De represalias, perdedores y otras lindezas

Arturo Luna Silva

Aquí no caben las casualidades.

Ni las coincidencias.

Con el 16-0 hicieron enojar al presidente y éste simplemente actuó en consecuencia.

A toda acción le sigue una reacción.

A toda afrenta le corresponde una venganza.

Es -dirían los expertos- naturaleza humana.

Más tardó el IFE en avalar el “carro completo” del PRI que Felipe Calderón en utilizar facciosamente al sistema federal de procuración de justicia en contra del régimen marinista.

La detención de Gabriel González Molina y su reclusión en el Cereso de Puebla, un día después del 5 de julio, no son hechos fortuitos.

Ni aislados.

El PAN y el gobierno federal lo tienen ubicado como miembro del equipo de estrategas electorales de Mario Marín.

Lo responsabilizan, por tanto, de la debacle panista en el estado.

Del humillante “zapato”.

La verdad es que en este proceso electoral 2009, Gabriel tuvo poca participación.

Fue una estatua de cera.

No habló, no opinó, no influyó, sólo dejó hacer y pasar.

En parte porque ya no es el mismo desde el célebre 15-0 de 1997; ha dejado de ser eficaz y sus reflejos son más lentos que nunca.

Pero sobre todo porque en enero de este año fue atrapado con las manos en la masa, es decir, usando la estructura del Instituto Poblano para la Productividad Competitiva (IPPC) para brindar cursos de capacitación a 12 candidatos priístas.

Desde marzo de 2009 hubo señales de la gravedad de la situación del susodicho, quien incluso tuvo que pedir licencia para separarse del (IPPC).

Esto le conté aquí el día 29 de ese mes:

“La mañana de este lunes se desahoga una diligencia judicial -importante de cara al 5 de julio- en la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales, en el Distrito Federal.

“Dicha diligencia tiene que ver con la denuncia presentada por el Comité Directivo Estatal del PAN en contra del impresentable Gabriel González Molina, comisionado de ese elefante blanco denominado Instituto Poblano para la Productividad Competitiva.

“Varios testigos se presentarán ante el Ministerio Público Federal para declarar que González Molina efectivamente cometió un ilícito al usar recursos humanos e infraestructura del mencionado Instituto, para brindar capacitación y/o asesoría a los hoy candidatos del PRI a diputados federales, tal y como lo documentó en su momento la reportera Selene Ríos en las páginas del periódico “Cambio”.

“No estaría de más que el PRI le fuese consiguiendo un amparo al susodicho” (sic).

Hasta aquí la cita.

Evidentemente no se lo consiguieron.

El amparo.

Porque ayer fue detenido e ingresado a la cárcel acusado del delito del peculado.

Estoy seguro que su aprehensión no hubiese sucedido si el PAN hubiese ganado las elecciones de antier en Puebla.

La rudeza con que el caso ha sido tratado por la FEPADE de la PGR demuestra que se actuó con un ánimo de venganza, de revancha, tras el 16-0 a favor del partido de Mario Marín.

Es un mensaje siciliano.

Y más que eso: una represalia en toda regla.

La pregunta ahora no es qué va a pasar con Gabriel González Molina, sino ¿quién sigue en la lista negra de Felipe Calderón?

¿Acaso algún secretario del gabinete con cola que le pisen?

¿Algún familiar de cierto funcionario poderoso?

¿Quién?

Y más:

¿De qué tamaño será la ira del poder presidencial?

¿Hasta dónde llegará?

Ya lo veremos.

Dicen que no hay nada más peligroso que un animal herido.

***

Sobre los perdedores:

Ayer por la tarde ocurrió lo que era inevitable.

Germán Martínez presentó su renuncia como dirigente del PAN y pidió convocar a un Consejo Extraordinario del Comité Ejecutivo Nacional para que su relevo sea nombrado.

Ante esa decisión, no queda sino esperar a que este día, o mañana quizá, Rafael Micalco Méndez haga lo propio.

Al menos por dignidad.

Porque la verdad, la verdad, el líder de los panistas poblanos ya se está tardando.

Micalco es hoy un cadáver político.

De “perfecto fracasado” no lo bajan los propios candidatos panistas a diputados federales, sobre todo los de Puebla capital.

Hay una legión de militantes que quiere que su cabeza ruede y que pagaría lo que fuera por verlo en el patíbulo.

Para muchos, es el culpable número uno de la masacre.

Ya le perdonaron el fiasco de 2007.

¿Van a consentirle el de este 2009?

¿Y más cuando el 2010 está a la vuelta de la esquina?

No lo creo.

Germán Martínez ya puso el ejemplo. Obligado por Los Pinos, pero lo puso.

¿Y Micalco, cuándo?

Aquí esperamos.

***

(Por cierto, anoche surgieron voces que pidieron no perder de vista al poblano Humberto Aguilar Coronado en la línea de sucesión de Germán Martínez al frente del CEN panista, ¿será?).

***

El que ayer pasó apuros para tratar de deslindarse de la derrota del PAN en Puebla fue el senador Rafael Moreno Valle.

El mismo que no pudo explicar con contundencia por qué su partido perdió en los tres distritos que le encomendaron: Atlixco, Tehuacán y el 11 de Puebla.

El mismo que trajo a Germán Martínez y Javier Lozano Alarcón a hacer campaña.

Palabras más, palabras menos, Moreno Valle dijo que en esos lugares Acción Nacional perdió porque no lo dejaron operar.

Que otra cosa hubiese pasado sí le hubiesen dado el control del proceso.

Hoy, sin embargo, son numerosos los panistas que piensan que en realidad, el legislador no aceitó su estructura deliberadamente y que se ausentó de las campañas a propósito (en los últimos días de campaña, por cierto, andaba por Estados Unidos) porque perdiendo, ganaba.

Es decir: un fracaso como el que finalmente se consolidó, le permitiría presentarse en el 2010 como el “gran salvador” del PAN, como el único que sabe cómo ganarle al PRI, siempre y cuando él sea el candidato a la gubernatura.

El problema de esa teoría estriba en que el 16-0 pone en aprietos a su mejor aliado en el partido, el multicitado Rafael Micalco, y que era ahora, no mañana, cuando había que enseñar el músculo electoral, ¿para qué esperar hasta el 2010?

Panistas como Ana Teresa Aranda señalarán, sin duda, que si es cierto eso de que Moreno Valle es el único capaz de vencer al tricolor, pues entonces perdió una gran oportunidad de irlo demostrando.

La verdad es que, en términos reales, a Moreno Valle se le complican las cosas tras el resultado del 5 de julio.

Acostumbrado a ir montado en el carro de las victorias, ahora le toca un asiento en el de la gran derrota panista.

Y junto al conductor principal.

Un tipo llamado Rafael y apellidado Micalco.

No hay deslinde posible.

***

El que de plano debe ser reconocido como “El Cínico del Siglo” es el contralor estatal Víctor Manuel Sánchez Ruiz.

Y es que “El Cantinflas” del gabinete marinista se dio el lujo de mandar ayer a las redacciones de los medios un boletín en el que se jactó del “blindaje electoral” en el estado.

En su comunicado bestial (no hallo otro adjetivo), el funcionario asentó que “más de 6 mil ciudadanos” participaron en dicho “blindaje”.

Seis mil ciudadanos que seguramente están ciegos, porque ninguno de ellos alcanzó a ver los miles de tinacos, bultos de cemento, despensas y demás que el gobierno estatal tuvo el detallazo de poner a circular en los días previos al domingo electoral, para terminar de consolidar el ya célebre 16 a 0.

¡Vaya cinismo!

Sospecho que este señor cree que o nos chupamos el dedo o que de plano somos unos pendejos.

Humildemente propongo que mejor se vaya a burlar de la más viejita de su casa.

¿Verdad?

gar_pro@hotmail.com

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