LA RUIN AUTO-CRUCIFIXIÓN DE ALEJANDRO ARMENTA

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Sin explicar ni presentar argumentos de defensa ante las evidencias del fraude que habría cometido contra 831 familias paupérrimas de la Sierra Norte, que resultaron damnificadas por el huracán Dean en 2007, el ex marinista y hoy lopezobradorista Alejandro Armenta Mier ha montado -con la intención de procurarse una cortina de humo bajo la cual escapar del pasado que lo persigue- toda una puesta en escena para victimizarse y desviar la atención sobre los datos que dan cuenta de una muy bien organizada red de prestanombres. Con ésta, además, habría realizado un ilegal negocio con la compra de terrenos, que luego habría vendido al gobierno de Mario Marín Torres con un sobrecosto de 81 millones 438 mil 640 pesos.

En aquel triste año, el ahora diputado federal y aspirante al Senado por el Movimiento Regeneración Nacional (MORENA) se desempeñaba como titular de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedeso) del estado, pero tramposamente ha perdido la memoria sobre este caso de 2007.

En cambio, sí tiene recuerdos de lo que pasó -según él- entre 1999 y 2005, cuando el gobernador era Melquiades Morales y muchos de los integrantes del grupo político que hoy está en el poder trabajaron con el de Santa Catarina.

Habla de “hoyos financieros”, “enriquecimiento ilícito” y “deuda oculta” sin pudor y sin autoridad moral, pues ha sido imputado, con una abultada documentación, por haber lucrado con la tragedia que hace 10 años dejó centenares de muertos, hombres, mujeres y niños, millares de damnificados y casi 10 mil casas destruidas en 83 municipios.

Quiere que se abran las cuentas del pasado, pero está blofeando, porque si de verdad se revisan, seguramente los peores librados serían él y su ex jefe Marín.

A 10 años de la tragedia, decenas de familias que perdieron sus casas y que firmaron los documentos conducentes para que el entonces titular de la Sedeso les entregara una nueva vivienda, siguen esperándola, en medio del lodazal de la pobreza extrema y aún en espacios en el que peligran sus vidas.

De eso no habla Armenta; en cambio, muy a su estilo, se crucifica él mismo, para buscar la lástima de los incautos y sus seguidores, quienes son cada vez menos ante la evidencia de su ruindad.

Habría realizado negocios turbios sobre cadáveres y buscó su beneficio y el de su grupo, pisoteando las esperanzas y las lágrimas de indígenas y campesinos pobres de la zona norte de Puebla.

El ahora “pulcro” lopezobradorista también olvida, en este juego de memoria selectiva, que perteneció al grupo político y al gobierno estatal más impresentables de la historia contemporánea de Puebla.

Armenta, el que se ponía de tapete y con la cabeza baja decía siempre al góber precioso un abyecto “sí señor”, ahora repite el protocolo del lacayo con Andrés Manuel López Obrador.

Nunca cuestionó las tropelías y la inmoralidad de Mario Marín, a quien visitaba puntualmente cada semana en su Notaría Pública Número 53, en la Colonia Huexotitla, para pedirle consejos.

Alejandro lo siguió haciendo incluso una semana antes de su renuncia al Partido Revolucionario Institucional (PRI), el pasado 27 de abril, cuando de oscuro marinista se convirtió en iluminado –e impoluto- lopezobradorista.

Mientras lanza sus bombas de humo y se intenta escabullir de las responsabilidades que lo persiguen, aventando incluso la piedra a Javier López Zavala –a quien un día juró amor eterno-, no sería raro que en MORENA se estén pensando mejor su posible postulación a un cargo de elección popular.

La vileza es una tinta indeleble que salpica a quienes están cerca.

No se vería bien una mancha de esas magnitudes en una boleta electoral.

gar_pro@hotmail.com

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