El PRI (Paisajes entre la Niebla)

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Supongamos sin conceder que sí hubo, como afirman en el PRI, una elección de Estado.

Que la intervención del gobernador no fue como dicen, sino peor.

Y que, desde su Olimpo de Los Fuertes, Rafael Moreno Valle metió las dos manos y la mitad del cuerpo y el presupuesto y el aparato y….

Supongamos.

Pero entonces:

¿Son tan ineficientes la secretaria general, Ivonne Ortega, y el delegado del CEN, Fernando Moreno Peña, que no sólo no fueron capaces de frenar la susodicha elección de Estado, sino de documentarla?

¿Qué hicieron todo el domingo 7 de julio los mapaches del jefe del Cartel de Colima?

¿Se durmieron?

¿Dónde se fueron?

¿En qué se gastaron tooodo el dinero que les dieron?

Porque a la fecha, ni Ortega ni Moreno Peña han presentado una sola prueba –una sola- de la dizque elección de Estado.

Ni una fotografía ni un audio ni un video que permita entender o justificar sus berridos y proceder, entonces, a una impugnación en toda regla de tan “cochinos” comicios.

Queda claro que la secretaria general y el delegado sólo vinieron a hacer negocios y que fueron a la guerra pero sin entender nunca qué clase de guerra y menos cómo se las gasta Moreno Valle, que, de cuna priísta, terminó por superar al PRI en eso de operar elecciones: cálculo, estrategia, prospectiva, diseño e ingeniería.

Y claro: tiros de precisión, alianzas y mucho, mucho dinero.

¿O de qué otra forma se gana?

Ortega y Moreno Peña nunca estuvieron a la altura y creyeron que los poblanos les creerían sus fantochadas, sobre todo el segundo, un verdadero farsante que, a su edad, ya debería jubilarse y dejar de hacer el ridículo.

Patético y apócrifo flautista de Hamelín que, con su desafinada tonada, ya no conmueve ni a las ratas.

***

Y tras la debacle: la rapiña, el pandemónium, el canibalismo: priístas comiéndose unos a otros en busca de culpables y acabando con lo poco que ha quedado del partido luego que les pasó encima la aplanadora morenovallista.

Se entiende porque no todos los días se pierde tanto: tantos votos, tantas alcaldías y tantas diputaciones.

Moreno Peña se va a ir pronto y del caos no se encargará él sino los priístas poblanos: esos, los mismos que se dejaron mangonear por la legión extranjera y que, sumisos, no tuvieron el talante para poner un freno a las ocurrencias del delegado.

Los priístas poblanos fueron ninguneados e incluso humillados por quien deja un partido destruido política, electoral y financieramente pero lo más grave: desmoralizado hasta lo más profundo de sus entrañas, sin ninguna opción de competir al tú por tú en el mediano plazo con el grupo hegemónico en Puebla, ni siquiera desde el Congreso, donde la futura mínima bancada será arrinconada e ignorada, pues la mayoría absoluta alcanzada por el morenovallismo basta y sobra para imponer su voluntad.

Un PRI devaluado, dividido y adolorido, es la gran herencia de Moreno Peña. Pero la culpa no es de este personaje perfectamente olvidable, o al menos no toda la culpa.

Los priístas poblanos son arquitectos de su propia desgracia y hoy van a tener que pagar las consecuencias de su falta de valor para poner un alto a quien autoritariamente, creyéndose El Rey del Mundo, vino a imponer su verdad única y a privilegar sus intereses.

Acaso sólo Enrique Doger y Javier López Zavala, con todos sus defectos, fueron los únicos que lo advirtieron públicamente, que anticiparon lo que sucedería y que intentaron encabezar la resistencia.

Lamentablemente no tuvieron seguidores y la mayoría de los militantes y líderes se escondieron debajo de la cama, de donde sólo salieron la tarde-noche del 7 de julio cuando ya el PRI lo había perdido todo: o casi todo.

***

Y ahora hay tal nivel de descomposición, que ya nadie cuida las formas. Véase el caso, por ejemplo, del diputado del PRI Ramón Felipe López Campos, quien a las 21:21 horas del 7 de julio escribió un tuit demoledor.

“Gracias a Pablito ahí esta el resultado que putiza, buenas noches con el respeto que se merecen” (sic).

No se trata de cualquier priísta: es un diputado y, además, un ex presidente municipal de Izúcar de Matamoros.

Por supuesto que minutos después de escribir lo que escribió, se arrepintió y borró su tuit.

Sin embargo, ya era demasiado tarde.

Una prueba –de esas que ni Moreno Peña ni Ivonne Ortega fueron capaces de conseguir sobre la elección de Estado- quedó a buen resguardo.

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Lo cierto es que ese, no otro, es el estado de ánimo hoy del priísmo poblano:

Nadie respeta a nadie y todos comiéndose unos a los otros, en una noche que seguramente será muy, muy larga: noche de cuchillos largos.

gar_pro@hotmail.com

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