PRI: NAUFRAGIO EN CURSO

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A exactamente doce meses del proceso electoral de 2015, no hay buenas noticias para el PRI en Puebla, que se consolida como el partido que concentra el mayor rechazo ciudadano y voto negativo, y que sigue pagando el costo de la insatisfacción generalizada por los magros resultados del gobierno encabezado por Enrique Peña Nieto, atrapado entre las reformas estructurales -que no se terminan de consolidar ni de reflejar en el bolsillo de los mexicanos- y el pobre desempeño económico y la inseguridad pública.

Hoy más que nunca es cierta aquella máxima que señala que lo que hace el gobierno lo termina resintiendo el partido. Un partido, además, que sigue posponiendo –por desinterés, por apatía o por incapacidad, nunca por estrategia- la solución final a la severa crisis que arrastra en el estado desde su histórica derrota en 2010. Tan grave es el problema que ya incluso trasciende a las personas, pues da igual quién o quiénes se hagan cargo del PRI si no se ataca primero el cáncer que corroe sus entrañas y que tiene mucho que ver con la división interna, las traiciones, el oportunismo, las obsesiones por el poder, el chambismo, la simulación y la falta de rumbo.

Con todo y su desgaste por asuntos polémicos como la #LeyBala, las protestas por el Gasoducto Morelos, las deficiencias del sistema de transporte público RUTA, las batallas políticas y legales por el teleférico y las molestias ocasionadas por la pavimentación con concreto hidráulico de las avenidas más importantes de la capital, el gobernador Rafael Moreno Valle sigue manteniendo muy aceptables niveles de aprobación ciudadana –que van del 61.1% al 62.8%- y en consecuencia se sostiene como el principal activo electoral del PAN en el estado, cuya fuerza se siente de forma abrumadora en la zona metropolitana, donde se ha concentrado la obra pública.

En contraste, Peña Nieto registra las peores calificaciones que un presidente haya tenido en sus primeros dos años de gobierno, una situación ya desesperante y que encuentra explicación en el sentir de los mexicanos, quienes en su mayoría sienten que su situación económica personal ha empeorado desde el regreso del PRI a Los Pinos, un factor que no debería minimizarse a estas alturas, cuando ya los ejércitos electorales se enfilan hacia la gran guerra del 2015, cuando estarán en juego 500 diputaciones y nueve gubernaturas, entre ellas Querétaro, Nuevo León, Michoacán y Sonora.

De acuerdo con una encuesta reciente del Centro de Estudios Consultivos, en Puebla, donde serán electos 16 legisladores, el PAN sigue a la cabeza de las simpatías partidistas, con 32.2%, seguido del PRI, con un lejano 13.6%. Mientras la tasa de rechazo o voto negativo del tricolor alcanza el 28.8%, la del blanquiazul se ha estacionado en 8.8%. Un reflejo preciso de que el mal desempeño del gobierno federal y de sus delegados en el estado empieza a pasar la factura al Revolucionario Institucional.

Hace unos meses, la secretaria general del CEN del PRI, Ivonne Ortega, estuvo en Puebla para anunciar lo que mediáticamente vendió como la “refundación” del partido, esto es, el fin de todos sus males y el inicio de una nueva era. Nombró incluso a una delegada estatal y a un delegado en la ciudad de Puebla, que resultaron un fiasco y cuyos nombres hoy incluso pocos recuerdan. Luego vinieron los plebiscitos para renovar las juntas auxiliares, donde el partido fue arrasado, y ahora se aferra al clavo ardiente de dos procesos extraordinarios, en los municipios de Acajete y Cuapiaxtla de Madero el próximo 6 de julio, para autoafirmarse y recordar que sigue vivo, como fuerza opositora, en el escenario local dominado por el morenovallismo.

Pero la realidad es que mientras Peña Nieto no levante y se aleje del 71.8% de reprobación que por ejemplo alcanzó el mes pasado, el PRI seguirá arrastrando la cobija y dirigiéndose a una debacle en la elección de 2015, que será algo más que un referéndum para el jefe del Ejecutivo: una cuestión de vida o muerte para su proyecto político, que pasa por la retención del poder federal por al menos un sexenio más.

Sí, es cierto: lo que hace el gobierno lo termina resintiendo el partido, que necesitaría un verdadero milagro, es decir, que el Tri de “El Piojo” ganara el Mundial de Brasil o que se concretara la anunciada –y
ya muy politizada- visita del Papa Francisco a México, para levantarse de la lona en que se encuentra, producto de sus errores, sus omisiones y sus obsolescencias.

gar_pro@hotmail.com

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