Chiva en cristalería

Arturo Luna Silva

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Esta misma semana Mario Alberto Mejía exhibió en las páginas de “El Columnista” toda la frivolidad -y toda la ignorancia- de la que es capaz la diputada federal panista Violeta Lagunes.

Bastó una serie de fotografías, en las que ella y algunos de sus parientes aparecen en un tour familiar usufructuando instalaciones y zonas militares del Ejército mexicano, para confirmar lo que ya todo mundo sospechaba: que la aliada y operadora de Rafael Moreno Valle, la misma que se hizo famosa al dar la “batalla” legislativa a coca colazos y mentadas de madre, es tan provinciana como excéntrica.

Y que no conoce de leyes -aunque se llene la boca diciéndose abogada-.

El caso de uso y abuso de áreas de acceso único para los miembros de las Fuerzas Armadas, me recordó de inmediato a uno similar sucedido en enero de 2007 y que resultó, ése sí, todo un escándalo.

Resulta que para hacer un catálogo publicitario, el dueño del club de futbol “Chivas”, Jorge Vergara, echó mano de sus buenas relaciones en los círculos de poder de Jalisco para lograr que un grupo de sus jugadores, vestidos con el clásico uniforme a rayas blancas y rojas del equipo, ingresara a una zona militar, se subiera a un tanque verde olivo y se tomara la foto con soldados auténticos, que, por si faltara algo, usaron la bandera nacional como parte de la “escenografía”.

El asunto, reitero, fue un escándalo, pues no fueron pocas, ni menores, las críticas para tamaño atrevimiento, que sin duda dañó el orden, la lealtad, la seriedad y la disciplina que se acostumbra en las de suyo estrictas filas castrenses.

La diferencia entre el caso del “Rebaño Sagrado” y el caso de Violeta Lagunes es que en el primero sí hubo sanciones.

Y es que el secretario de la Defensa Nacional, el mismísimo general Guillermo Galván, castigó con suspensión temporal y multa económica al anfitrión de “Las Chivas”, el general de la XV Zona Militar, Amado Onésimo Flores, quien incluso posó con Jorge Vergara en varias de las fotos, entre unos 200 soldados y vehículos de combate.

Cualquiera con dos dedos de frente entiende el fondo del asunto.

Cualquiera, también, percibe la gravedad de lo que es una grotesca e injustificable muestra de influyentismo, valemadrismo, vedetismo, autoritarismo y todo lo que termine en ismo.

Entendible en cualquier hijo de vecino, pero imperdonable en una diputada, obligada a hacer y respetar la ley, no a jugar con ella, ni a pasársela por el arco del triunfo.

Corta de miras, Violeta se enterca en pasar a la historia de Puebla como cómica de la legua.

Y es que lo suyo, lo suyo es hacer de la política un circo.

Y de varias pistas…

Para que salte, salte y siga saltando ad infinitum cual chivo, perdón, chiva en cristalería.

***

Por cierto: esta mañana Violeta Lagunes asume la delegación de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, puesto que estaba vacante desde la salida de Carlos Ortiz Rosas, hoy funcionario de la UPAEP.

El nombramiento de la susodicha (a ver si no manda a pintarse un mural abrazando como si fuese su novio al autor de “El Capital”: Karl Marx), es obra -y gracia- del poblano Javier Lozano Alarcón, secretario federal del ramo.

Y ¡claro!, de su gran aliado en Puebla, el senador Rafael Moreno Valle, quien seguro, seguro no ha terminado se conocer bien a su (indefendible) pupila.

***

Cuentan que la propuesta original de Moreno Valle para la citada delegación era el diputado federal Alfonso Bello.

Pero que éste sufrió un veto directo desde Los Pinos.

¿La razón?

Las irresponsables declaraciones que hizo a Álvaro Delgado en una entrevista publicada el 11 de noviembre de 2007 en el número 1620 de la revista “Proceso”.

Fueron aquellas en las que Alfonso Bello acusó al presidente Felipe Calderón de haber pactado con Mario Marín para: 1) provocar la derrota de Antonio Sánchez Díaz de Rivera y el triunfo de Blanca Alcalá en la elección para la alcaldía de Puebla, y 2) lograr que el gobernador conservara la mayoría en el Congreso local, con lo cual terminó por despejar cualquier posibilidad de ser sometido a juicio político por el caso Lydia Cacho.

Así que por bocón, a Bello le hicieron el feo.

***

Para este día se prevé la presencia en Puebla de Ana Teresa Aranda.

Viene a atestiguar el inicio del ministerio del nuevo arzobispo, monseñor Víctor Sánchez Espinosa.

Quizá sea éste, dicen, su último acto oficial como subsecretaria de Población, Migración y Asuntos Religiosos.

Aunque ayer se dijo que ya había renunciado, la verdad es que tiene hasta el viernes para hacerlo y cumplir con los tiempos electorales si es que va a ir de candidata a diputada.

Hasta ayer por la noche la oferta era la misma: pelear en un distrito de mayoría relativa e ir al mismo tiempo de plurinominal para garantizar su acceso a la Cámara.

Pero ella insiste también en lo mismo: sólo ir por la vía plurinominal, pues teme -y no sin razón- que Moreno Valle la haga perder.

Tal era, sigue siendo al parecer, el nudo que ha impedido conocer a los candidatos del PAN por los cuatro distritos con cabecera en Puebla capital.

Asunto que ya raya en el ridículo.

Y la pena ajena.

***

Debo hacer una confesión:

Ya van dos, tres, cinco, más de siete días y los simpatizantes de Javier López Zavala no me dejan de reprochar (en correo, en persona, por teléfono, etcétera) la columna que escribí aquí hace poco más de una semana bajo el título: “Un tren llamado Moreno Valle”.

Causo irritación.

Extrañeza.

Dolor.

Mucho dolor.

Y una petición.

Una petición directa de uno de sus más fervientes admiradores.

Me pidió de la forma más atenta posible -y por eso lo hago- que escriba:

Que en la carrera a Casa Puebla sí hay, efectivamente, un tren.

Un tren que va derecho, va en serio y no se quita.

Pero que ese tren no se llama Rafael ni se apellida Moreno Valle.

Que más bien es un tren bala.

Y que ese tren es Za-bala.

¡Órale!

(Lo prometido es deuda).

gar_pro@hotmail.com

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