LASTIRI: MANIPULACIÓN Y DIVISIÓN PRIÍSTA

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Como si las cosas no fueran adversas en el PRI tanto a nivel local como nacional, aún existen políticos tradicionales que se empeñan en hacerlas aún más difíciles.

Los viejos estilos, las traiciones, el ansia de poder ilimitado, sumados a la innegable falta de un real liderazgo, son factores que están llevando al decrépito partido a convertirse en la tercera fuerza política del país, con la posibilidad latente de permanecer ahí hasta su hipotética extinción.

Sin embargo, son esas y otras variables las que posibilitan la parasitaria existencia de politiqueros cobijados bajo el manto del poder; caso concreto, el tristemente célebre Juan Carlos Lastiri Quirós, el ex subsecretario de la SEDESOL y actual subsecretario de la SEDATU, hijo putativo de Rosario Robles Berlanga, aquella mujer que, como gobernante, en su momento dijo representar a la izquierda mexicana demostrando al final que, sin importar el partido del cual provenía, su filiación salinista tendría que salir a relucir tarde o temprano.

No es de extrañar, por eso, que Lastiri haya sido el orquestador del reciente movimiento encabezado por Netzahualcóyotl Ledesma, quien, a grito abierto, pidió la renuncia del (indefendible) presidente del Comité Municipal del PRI en Puebla, José Chedraui Budib, ciertamente uno de los responsables de la debacle de la ex candidata a la gubernatura, la hoy nuevamente senadora Blanca Alcalá, la campeona del victimismo blanco.

Lastiri no sólo brilló por su ausencia en la pasada campaña sino que se sentó en el quicio de la puerta de su casa a esperar el paso del “cadáver” de la fallida aspirante.

Buscar y encontrar culpables tras la derrota, y más ante una derrota como la del 5 de junio, es una práctica común en materia política y podría constituir una forma de recomponer el rumbo para el PRI en Puebla; sin embargo, no es esa la intención de Lastiri a través de sus esbirros, porque más que buscar reivindicar la dignidad y fomentar la unidad interior, lo que busca es quitar del camino a sus adversarios dentro del tricolor para irse apoderando desde ya del partido, como una medida anticipada ante el inminente e inexorable fin del trágico sexenio de Enrique Peña Nieto del cual forma parte.

Lastiri sabe que su nivel de aceptación y conocimiento entre el electorado no le es de ninguna forma suficiente para contender como candidato priísta al gobierno de Puebla, su enfermiza obsesión.

No obstante, su ambición desmedida lo llevará a saltar a la escena como si en verdad sus posibilidades fueran reales y posteriormente buscar una nominación plurinominal –al Senado o a San Lázaro- que sólo lo beneficiaría de manera exclusiva, mientras sus ingenuos simpatizantes seguirán como están ahora: hasta el final de la fila, lamiendo los restos del banquete que degustará su amo.

Hay un rosario de quejas sobre la forma en que Lastiri trata a su propia gente, a sus cercanos colaboradores, a quienes explota de una manera ruin y miserable.

Ya hay incluso demandas laborales en contra de quien ha hecho de la traición y la corrupción un estilo de hacer “política”, demandas que describen con pelos y señales los excesos y abusos del soberbio señor subsecretario de la SEDATU, una verdadera vergüenza para el gobierno que dice servir.

Si él es lo que va a presentar el PRI en 2018, que nadie dude que el PAN seguirá gobernando por mucho, mucho tiempo en Puebla.

gar_pro@hotmail.com

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