A 51 días…

Arturo Luna Silva

Cinco semanas se han cumplido de campaña de las dos coaliciones electorales: “Puebla Avanza” y “Compromiso por Puebla”.

En ambos casos, el despliegue propagandístico ha sido impresionante. Javier López Zavala y Rafael Moreno Valle Rosas están hasta en la sopa. Es evidente que los topes de gastos fueron violados, y tumultuosamente, desde hace rato. Y el Instituto Electoral del Estado, ni por enterado. Si el proceso se judicializa, todos pasarán apuros para explicar de dónde salió tantísimo billete.

Y es que a pesar de que en el PAN sigan pensando, con su habitual ingenuidad, que este pleito es para transformar a Puebla y “democratizarlo” por el “bien común”, la verdad es que ésta ha sido, es y seguirá siendo una guerra de PRI contra PRI.

Por lo tanto, los poblanos asistimos a una auténtica lucha de titanes, inédita y por eso, de cuerpo a cuerpo, hasta morir.

¿O usted había visto antes a dos PRIs chocando continuamente, día a día, en un mismo proceso electoral, buscando el mismo fin y teniendo como objetivo la aniquilación del otro?

En este caso, el PRI de López Zavala y el PRI de Moreno Valle.

Verdadero encontronazo, con todas las mañas –y artimañas- de los que inventaron y patentizaron conceptos como “carro completo”, “fraude electoral”, “caída del sistema”, “dedos de oro”, “caldos gordos”, “caballos de troya”, etcétera.

4 de julio de 2010: choque de estructuras (la federal vs. la estatal), así como torneo de movilización de voto duro. El abstencionismo, calculado en casi 50% del padrón, será sin duda decisivo.

Y dicen las sagradas escrituras que de los dos PRIs en guerra, ganará el PRI cuyo ejército de soldados esté mejor aceitado.

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Si de algo hay que acusar, hasta ahora, a los dos aspirantes a Casa Puebla, es de ofrecer al electorado un catálogo de lugares comunes y promesas huecas.

Abundan los qués, escasean los cómos.

En medio de la otra guerra, la de contrastes, ninguno ha dejado en claro para qué quiere el poder.

El caso más grave es el de Moreno Valle: sigue sin explicar qué cambiaría con él en Casa Puebla.

Porque todo parece indicar que lo suyo, lo suyo es el gatopardismo famoso: que todo cambie para que todo siga igual.

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La semana pasada, Moreno Valle visitó la región de El Seco y Ciudad Serdán.

El candidato de la alianza opositora llevó un tráiler cargado de juguetes para entregarlo a los niños.

En uno de sus actos, los asistentes rebasaron a su equipo de trabajo. No pudieron contener a las madres de familia con sus niños. El senador se desesperó y en uno de sus arrebatos, cerró las puertas del tráiler, dejó de repartir juguetes y las mujeres se enojaron.

Lo que había ganado, lo perdió en un santiamén.

El mal manejo de su carácter y su conocida dificultad para controlar la ira, son aspectos que siguen estando en la agenda de pendientes del abanderado de “Compromiso por Puebla”.

Si hoy lo viera, Melquiades Morales no dudaría en repetir lo que un me dijo cuando le pregunté por qué nunca se decidió por Moreno Valle en su sucesión, aquella que le ganó Mario Marín:

Está verde, le falta madurar”.

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En El Seco se descompuso su helicóptero, no quiso viajar a Ciudad Serdán en camioneta y esperó hasta que llegara otro más.

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Los dirigentes estatales de los partidos integrados a la coalición opositora siguen sin ruta segura.

A veces son invitados, y otras desinvitados para evitar que Moreno Valle haga corajes.

El único que medio hilvana algún discurso coherente es el célebre “Niño Naranja”, José Juan Espinosa, de Convergencia.

Pero a Miguel Ángel de la Rosa, del PRD, y Juan Carlos Mondragón, del PAN, ni cómo ayudarlos.

Ayer, por cierto, los tres dieron muestras de su verdadero tamaño: fueron al Ministerio Público a tratar de resolver a golpes lo que no saben solucionar a través de la política.

Son chiquitos y grotescos.

Y sí, está confirmado: con Moreno Valle en el poder, las “madrizas” serán cosa de todos los días.

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Los asesores de lujo de Moreno Valle siguen siendo eso: de lujo, con el pedigrí intocado.

No salen con él, no lo acompañan, no ven –ni leen- escenarios, no le dicen qué tipo de discurso debe pronunciar para cada auditorio.

Y ante fracasos como el de la UPAEP, donde el candidato ni siquiera logró atrapar la atención de 200 alumnos, nadie se hace responsable.

Por ahí, algunas veces, se ve a Néstor Gordillo.

Tanto Fernando Manzanilla (el corredor financiero de don Melquiades) como Eukid Castañón y Marcelo García son buenos operadores, pero desde el escritorio, desde la casa de campaña.

Bueno, hasta Martha Erika Alonso se ensucia más los zapatos que ellos.

Porque ellos hacen y deshacen sólo desde la Black Berry.

Así lo aprendieron en Boston.

Y así pretenden gobernar Puebla.

De lejecitos.

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Gente metida en la campaña de Moreno Valle asegura que una de las grandes debilidades de éste es la frágil presencia de los candidatos a diputados: de todos no haces uno.

Montados en la hamaca, no mueven un solo dedo y no invierten un solo peso.

Creen que el factor Moreno Valle-Elba Esther será suficiente para llevarlos al Congreso.

Su inmovilismo es elocuente.

Y de él no salen ni ante las encuestas que indican que hoy sólo tres de los 26 tienen alguna oportunidad de ganar su elección.

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En el PRI, mientras tanto, tampoco cantan mal las rancheras.

López Zavala es la campaña.

Todo, todo gira en torno a su figura.

El principio y el fin del Universo con Mayúsculas.

El “Gran Tlaotani” o el Fin del Mundo.

Nada de ciudadanizar o socializar la actividad proselitista.

¿Creerán que les alcanzará sólo con los priístas?

Y peor: para el PRI, esta es una lucha de ricos contra pobres.

Los ricos-malos que apoyan al PAN y los pobres-buenos que son del PRI bondadoso y limosnero.

Maniqueo y peligroso.

Muy peligroso.

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Los candidatos a diputados en la ciudad de Puebla han decepcionado.

Ni pichan, ni cachan, ni dejan batear.

Los peorcitos son, hasta hoy, Mónica Barrientos y Édgar Chumacero.

Casualmente, los dos alfiles de Blanca Alcalá.

Cuentan que Mario Montero ya mejor les da la vuelta porque “más ayuda el que no estorba”.

Nadan de a muertito, y les sale perfecto.

Esperan que López Zavala les haga el milagro de hacerlos diputados.

Y hasta la Virgen de Dolores dejó de llorar para ver si así sí, por fin, se ponen a trabajar.

¿O en serio ya se creyeron aquello del “carro completo”?

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Un foco rojo: la estructura del PRI está vieja y cansada.

Es gente que rebasa los 50 años y que, además, ya no cree en los Reyes Magos.

Hay, sí, un nutrido grupo de jóvenes que está haciendo la talacha a ras de piso.

Pero es insuficiente.

Y el PRI está urgido de ese voto, el voto juvenil, que en el padrón es verdaderamente significativo.

Más allá de juniors y pirruris y nuevos niños ricos, qué les está ofreciendo López Zavala.

Y qué Mario Montero.

Y qué los candidatos a diputados.

La respuesta espanta: nada.

Nada de nada.

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Hace poco, en el PRI salieron a presumir que un hermano de Andrés Manuel López Obrador se sumaba a la campaña de López Zavala.

La información llegó a oídos de “El Peje”, quien calificó el hecho de “canallada”.

Pero no sólo eso: dio instrucciones para que las Redes, sus Redes –que no son pocas-, empezaran a hacer campaña por Moreno Valle.

Iban por López Zavala.

Pero tras el exabrupto, ya no.

Se vieron como aprendices”, dijo José Agustín Ortiz Pinchetti, con los recortes de los periódicos en las manos.

Sí, en el equipo de López Zavala alguien sigue sin cuidar las formas.

Pensando que ya ganaron y que el Mundo -¡oh Dios!- no los merece.

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A 51 días…

gar_pro@hotmail.com

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