La reunión Zavala-Doger

Arturo Luna Silva


Fue a principios de la pasada semana que Javier López Zavala y Enrique Doger Guerrero sostuvieron un encuentro privado.

Fue en un sitio discreto, ajeno a las miradas.

Y como testigos sólo ellos y su destino forzosamente compartido.

Durante la plática, no hubo agresiones.

Tampoco, es cierto, terminaron de amigos.

Y en medio de los dos, como un Dios, el inevitable tema: la sucesión 2010.

Coequiperos de ambos me dicen que fue el primer “tanteo”.

El primero en forma.

Vamos: el primer acercamiento para llegar en el futuro, tal vez, a alguna clase de acuerdo.

Quizá el primer gran paso para ese gran parto que significa que el PRI llegue a tener un candidato de unidad a la gubernatura.

Sobre la mesa no hubo oferta alguna.

Tampoco solicitudes o exigencias.

Todavía no es el momento.

Se acerca pero aún no.

Se vieron.

Se midieron.

Hablaron de fortalezas.

También de algunas debilidades.

Dejando de lado cualquier atisbo de soberbia.

López Zavala y Doger son todo menos inexpertos.

Son auténticos animales políticos.

Saben de códigos de poder.

De usos y costumbres.

De reglas no escritas.

Saben asimismo que nada gana uno con la destrucción del otro.

Que se necesitan tanto como se repelen.

Que de ellos depende la permanencia del PRI.

Y la sobrevivencia de sus respectivos intereses.

Que en ellos está que el PAN no llegue, pero también que llegue, a Casa Puebla.

Al final acordaron sostener un nuevo encuentro en fecha y lugar y hora por definirse.

Y es que nadie, nadie está cerrado a hacer política.

Política, política y más política.

Que de eso, a final de cuentas, se trata esta historia.

Los días que se viven en Puebla son fundamentales.

Claves, pues, en el complejo juego de ajedrez de la sucesión.

Las piezas se mueven.

Los peones avanzan.

Los caballos atacan.

Los alfiles defienden a la reina.

El rey observa desde una torre.

Y diciembre –¡ay, ese mítico mes!- está tan cerca.

gar_pro@hotmail.com

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