Avestruces en el PAN municipal

Arturo Luna Silva

Como ya se anticipaba, un difícil arranque de gobierno ha tenido Lalo Rivera Pérez.

En tan solo unos cuantos días como presidente municipal, el panista ha logrado percatarse que de la teoría a la práctica hay un mundo de distancia y, sobre todo, que la acción de gobernar es más bien agridulce, por no decir que completamente amarga en la mayoría de los casos.

Y que desgasta, más allá de las buenas intenciones que sin duda tiene alguien como él, que actúa de buena fe pensando siempre en la familia y el bienestar común.

Al cumplir ya una quincena al frente del ayuntamiento, Lalo Rivera ha debido encarar la realidad: nada le será fácil o gratis; ni a él ni a sus colaboradores, casi sin margen para los errores.

En estos primeros días de gobierno, el alcalde no ha caminado precisamente sobre un lecho de rosas.

De hecho, ya ha tenido que enfrentar:

Una polémica subida de tono (la del aumentazo o los “ajustes” a los salarios de los regidores).

Un primer choque con su antecesora, la priísta Blanca Alcalá, a la que acusó de dejarle diversas anomalías administrativas en áreas estratégicas de la comuna.

Una serie de amenazas por parte de los grupos de presión (los ambulantes, en específico).

Un suceso extraordinario, como lo es la detonación de dos bombas molotov a unos cuantos metros de Palacio Municipal.

Y variadas críticas sobre el modelo de trabajo que eligió para garantizar un tema socialmente sensible como es el de la seguridad pública (el caso de los nuevos jefes policiacos, que al parecer, por ser foráneos, desconocen el territorio en el que pretenden mantener el orden).

Ayer mismo, los regidores del PRI-PVEM salieron a acusar al edil de realizar declaraciones (las que hizo la víspera contra Alcalá) que causan “desinformación” e “incertidumbre”, así como de generar “confusión” sobre el proceso de entrega-recepción.

Nada nuevo, ni extraño, tratándose de la oposición al presidente municipal en el Cabildo.

Sí, nadie dijo que administrar la ciudad de Puebla iba a ser un día de campo. Es más, los problemas y conflictos son parte del proceso.

Pero lo que sí es verdaderamente anormal es que los aliados, o supuestos aliados, de Lalo Rivera escondan la cabeza -como las avestruces- a la hora de los “trancazos” y que se hagan de lado para salir no a defender, que se defiende solo, pero sí a argumentar a favor de una causa y un proyecto, que se supone es compartido.

Tal es el caso del PAN municipal y de su bisoño presidente, Gerardo Maldonado Balvanera, totalmente ausente del debate político en la ciudad de Puebla, donde se están librando batallas de las que tal vez ni siquiera alcanza a darse cuenta.

Y no sólo eso: dirigente “mudo” y “manco”, que no fluye ni influye para hacer los obligados contrastes y los necesarios contrapesos a los diferendos y las críticas que, justificada o injustificadamente, han marcado el arranque del gobierno panista.

Peor: en lugar de hacer y asumir su papel como “líder” del partido en el poder municipal, Maldonado ha preferido entretenerse en minucias y frivolidades de antología.

En su último comunicado de prensa, por ejemplo, dio cuenta no de los positivos de Lalo Rivera; tampoco del gran perfil de la mayoría de los miembros de su gabinete; ni siquiera del ambicioso programa de pavimentación de calles iniciado hace unos días en colonias populares.

No, el presidente del CDM del PAN informó que abrió las puertas de su oficina ¡a la plática “Educación Nutricional”, curso de cocina para mejorar los hábitos alimenticios de los militantes!

En efecto: mientras el alcalde asume el costo de gobernar y encara la realidad, llena de riesgos y problemas, y difícil por donde se le vea, su partido se dedica a explicar la utilidad de las cáscaras de vegetales y cómo se destruyen nutrientes al cocinar con altas temperaturas (sic).

Como diría el clásico: con esos amigos para qué quiere enemigos Lalo Rivera. Para qué.

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gar_pro@hotmail.com

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