Trascendidos de (inicios de) febrero

Arturo Luna Silva

Que anoche los empleados de las distintas subsecretarías de Finanzas recibieron la advertencia: si quieren conservar la chamba tendrán que renunciar a las compensaciones mensuales que el anterior gobierno les pagaba.

La molestia se generalizó porque en la mayoría de los casos, dicha compensación es superior a sus salarios.

Lorena, la secretaria del subsecretario Eduardo Tovilla, fue la porta voz de tan mala noticia.

Y también la que dejó muy en claro que “son órdenes superiores” y que no, no tienen opciones:

Lo toman o lo dejan.

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Que, en contraste, hace un par de días arribaron a la Secretaría de Finanzas ocho lujosas camionetas Suburban.

Del año, por supuesto.

Vaya: nuevecitas de paquete.

Y con un detalle: totalmente blindadas.

(El miedo no anda en burro, anda en Chevrolet).

Una ya fue entregada al secretario Roberto Moya Clemente.

Las otras ya tienen felices dueños.

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Que las suspicacias no son gratuitas:

¿Qué hay detrás realmente del escándalo ocasionado por el uso indebido de equipo y personal de la Dirección General de Televisión Educativa en la toma de protesta de Rafael Moreno Valle?

¿Qué tiene que ver la empresa CREA?

¿Qué papel jugó Marco Antonio Álvarez Castro, dueño de Renta de Equipos Profesionales?

¿Por qué se habla de jugosas comisiones por el alquiler de la infraestructura televisiva que se utilizó en el Recinto Expositor y que ha sido objeto de escrutinio por parte del influyente diario Reforma?

¿Por qué se insiste en sospechosas triangulaciones y auto contrataciones de inicio de sexenio?

¿Por qué se manejan tantos ceros?

Como diría el clásico:

¿Acaso para saber la verdad, habrá que seguir la ruta del dinero?

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Que Ricardo Rocha fue uno de los periodistas del D.F. que más molesto se retiró de la toma de protesta de Moreno Valle antes de que ésta iniciara.

Y es que nadie tuvo la cortesía de reservarle un asiento para atestiguar el evento.

En los hechos, su gafete VIP no sirvió de nada.

Rocha se marchó del Recinto Expositor echando humo por la boca.

Fúrico, literalmente.

Pero quizá Rocha no sepa que a nadie le importó su intempestiva salida

A nadie.

“Que se vaya, total ya ni pesa”, dijeron quienes le giraron la invitación.

Los mismos que ni una disculpa le dieron.

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Otro que se fue de Puebla muy, pero muy enojado es Francisco Ibarra López, presidente y fundador de Grupo ACIR.

Y es que el importante empresario recibió un pésimo trato.

Vamos, que ni siquiera le dieron las gracias por hacer un espacio en su ocupada agenda para venir a Puebla y ser testigo del inicio del gobierno de Moreno Valle.

Y como diría don Teofilito: ni se las darán.

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Que ahora que ya empezó a salir la información sobre la entrega de plazas a familiares, amigos y allegados de funcionarios marinistas, valdría la pena que los auditores del morenovallismo se dieran una vueltecita por la (todavía) Secretaría de Cultura.

Y es que hay un personaje de alto nivel que en los últimos días del sexenio dio bases a su suegro y a su sobrina.

Vaya sorpresa que se van a llevar si hacen el cotejo de apellidos con los del abusado servidor público que, antes de marcharse, dejó bien blindada a su prole.

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Que un nuevo huésped del exclusivo fraccionamiento La Vista Country Club ya empezó a llamar la atención de sus vecinos.

Y es que más tardó en llegar a Puebla que él –nuevo funcionario de la nueva administración estatal- en comportarse como un auténtico Pachá.

Nada más pagará 40 mil pesos mensuales de renta del departamento.

En términos reales, una bicoca para sus elevadas –elevadísimas- metas.

gar_pro@hotmail.com

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