Manzanilla ante El Yunque

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El miércoles de esta semana, Fernando Manzanilla tuvo la oportunidad de presentarse por primera vez como lo que sin remedio ya es, un potencial precandidato a la presidencia municipal de Puebla, ante El Yunque.

Ocurrió en el Teatro de la Ciudad, durante la presentación del informe de los tres diputados panistas locales identificados con la ultraderecha: Juan Carlos Espina Von Roehrich, Ana María Jiménez y Rafael Von Raesfeld Porras.

Ante la plana mayor –y también la menor- del grupo, el secretario general de Gobierno compareció como representante de su jefe, Rafael Moreno Valle, pero también, en los hechos, como una carta fuerte para el 2013 –ese 2013 que ya se escribe hoy-.

Por razones desconocidas, el gobernador de Puebla –distanciado, como se sabe, kilómetros del Yunque que un día lo cobijó como su candidato- canceló su confirmada asistencia horas antes del arranque del evento; tuvo, pues, que ser Manzanilla, de por sí invitado, quien cual bateador emergente pronunció el discurso protocolario a nombre del Ejecutivo.

“No vengo preparado”, dijo, medio en broma, medio en serio, ante una audiencia conformada por el núcleo duro del Yunque: Eduardo Rivera, Juan Carlos Mondragón, Ana Teresa Aranda, Gerardo Maldonado, Augusta Díaz de Rivera y varios más, quienes desde primera fila siguieron con lupa cada paso, cada palabra, cada gesto, de aquel que, según se dice, podría ser un rival de cuidado para los intereses de la organización.

Frente al público que eventualmente se opondría a su candidatura al interior de Acción Nacional, Manzanilla tomó el toro por los cuernos e improvisó un discurso en el que destacó los principios de la familia y los valores del ser humano, precisamente las palabras que les gusta escuchar.

No olvidó, claro, enviar mensajes de colaboración entre los poderes y ofrecerse como lo que finalmente ha sido: el único interlocutor que diversos sectores han encontrado para entablar diálogo, al menos, con el morenovallismo. Un puente de plata que no ha dejado de hacer las tres cosas más importante para un gobierno: política, política y más política.

No se puede decir, empero, que el secretario (o 02, como se le conoce en el círculo rojo) haya dejado impresionado a su difícil auditorio; de hecho, se llevará tiempo saber si aprovechó o no la oportunidad de empezar a entrar en el ánimo del Yunque, que tras la experiencia con Moreno Valle ha quedado curado de espanto.

Pasar la aduana de la ultraderecha para quien apenas hace unos días gestionó y obtuvo la ciudadanía poblana, será todo un reto. Un listón muy, pero muy alto.

Eso quedó claro en los comentarios de varios de los asistentes al informe de Espina, Jiménez y Von Raesfeld, tres soldados de la organización.

Mientras Moreno Valle no modifique sus posturas ante El Yunque, o logre –en su defecto- hacerse del control del PAN en la ciudad de Puebla, el proyecto de Manzanilla luce complicado, por más que incremente su activismo político, su presencia mediática y sus visitas “de candidato” a las juntas auxiliares de la ciudad de Puebla, como la de esta semana a la “Ignacio Romero Vargas”.

Dicen que la derecha poblana ya tiene candidato a suceder a Eduardo Rivera; se habla, y con insistencia, de Francisco (Franco) Rodríguez Álvarez, el nuevo presidente del Consejo Coordinador Empresarial. Y que otros fuertes aspirantes son: el diputado panista Mario Riestra y el secretario de Competitividad, Trabajo y Desarrollo Económico, Pablo Rodríguez Regordosa.

Así que la batalla rumbo al 2013 –y por la sumamente atractiva alcaldía de cuatro años y medio- en el PAN no será tersa.

Nada tersa para quien hoy se le escucha, se le respeta, se le valora, se le da su peso político específico, pero se le ve como un extraño. Un auténtico extraño en medio de un ejército de soldados de Dios.

gar_pro@hotmail.com

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