Miserias Lopezobradoristas (y Misterios del Caso Monex)

farturoo

Fue precisamente en Puebla, donde Andrés Manuel López comenzó sus Asambleas Informativas por la Democracia y la Dignidad, donde los tres partidos que lo arropan: PRD, PT y Movimiento Ciudadano, demostraron sus miserias políticas y ni siquiera pudieron llenar el zócalo poblano, que lució a la mitad.

Los tres dirigentes locales (Erik Cotoñeto-Socorro Quezada, Zeferino Martínez y José Juan Espinosa) prefirieron hacer de guaruras de sus líderes nacionales –que plácidamente caminaban por los portales del Centro Histórico-, que operar para convocar a los indignados poblanos por el “fraude” del 1 de julio. Las grandes masas nunca aparecieron y eso se notó.

Fue, por decir lo menos, lamentable y hasta triste la primera asamblea presidida por López Obrador, pues los de siempre, los de Morena, resultaron los únicos que cantaron y siguieron sus consignas favoritas.

Jesús Zambrano, el “Chucho” mayor que encabeza el PRD, llegó temprano a “zocalear” y se reunió con los “Ñoños” poblanos, fieles súbditos del “Ñoño” mayor: Luis Miguel Barbosa, quien por cierto le está peleando a Manuel Camacho Solís la coordinación de los perredistas en el Senado.

Según cuentan, Zambrano les pidió dejar de lado sus confrontaciones internas y las transas del “traidor” Miguel Ángel de la Rosa, ex dirigente del sol azteca y subsecretario de la Secretaría General de Gobierno, así como concentrarse en las movilizaciones de apoyo al “Peje”.

En un momento, Zambrano preguntó por la fuerza del perredismo en el estado y, ante la miserable fuerza del partido en Puebla, los interrogados sólo atinaron a mirarse entre ellos. Y es que como se sabe, pertenecen a un partido sin ningún peso específico, sin estructura, sin militantes, sin otra ideología que el dinero, pero muy bueno para el chantaje y la extorsión.

Por razones personales que no viene al caso comentar, el dueño del PRD poblano, Luis Miguel Barbosa, no asistió al encuentro con López Obrador; únicamente Erik Cotoñeto, desde arriba del estrado, le iba reportando cómo iba transcurriendo el evento.

Con todo y todo, trascendió que los “Chuchos” mayores traen una bronca interna de proporciones bíblicas: Jesús Ortega, Luis Miguel Barbosa y Carlos Navarrete no están de acuerdo con Zambrano y Guadalupe Acosta Naranjo, quienes le siguen dando cuerda a AMLO en su famosa historia del “megafraude”. Los primeros no sólo no creen en las versiones del “robo electoral”, les urge que el tabasqueño deje de hacer su berrinche para empezar a negociar con Enrique Peña Nieto y los gobernadores, entre ellos el de Puebla, Rafael Moreno Valle.

Eso explica, en parte, que los operadores de Barbosa, Cotoñeto y Quezada, no hayan movido ni un solo dedo para llenar el zócalo de Puebla para el “Mesías Tropical”. La verdad es que no les importó nada la asamblea informativa y de hecho pretendieron boicotearla, lo que consiguieron parcialmente pues varios seguidores genuinos de AMLO ciertamente sí acudieron. La gente del “Ñoño” sólo se presentó para dejar testimonio de su participación, pero está totalmente en contra de la rabieta lopezobradorista.

Por cierto: fuentes del PRD afirman que las relaciones de Jesús Ortega y Barbosa con Moreno Valle se han restablecido, a grado tal que la alianza electoral para el 2013 poblano es más probable de lo que muchos imaginan.

En otras palabras: el sol azteca jugará con los candidatos de Moreno Valle, sobre todo en la ciudad de Puebla.

RMV tiene a Nueva Alianza, a Compromiso por Puebla, casi-casi al PAN y ahora al PRD, con lo que de muchas formas se podrá replicar la coalición que en 2010 llevó al actual gobernador al poder.

El asunto costará muchos miles de pesos, pero por lo pronto Ortega y Barbosa ya están amarrados.

Aunque, claro, sin que se entere el “demócrata” Andrés Manuel López Obrador, quien rodeado de lobos, ya empieza a aullar igual que ellos.

***

El tema que ha dado más dolores de cabeza al triunfo de Enrique Peña Nieto resultó ser el asunto de Monex.

Lo más curioso es que fue una, sólo una, transferencia de recursos a través de tarjetas para los movilizadores a quienes se les dio una compensación para cubrir los gastos de traslado y de telefonía, como lo hacen todos los partidos.

El error fue utilizar una empresa financiera para la entrega de los mismos en lugar de hacerlo, como tradicionalmente se efectuaba, en efectivo y de manera directa.

El argumento para ello fue evitar la fuga de recursos y que estos quedaran en manos de dirigentes o coordinadores de zona que, vivales, tradicionalmente engañan y se engordan los bolsillos.

A pesar de que el planteamiento fue el adecuado, no se transparentó y menos se evitaron las especulaciones que hoy pesan sobre Peña Nieto y buscan hacer mella en su legitimidad.

¿Quién fue el operador del programa?

En el CEN del PRI las miradas inquisidoras se han posado sobre un poblano, a quien señalan como el responsable directo de este escándalo que ha servido de argumento a AMLO y que incluso puede ser factor para que no concrete su llegada a una secretaría de Estado.

Tengan o no argumentos, sus adversarios, que no son pocos, se van a encargar de recordarle a Peña Nieto quién fue el culpable del embrollo poselectoral en el que se encuentra.

Y claro, de la misma forma intentarán que parte de la factura la pague su padrino, el próximo senador Emilio Gamboa, quien apoyó e impulsó ese método de compensación para la estructura partidista que hoy está dando vuelo a los seguidores de López Obrador para hablar de “fraude” electoral.

gar_pro@hotmail.com

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