MARIO MARÍN, FACTÓTUM DEL PRI

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Si alguna duda había todavía de que Mario Marín está –y seguirá- jugando un papel decisivo en la elección de 2016, la reunión que este miércoles sostuvo en privado con el dirigente nacional del PRI, Manlio Fabio Beltrones, en las oficinas del CEN, dejó las cosas totalmente claras: el “góber precioso” es, le pese a quien le pese, por más impresentable que sea, el activo más importante del partido en el estado de Puebla, pues, entre otras cosas, es el único ex gobernador de la época moderna que, en términos reales, se mantiene completamente fiel al tricolor, frente al morenovallismo de Mariano Piña Olaya y Melquiades Morales, y el lopezobradorismo del “demócrata” Manuel Bartlett.

Aunque ya venía operando abiertamente, y de hecho metió las manos en varios distritos durante la elección federal de 2015, la fotografía en la que aparece sonriente, muy sonriente, con “Don Beltrone” no significa sino el regreso oficial de Marín a la vida pública y a la actividad política, con todo el respaldo del Comité Ejecutivo Nacional, lo que no es poca cosa. Se trata del largamente anunciado retorno del “exilio”, pero ahora en un papel estelar, a la luz del día, como verdadero, y único, factótum del PRI en Puebla. Una especie de Padrino (así, con mayúscula), más que de hijo pródigo.

Desde hace semanas había trascendido que Marín mantenía comunicación permanente vía WhatsApp con el coordinador del PRI en el Senado de la República, Emilio Gamboa, un viejo amigo suyo que ahora, en esta especial coyuntura, ha servido de puente para acercarlo nuevamente a otro viejo conocido, el líder nacional del PRI, el mismo Manlio Fabio Beltrones que, en los peores días del escándalo conocido como Lydiagate, le brindó ayuda para evitar que su cabeza rodara desde lo más alto de Casa Puebla. Un Beltrones que, en su análisis de fortalezas y debilidades, ha concluido que la única oportunidad que tiene el PRI de recuperar el poder en el estado, es habilitando a Marín como gran general del ejército priísta, pero ahora sacándolo de las sombras.

La reunión de este miércoles con Beltrones deja en claro también que el grupo morenovallista no se enfrentará, en términos reales, a quien resulte candidata o candidato del PRI a la minigubernatura; en realidad enfrentará a un Mario Marín resucitado, que además ha tenido suficiente tiempo, tranquilidad y espacio para reflexionar y diseñar un plan que le devuelva el poder perdido. La batalla de Puebla será, pues, la reedición del choque de trenes de 2010 entre Rafael Moreno Valle y el “góber precioso”, solo que bajo variables diferentes, pues ahora el desgaste del poder lo asumen otros. Un choque que se anticipa de antología porque, al menos en el caso de Marín, habrá un elemento clave, el deseo de revancha, fuerza poderosa que mueve voluntades y espíritus.

Gracias a los acuerdos (ni tan secretos) que datan de 2010 y de los que fue testigo Elba Esther Gordillo, Marín ha sido poco más que intocable en lo que va del actual sexenio. Lo dejaron vivir y el “muerto” fracturó la paz de los panteones y regresó de ultratumba. A lo largo de estos años, ha habido etapas en que su disimulado activismo causó una respuesta furibunda por parte del grupo en el poder. Ante ello, la reacción de Marín fue siempre replegarse, bajar el perfil, esconderse en su notaría, esperar que se calmaran las aguas y, en su momento, volver a salir a la superficie; sin embargo, esta vez no parece que vaya a repetirse el patrón. Ahora cuenta con, digamos, la “bendición” del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, que así lo ha legitimado como actor del proceso electoral 2016 y rehabilitado como jefe político del priísmo poblano, por más que haya una dirigencia estatal formal en funciones. Porque quien manda en el PRI local no es sino el “góber precioso”.

Tanto que, echado para adelante, ha venido convirtiéndose en factor decisivo para elegir a quien será el candidato o la candidata del PRI para la minigubernatura.

Es más: ha asumido un padrinazgo de facto en torno al proceso de elección interno en el PRI, pues tiene lo que todos los suspirantes carecen: dinero, tiempo, aliados incondicionales, estructura en las zonas rurales del estado y experiencia, mucha experiencia.

Por eso se le acercó, en su momento, el ex diputado Enrique Doger, con quien siempre mantuvo fuertes diferencias y de repente se volvieron amigos; por eso, la senadora Blanca Alcalá no ha tenido empacho en irse a comer con él un molito de caderas y sacarse la foto. Se sobreentiende que Marín no pondrá a la candidata o al candidato, pues ello sólo es facultad del presidente Enrique Peña Nieto y de Beltrones, pero buena parte del éxito o el fracaso de la campaña del PRI dependerá de Marín, quien además podrá opinar y ejercer una especie de derecho de veto. Hasta el momento, tras jugar algunas semanas con Alberto Jiménez Merino y dorarle la píldora a Enrique Doger, todo parece indicar que sus simpatías, o esperanzas, se han trasladado hacia Blanca Alcalá, aunque nada es definitivo.

Por lo pronto, la fotografía con Beltrones empieza a dar la razón a quienes siempre dijeron que Marín no necesitaba regresar porque, en realidad, nunca se había ido.

gar_pro@hotmail.com

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