LA CONSPIRACIÓN DE EL YUNQUE

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Una anécdota de 2010 retrata a la perfección la distancia entre el PAN tradicional –el que no sabe ganar elecciones, el testimonial, el de las candidaturas plurinominales, el de la doble moral, el de la hipocresía, el que no sabe qué hacer con el poder- y el PAN pragmático abanderado por el grupo del gobernador Rafael Moreno Valle.

Corrían los últimos días de la campaña a la gubernatura, el choque de trenes entre las fuerzas marinistas y morenovallistas era de pronóstico reservado, y la visión de cómo encarar la recta final de la guerra por Casa Puebla eran muy, muy diferentes en el equipo del candidato de la megacoalición opositora al PRI y en la dirigencia estatal del blanquiazul, por entonces a cargo del inocultablemente yunquista Juan Carlos Mondragón Quintana.

El optimismo estaba por lo más alto entre las filas panistas, y no era para menos: a unas semanas de los comicios, las encuestas marcaban ya una clara tendencia a favor de Moreno Valle, tras la brutal caída del priísta Javier López Zavala tras la prolífica difusión de conversaciones privadas, altamente comprometedoras tratándose de un delito como el estupro, entre Mario Marín y una menor de edad, escándalo conocido como “PreciOzo” que marcaría un antes y un después en el impacto y los alcances de las redes sociales en una elección local.

Por primera vez, pensaban los panistas tradicionales, el PAN tenía serias posibilidades de ganar la gubernatura, tras décadas de intentarlo sin ningún éxito; si bien con un ex priísta como motor del “cambio”, la ultraderecha ya se veía con un pie –y la mitad del otro- dentro del poder y ya incluso hacía cuentas sobre las posiciones que Moreno Valle, ese “mal necesario”, ese “extraño” adoptado por conveniencia mutua, repartiría entre algunos de los más connotados miembros de la nomenclatura yunquista.

Se avecinaba el cierre de las campañas y en las oficinas de Mondragón Quintana se asomaban rampantes la ilusión y el optimismo, tanto que el dirigente panista andaba por esos días por demás entusiasmado porque, según decía, por primera vez en la historia el PAN tendría un cierre digno de campaña a la gubernatura. “Por fin vamos a llenar al tope el jardín de El Carmen”, presumía, orondo, pleno.

Sin embargo, otra era la óptica en el bunker de Moreno Valle, diametralmente diferente a los cálculos de la (ingenua) ultraderecha. Y es que hacía semanas, un par de meses incluso, que los morenovallistas se preparaban para otros planes: llenar, sí, pero el estadio Cuauhtémoc, no un insignificante parque público, por más que éste representara una especie de símbolo de identidad de las campañas previas de los candidatos del PAN (Ricardo Villa Escalera, Jorge Ocejo, Ana Teresa Aranda, Francisco Fraile…) a la gubernatura.

Exultantes, eufóricos, con el ánimo desbordado, Mondragón Quintana y compañía no daban crédito, y abrían y cerraban los ojos para verlo bien y creérselo, cuando Moreno Valle y su equipo lograron lo que nadie en la historia: llenar de cabo a rabo (con un mitin político-electoral) el coso de Maravillas, algo impensable, un hito marcado por el pragmático candidato de la alianza Compromiso por Puebla (PAN-PRD-PANAL-Convergencia), una señal, un presagio de lo que pasaría días más tarde: la contundente victoria en las urnas de Moreno Valle, pero sobre todo una evidencia palpable, dramáticamente comprobable, de la enorme distancia existente entre El Yunque y el hoy gobernador del estado: caminos distintos, y tan distantes, como el cielo y la tierra, el agua y el aceite, el día y la noche… Evidencia plena de un divorcio anunciado.

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La anécdota viene a cuento en el contexto actual de la guerra sorda, pero finalmente guerra, que libran las disminuidas fuerzas de la ultraderecha contra el grupo morenovallista tras ser despojadas del negocio de sus vidas, el negocio que por décadas fue administrado unilateralmente por las llamadas familias custodias, beneficiarias únicas de un sistema igual de autoritario y vertical como el que ahora critican: el control total y absoluto de una franquicia llamada Partido Acción Nacional, con todo lo que ello implica: candidaturas, regidurías, diputaciones y senadurías plurinominales, prerrogativas, posiciones gubernamentales, etcétera…

Poco a poco, casi sin darse cuenta, fueron expulsados del partido, apoderándose del mismo un morenovallismo más astuto y con más visión y reflejos que los viejos zorros de El Yunque, víctimas y victimarios de su propia triste realidad: crearon al Frankenstein que terminaría “matándolos” y ni siquiera se dieron por enterados hasta que ya era demasiado tarde; su ambición y ceguera les impidió ver lo que pasaría, creyendo –como ingenuamente continúan creyendo- que fueron fundamentales en el triunfo electoral de Moreno Valle, cuando en realidad Moreno Valle ganó Casa Puebla… a pesar del PAN y de los barones de la ultraderecha.

En ese teatro de operaciones se mueven hoy los autodenominados “soldados” de Dios, llenos de odio, con sed de venganza y en permanente conspiración para derribar al “tirano” que según ellos pusieron en el poder y que, con el tiempo, los sacó del paraíso azul en que vivían confortablemente, cuando la historia estaba cantada y cualquier periodista o analista político medianamente informado podría habérselas anticipado con lujo de detalles.

Se reúnen constantemente y le dan una y mil vueltas a la forma más eficaz para recuperar lo perdido y causar daño, cualquier tipo de daño, a un Moreno Valle que los ve, y trata, con el desprecio y la indiferencia del que sabe que ni siquiera son dignos de respeto.

No son casuales algunos movimientos recientes: la visita de Margarita Zavala a la Upaep, donde dejó abiertas dos posibilidades: ir por la candidatura del PAN en 2018 o por la dirigencia nacional, ambos temas del interés, como se sabe, de Casa Puebla; el regreso del exilio de Mondragón Quintana, mostrando desesperación y perdiendo el estilo con declaraciones muy mediáticas que buscan “despertar” y agrupar a todos los resentidos del sexenio en un solo bloque que al menos haga un contrapeso temporal; los obvios brazos caídos del panismo tradicional en las campañas de los candidatos morenovallistas por Puebla capital; la llegada de Liliana Ortiz de Rivera –esposa del ex alcalde Eduardo Rivera Pérez- a la junta de gobierno de la UPAEP, en detrimento del grupo del neomorenovallista Pablo Rodríguez Regordosa; la campaña negra en redes sociales y WhatsApp contra Moreno Valle y sus principales operadores; el caso Rafael Micalco y su distanciamiento con el epicentro del poder; la visita del presidente de Coparmex, Carlos Montiel, a la línea 2 de RUTA en busca de elementos de crítica; las presiones al alcalde Tony Gali para cambiar al coordinador de los regidores del PAN para en su lugar imponer a Juan Carlos Espina o Myriam Arabian, aliados además del PRI en el Cabildo en el sensible tema del agua potable…

Todo ello parte de un todo que debe leerse así, como parte de una estrategia global basada en el concepto: “Tarde pero nos damos cuenta que nos equivocamos, que no debimos apoyar a Moreno Valle, quien nos ha traicionado, y nuestro objetivo último debe ser no descansar hasta hacérselo pagar y recuperar lo que nos quitó”.

Y es que están seguros que tras la jornada del próximo 7 de junio, con el inicio de la sucesión estatal y el avance del proyecto presidencial morenovallista, iniciará un nuevo ciclo, una nueva coyuntura que deben saber aprovechar. Le apuestan al descenso en la curva del poder, al desgaste del grupo, a las traiciones y filtraciones internas, a las alianzas -y unión de fuerzas- con los declarados enemigos del régimen y a que el gobernador irá debilitándose conforme se acerque el día de la designación del candidato a la minigubernatura –posición que pelearán a piedra y lodo para Eduardo Rivera Pérez-, una hipótesis en todo caso a prueba dada la singularidad del caso.

Hay guerra y conspiración en marcha, sí, pero, entre otros, el problema de fondo es que en su “intifada”, a la ultraderecha la mueve más el odio y la frustración que la inteligencia, pues, como siempre, siguen centrándose en las ocurrencias más que en las ideas, en su mundo virtual sin poder elegir entre lo que es y lo que puede ser.

Y peor: aunque gritan y gritan mucho, tienen miedo, un miedo que paraliza y desactiva; de hecho, varios de ellos tienen “cola que les pisen” y saben que Casa Puebla sabe, y que ahí, en Casa Puebla, no hay ni habrá tibieza a la hora de exhibir sus miserias y debilidades, que no son pocas ni menores.

Será mejor que se aseguren de ir por el camino correcto y de estar preparados para lo que se avecina. Porque como dice “Omar” en The Wire, la extraordinaria serie de HBO:

“Tratándose del rey, es mejor que no falles…”.

gar_pro@hotmail.com

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