De la CAIP y sus Demonios

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Este lunes empezó en la ciudad de Puebla la Semana de la Transparencia, un evento abierto a todo público y consistente en foros y conferencias magistrales alrededor de los municipios como tema eje.

La Semana de la Transparencia es el último acto de corte académico convocado por la maestra Blanca Lilia Ibarra Cadena como comisionada presidenta de la Comisión  para el Acceso a la Información Pública y Protección de Datos Personales del Estado, mejor conocida como la CAIP.

Una CAIP que, al menos durante el periodo que ha estado encabezada por ella, no ha contado con ninguna clase de apoyo por parte del gobierno de Rafael Moreno Valle –de hecho se le ha tratado de estrangular a través del presupuesto- y que incluso ha resistido el acoso político por medio del cual el Ejecutivo ha intentado doblegar a éste, el organismo “autónomo” encargado de garantizar a los poblanos el acceso a la información pública.

Desde hace meses, en silencio, Blanca Lilia Ibarra ha estado sometida a diversas expresiones que rayan en lo persecutorio, incluso a nivel familiar.

Ninguna acción ha sido denunciada hasta el momento ante organismos de derechos humanos nacionales o internacionales. Pero el amplio sistema vinculado con la cultura de la transparencia y el derecho al acceso a la información pública en México, sabe perfectamente de qué es capaz este gobierno estatal.

No es ninguna casualidad que la Semana de la Transparencia cuente con el apoyo y la presencia del rector de la BUAP, Enrique Agüera Ibáñez, y del presidente municipal de Puebla, Eduardo Rivera Pérez, dos actores comprometidos –al menos en el discurso- con la transparencia, así como de los presidentes del Tribunal Superior de Justicia y del Consejo Coordinador Empresarial, David López Muñoz y Francisco Rodríguez Álvarez, respectivamente, además de la comisionada presidenta del IFAI, Jacqueline Peschard; la senadora priísta Blanca Alcalá, y el presidente de la Conferencia Mexicana  de Acceso a la Información Pública (COMAIP), Eugenio Monterrey Chepov.

Si usted se pregunta por qué ayer en la inauguración sí estuvieron todos los anteriores personajes y no Rafael Moreno Valle, la respuesta puede encontrarla en la intolerancia a diversos acuerdos impulsados, o avalados,  por la CAIP (un órgano colegiado) para hacer más transparente el actuar del poder Ejecutivo local.

Mientras la CAIP es tomada en cuenta por actores nacionales, aquí se le ningunea y desprecia. Así, más que un desaire autoritario, el vacío representa toda una postura.

Y es que la verdad algunas decisiones no han gustado, otras han provocado ira, y la reacción ha sido desproporcionada en la mayoría de los casos. La importante –por obvia- ausencia del titular del mandatario es sólo una muestra más de la repulsa que tanto el personaje, la maestra Ibarra Cadena, como el tema, la transparencia, generan en el gobierno poblano.

No por nada, la propia Jacqueline Peschard advirtió ayer que existen grandes tentaciones de regresión en materia de transparencia y rendición de cuentas

Y el rector de la BUAP reiteró su compromiso por continuar con la rendición de cuentas, pues estas prácticas hacen a la universidad más sólida ante la sociedad en general.

Y el edil de Puebla señaló que la transparencia pasa por la voluntad política de las autoridades, aunque la ley establezca las obligaciones que se deben cumplir en esta materia.

El afán de controlar todo, hasta el tiempo, es una de las razones que explican el acoso y desprecio a la CAIP.

La Semana de la Transparencia coincide con el inicio del proceso para elegir a quien sustituirá a uno de los tres integrantes de la Comisión para el Acceso a la Información Pública, un proceso que paradójicamente se pretende desahogar en lo oscurito, a espaldas de la sociedad, sin la participación de la sociedad civil organizada, con el fin de que el gobernador imponga a su favorito y termine por asegurarse el manejo absoluto del organismo “autónomo”.

De ahí el pronunciamiento del Capítulo Puebla de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información, A.C., en el sentido de que las sesiones de la Comisión de Transparencia y Acceso a la Información en las que se evaluará a los candidatos al cargo de comisionado de la CAIP sean públicas y se permita la participación de las organizaciones de la sociedad civil interesadas en coadyuvar en la evaluación de dichos candidatos.

Lo que se busca es evitar una farsa similar a la del Instituto Electoral del Estado, donde lo que prevalecerá, incluso en medio de las negociaciones con otros factores de poder, es la voluntad de Moreno Valle.

El mismo que, como siempre, terminará saliendo con la suya, tanto en la CAIP como en el IEE. ¿O me equivoco?

gar_pro@hotmail.com

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