LOS HUACHICOLEROS Y EL EFECTO CANIBALISMO (ACORRALADOS, DESESPERADOS Y SIN TERRITORIOS)

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Las 10 ejecuciones registradas en las últimas horas en municipios y la capital poblana, relacionadas algunas presunta y otras claramente con vendettas de las bandas de huachicoleros, encontrarían explicación en la hipótesis de que estos grupos criminales están acorralados por las acciones de las autoridades, que han generado la escasez de tomas clandestinas y territorios, lo que ha desatado esta guerra sangrienta por la disputa de lo que queda para esta ilícita actividad.

De acuerdo con la fuente que nos comparte este planteamiento, las bandas de chupaductos están viviendo un efecto similar a las ratas de laboratorio que se comen entre sí -una especie de canibalismo-, ante la carencia de alimento y espacios. Sí, pero con la diferencia de que las ratas se comen a las que ya están muertas, no las matan primero.

Los huachicoleros del Triángulo Rojo están acorralados por las acciones de las fuerzas de seguridad, tanto federales como estatales, y han perdido dominio territorial y fuentes de abastecimiento de combustible.

Los dos millones de pesos que este ilícito les reportaba diariamente a los criminales, de acuerdo con la información del gerente de Seguridad Física de Petróleos Mexicanos (Pemex), Sócrates Alfredo Herrera Pegueros, seguramente vienen en caída desde que se comenzaron a detectar con mayor intensidad más tomas clandestinas y con el aseguramiento de miles de litros de huachicol.

Hasta el 1 de septiembre, los decomisos de este 2017 sumaban más de 3.8 millones de litros de combustible robado.

El arrinconamiento de estas bandas y el efecto rata, el canibalismo entre ellas, es producto de su desmembramiento.

Cada vez hay menos tomas ilegales de dónde surtirse y también los territorios están acotados.

De acuerdo con el mapa de tomas clandestinas que presentó Pemex en el Foro sobre Robo de Hidrocarburos que se realizó en la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), se han localizado:

229 en San Martín Texmelucan, 188 en Tepeaca, 53 en Acatzingo, 107 en Quecholac, 73 en Acajete y 68 en Palmar de Bravo.

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Eso implica que esas fuentes de extracción ilegal y obtención de dinero ilícito han sido anuladas para las bandas de huachicoleros, por lo que sus territorios se han reducido y es cada vez más limitado, por la intervención de las autoridades -reitero-, este negocio criminal.

De ahí que estemos viendo este efecto de aniquilación entre ellos mismos, por la conservación de plazas y tomas clandestinas, las que aún están sin localizar y, por tanto, sin suprimir.

Este lunes se registraron siete ejecuciones, aderezadas con robo de vehículos y violencia exacerbada.

Con fusiles militares semiautomáticos AR-15, un comando de al menos cinco personas ejecutó a cuatro en una clínica privada en la ciudad de Puebla. Sin que aún haya una investigación concluyente, se presume que algunos de esos asesinatos fueron de personas ajenas a las disputas.

En ese evento cayó el líder huachicolero Jesús Martínez Mirón, alias El Kalimba; luego, el mismo comando en su huida y para robar vehículos, asesinó, según se sabe hasta ahora, a otras tres personas entre Chachapa y Amozoc, los que aparentemente no tienen que ver con el robo de combustible.

La madrugada de este martes, otras tres personas de una misma familia fueron ejecutadas en Palmar de Bravo, crimen que se presume también está relacionado con este ilícito.

Vendettas, disputas por territorios y literalmente por las tomas clandestinas, parecería que se asoman detrás de esta inusual ola de violencia.

Lo verdaderamente grave es el asesinato de inocentes, ejecuciones colaterales a la disputa.

Es en el argumento del acorralamiento de estas bandas y su reacción con el aniquilamiento mutuo, cuando toma fuerza esta suposición.

Que conste que es una hipótesis.

gar_pro@hotmail.com

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