COVID, PUEBLA Y EL COLOR DE LA PRUDENCIA

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Con pasos sobre la breve línea entre la prudencia y el riesgo, Puebla ha venido saliendo de la que posiblemente fue la primera cresta de la pandemia de COVID-19, con daños y pérdidas humanas irreparables, importante cada una, porque son todas tragedias, pero también con certezas y con una acción compartida entre gobierno estatal y la sociedad, que ha amortizado un escenario que muchos esperaban apocalíptico.

Con el aplauso del gobierno federal y el mismo encargado de la estrategia anticoronavirus, Hugo López-Gatell Ramírez, la administración barbosista poblana prefirió la moderación, ante la posibilidad de abrir más el desconfinamiento.

Con todo y las voces disidentes, muchas con argumentos.

Aunque el gobierno federal ubicó ya para esta semana a Puebla en Semáforo Amarillo, el gobernador pidió aguantar con las restricciones del Naranja.

De ese modo, los recintos de gran aforo seguirán con un límite de 30 por cierto de su capacidad.

Teatros y cines deberán esperar.

Vivimos un “todavía” que se traduce en un llamado a la prudencia.

Sería injusto no reconocer a una parte importante de los poblanos y poblanas, quienes desde el arranque de la pandemia, a finales de febrero pasado, se tomaron las cosas con mucha seriedad.

También hay que reconocer a aquellos que, en el momento más grave, continuaron trabajando porque sus labores eran esenciales.

En primerísimo lugar a los trabajadores de la salud, quienes también han puesto muchos fallecimientos en la batalla.

Este “esperen” no es ni debe tomarse como una necedad.

Hay sectores en el comercio y entre los empresarios que están desesperados.

Cada día se pierden más empleos y se anuncia más difícil la recuperación.

Pero el “aguantemos” debe escucharse.

Puebla está hoy en el lugar 7 de contagios a nivel nacional.

Hace unos meses iba del tercero al cuarto y de regreso.

Era un círculo que parecía imposible romper.

En casos activos, el estado está allá por debajo de la media del país.

Se ubica en el décimo cuarto lugar.

Antes siempre se mantuvo entre los primeros nueve sitios.

En lo que pareciera ser la primera cresta, Puebla no terminó por convertirse en el Infierno de Dante.

Ha sido una labor colectiva.

Un Pacto Comunitario, como lo han llamado desde Casa Aguayo.

Estamos en la última recta del primer esfuerzo.

Sin embargo, podría venir un rebrote con la proximidad de la disminución en las temperaturas.

Con el escenario propicio para las enfermedades respiratorias, que será campo fértil para el Coronavirus.

Una cosa ya vimos todos: es indispensable que el gobierno haga su parte.

Pero de nada va a servir, si los ciudadanos no hacemos la nuestra.

Ojalá y se equivoquen quienes advierten que a final de año vendrá una nueva y más feroz ola del COVID-19.

Que fallen los pronósticos.

gar_pro@hotmail.com

3 Responses to “COVID, PUEBLA Y EL COLOR DE LA PRUDENCIA”

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