulado.

Cada vez son menos los leales y cada vez son más los que quisieran seguir el camino de los que ya se fueron azotando la puerta.

El ejercicio del poder empieza a pasar factura y el costo es elevado.

Peor: se abren tantos frentes que se pierde el control. No se administran las guerras y se libran incluso aquéllas que son inútiles.

No hay prácticamente un sector que no esté agraviado. Ofendido. Maltratado. Herido.

Lo más grave es el timo: el negocio del poder sólo cambió de manos. Los nuevos actores siguen haciendo los mismos negocios que en el pasado; acaso lo único que se modificó es la forma.

La mascarada de la honestidad y la pureza administrativa se ha sostenido con alfileres.

Ya nadie se traga el engaño. Aquí, los únicos que han gozado de impunidad total, absoluta, son Mario Marín y su círculo íntimo: los Zavala, los Meneses, los Montero

Intocables, a diferencia de los grupos sociales y económicos a los que se les ha declarado una guerra de odio, propia de fundamentalistas de nuevo cuño.

No hay tacto ni sensibilidad para llegar a un mal arreglo y evitar un buen pleito.

En el interior del estado se dejó de hacer trabajo social.

En general, se dejó de hacer política, política y más política.

Por simular, se rompieron reglas no escritas y se desestabilizó el sistema, ése monstruo que suele devorarse a sí mismo en Tiempos Malditos.

2013 es un año electoral y el escenario, de por sí oscuro, pinta muy mal por más que los panegíricos anuncien resurrecciones y bonanzas.

No se puede gobernar teniendo a tantos en contra durante tanto tiempo, sin hacer nada por remediarlo.

Y es que ya lo dijo Séneca: todo poder excesivo dura poco.

No es teoría. Es ley de vida.

gar_pro@hotmail.com

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