OPERACIÓN ANA ISABEL

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Una serie de amarres, pactos, negociaciones, amagos, mensajes sicilianos y golpes sobre la mesa a los principales “próceres” del PRI, constituyó la antesala de lo que este miércoles empezará a consumarse: el arribo de la primera mujer a la dirigencia estatal del partido en toda su historia. La última semana, de hecho, se libró tras bambalinas una auténtica guerra sin cuartel, al más alto nivel del poder, para terminar de afinar el designio de la cúpula nacional priísta y lograr lo que parecía imposible: que la diputada federal Ana Isabel Allende entre al relevo del diputado local Pablo Fernández del Campo, quien sale por la puerta de atrás, etiquetado como el peor “dirigente” del partido en las últimas dos décadas.

Como en una obra de teatro, la Operación Ana Isabel se llevó a cabo en varios actos, con no pocos intermedios, en los que participaron desde la secretaria general del CEN del PRI, Ivonne Ortega, hasta el influyente coordinador de los diputados federales del tricolor, Manlio Fabio Beltrones, el principal sostén de la virtual nueva “jefa” del partido en Puebla.

Hubo, por ejemplo, intentos de rebelión encabezados, principalmente, por el subsecretario de la Sedesol, Juan Carlos Lastiri, quien a distancia buscó boicotear la cantada unción de Allende a través de la mayoría de los 83 presidentes municipales de extracción priísta, a quienes tiene atados mediante los programas sociales de Desarrollo Social que coordina; al final, sin embargo, sólo lo siguieron unos cuantos, entre ellos los ediles de Huejotzingo, Carlos Alberto Morales Álvarez; Tepeaca, David Huerta Ruiz; Atzitzihuacán, Marisela Ramos Jiménez; Santa Isabel Cholula, Albino Espinoza Pantle; Tlachichuca, Uruviel González; Tepeojuma, Gustavo Sánchez Martiñón, y Los Reyes de Juárez, Rafael Ramos Bautista.

Lastiri, quien busca por todos los medios a su alcance ser candidato del PRI a la gubernatura en 2016 o 2018 y en su momento influyó decididamente en la llegada de Fernández del Campo al Comité Directivo Estatal, quiso repetir la historia para dejar constancia de que sin su apoyo, Allende no sería nunca dirigente. El problema es que al subsecretario lo rebasaron los tiempos, pues cuando trató de hacer sentir su peso específico, el Comité Ejecutivo Nacional ya había tomado la decisión de imponer a la diputada federal, con o sin el beneplácito de los jefes de clan priísta como Lastiri; en otras palabras, víctima de su propia agenda personal, se quedó sin canicas para negociar o condicionar la transición del Revolucionario Institucional en Puebla. A final de cuentas, tendrá un espacio en el nuevo comité estatal y su voz, sin duda importante, se escuchará a la hora de las definiciones, pero no será determinante.

Otro caso fueron las diputadas (federal) Rocío García Olmedo y (local) Silvia Tanús Osorio, finalistas –hasta el último momento- en la puja por el control del partido. La primera trató de llegar a través de la oficina del todopoderoso secretario de Gobernación federal, Miguel Ángel Osorio Chong, con quien habló en la semana para pedir frenara el “despropósito” de elegir a Ana Isabel, y la segunda hizo su lucha con sus propias armas, pero no le alcanzó y se quedó corta. A su círculo cercano se adjudica, de hecho, la guerra sucia emprendida contra Ana Isabel Allende, intentando vender una atractiva, pero poco sólida, historia cuyo eje central la puso como una “imposición” del gobernador Rafael Moreno Valle mediante un increíble, e imposible, pacto con César Camacho e Ivonne Ortega, versión desinformada y alejada de la realidad, reflejo de desesperación pero sobre todo de ignorancia del momentum político de Puebla.

Uno de los más rebeldes con la llegada de Allende fue el ex gobernador Mario Marín Torres, quien creyó tener todo el derecho y todas las facultades para decidir el futuro del PRI en el estado. El “góber precioso” impuso una especie de veto a la diputada federal y luego, al no funcionar, condicionó su arribo aduciendo que entonces no contaran con él, y con sus millones, para apoyar a los candidatos a diputados federales en las elecciones intermedias del 2015. Por indicaciones del CEN, tuvo que intervenir el ex gobernador de Tabasco, Manuel Andrade, actual delegado en el Distrito Federal, quien sentó a Marín y le transmitió un mensaje siciliano: o se disciplinaba o el partido ni siquiera lo consideraría para la curul plurinominal en San Lázaro que anda buscando para regresar a la política activa. Por supuesto, en cuestión de horas, el ex mandatario poblano, a la cabeza de un grupo de presidentes municipales, diputados locales y delegados federales, dio su brazo a torcer. Nada personal, cuestión de negocios.

Quien no se quedó atrás fue el diputado federal Carlos Sánchez, una carta fuerte a la dirigencia estatal por el frente formado por la senadora Blanca Alcalá y el director del Bansefi, Jorge Estefan Chidiac. Como coordinador de los diputados federales del PRI por el estado de Puebla, el semianalfabeta Sánchez hizo peor papel que como presidente municipal de San Martín Texmelucan; empero, se sintió con suficientes méritos para pelear a Allende la posición. Cuando ésta se sentó con él para pedirle que se sumara a su proyecto, le dijo que no, que de ninguna manera, pues él no se bajaría a menos que se lo pidiera el CEN. Allende le recordó cómo ella lo ayudó cuando estuvo a un minuto de ser destituido, por incompetente y corrupto, de la coordinación de los diputados federales. “Yo te ayudé, te toca ayudarme”, le dijo, y sólo así, por la vía del remordimiento, Sánchez entró en razón.

Lo que no significa que haya pedido una de tres cosas a cambio: la candidatura a la diputación federal por el distrito de Texmelucan para su esposa, Angélica Salazar Martínez; la dirigencia estatal del Organismo de Mujeres Priístas, también para su mujer, o acompañarla a ella, a Ana Isabel Allende, en la nueva dirigencia como secretario general, cosa que se decidirá en horas pues Sánchez (Alcalá-Estefan) compite por esa posición con Jorge Ruiz Romero (Enrique Doger), Alberto González (Marín) y José Luis Márquez (pieza con sello morenovallista aunque, buen actor, siempre se llame a ofensa cuando alguien se lo recuerda).

De no ocurrir otra cosa, pues había amagos de cancelarlo, será, pues, este miércoles, durante un desayuno encabezado por Ivonne Ortega, cuando se consume la Operación Ana Isabel, un proyecto que sigue una tendencia nacional, la de encumbrar a mujeres en dirigencias estatales del PRI, y que poco tiene que ver con las ridículas versiones que buscan acreditar el movimiento al líder en México de la Iglesia Ortodoxa, el arzobispo Antonio Chedraoui Tannous, sin vela en este “entierro”.

Etiquetada como inexperta, Allende llegará a la dirigencia del PRI el próximo sábado 23 de agosto, en sesión de Consejo Político Estatal, porque 1) tiene el apoyo, todo el apoyo –con lo que eso significa-, de Manlio Fabio Beltrones, 2) no tiene proyecto político personal en lo inmediato: no puede ser diputada federal en 2015 porque actualmente lo es, 3) es una mala noticia para el morenovallismo desde que, contra todo pronóstico, les ganó el distrito de Ciudad Serdán, 4) es la única diputada federal que no cobra en Casa Puebla, lo cual el CEN del PRI y el CISEN tienen plenamente documentado, y 5) tiene las suficientes agallas para imponerse a los presuntos “próceres” del PRI, como un tal Javier López Zavala, quien, al estilo Mario Marín, anoche todavía pretendía revivir a la “Puebla Revolucionaria” para hacer el último intento de tirar el nombramiento de Ana Isabel, a quien considera un serio obstáculo en su peregrina idea de repetir la odisea por Casa Puebla. Aunque a López Zavala, en el CEN, ya sólo le dan el mismo trato que se suele dar al “loquito de la cuadra”.

Allende, por cierto, será presidenta para un periodo de cuatro años, algo que no lograron Fernando Morales Martínez ni, claro, Pablo Fernández del Campo, simples delegados presidentes que serán recordados como lo peor que les pudo haber pasado a los priístas poblanos, pues dejaron al partido no en terapia intensa, sino muerto, total y completamente muerto, tal es el tamaño del reto de la nueva “jefa” del PRI, le guste a quien le guste, le pese a quien le pese.

gar_pro@hotmail.com

5 Responses to “OPERACIÓN ANA ISABEL”

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