PRIMEROS APUNTES SOBRE LA SUCESIÓN EN LA BUAP

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Con disputas intestinas y el riesgo de intromisiones externas, como nunca en los años recientes, la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) ha recibido el llamado del reloj de la sucesión para octubre de 2021.

Con la cercanía de los procesos electorales constitucionales y en medio de pleitos de facciones, grupos de influencia y una debilitada convivencia entre el gobierno del estado -de una filiación de izquierda inédita para Puebla- y la actual administración universitaria, se alista la pelea por la Rectoría.

El tercer informe del rector, en este caso de Alfonso Esparza Ortiz, el pasado 5 de octubre, ha sido nuevamente el imaginario y tradicional llamado a la salida para la competencia.

Pero en escenarios que abren incógnitas.

En los últimos dos rectorados, descartando el actual, los titulares (Enrique Doger y Enrique Agüera) tomaron decisiones políticas y adelantaron sus salidas, al renunciar con un año de antelación, para ser candidatos del PRI a la alcaldía de Puebla capital.

Solo Doger logró su objetivo.

Por lo que se ha visto en los últimos días y por sus acercamientos con varios partidos políticos, es altamente probable que Esparza escuche el canto de las sirenas y siga similares pasos que Doger y Agüera para aparecer en la boleta electoral de 2021.

La BUAP también es hoy una universidad distinta, que tuvo que vivir y convivir con el régimen morenovallista, que amagaba con ser un maximato.

Que tuvo que surcar el periodo políticamente más convulso de Puebla, con tragedias, acusaciones de fraudes y procesos extraordinarios.

Encima, tiene un inusitado escenario actual-inmediato: un gobierno de Morena con el que sencillamente no hay relación; un Congreso local, cuya mayoría ha solicitado revisión de cuentas; una Fiscalía General del Estado, que tiene abiertas investigaciones , y la Auditoria Superior del Estado, que aplica revisiones muy estrictas.

Son esos, nos hacen ver los históricos líderes universitarios de izquierda, factores imposibles de soslayar en el análisis actual.

Todo eso junto y a la vez hace el camino a la sucesión complicado e inédito.

De botepronto, se pueden distinguir dos bandos en la sucesión: los opositores a Esparza y los internos, los aspirantes del que se podría interpretar es su mismo grupo.

Entre sus detractores añejos y más combativos, vuelven a aparecer, pues compitieron en 2017, Eudoxio Morales Flores, político morenista y diputado federal suplente del Partido Encuentro Solidario (PES).

Y Ricardo Paredes Solorio, docente en la Facultad de Administración y crítico de Esparza.

Los dos enarbolan sus propias banderas y prácticas de la llamada “izquierda universitaria”.

También están en la posibilidad de competir, Bertha Villavicencio, maestra universitaria, funcionaria estatal y militante de Morena.

Luis Ortega Morales y Abraham Quiroz, también militantes de Morena, de la vieja izquierda, miembros del SUNTUAP y críticos universitarios, con trabajo afín al secretario del Trabajo estatal, Abelardo Cuéllar Delgado.

Guillermo López Mayo, a quien con su grupo se le ve con control del SUNTUAP, es también cercano a Cuéllar y presume apoyo del titular de Gobierno, David Méndez.

Guillermo Nares Rodríguez y Nicéforo Rodríguez Gaytán, el último actualmente funcionario del gobierno, ex universitarios, quienes “buscan participar en la vida interna de la BUAP”, por la vía de algunos docentes universitarios en la Facultad de Derecho.

Sobre los aspirantes internos, se ha mencionado a Oscar Gibón Rosete, quien es actualmente el tesorero de la universidad, un actor institucional y de bajo perfil mediático, pero conocedor de la vida universitaria.

Rosa Isela Ávalos Méndez, abogada General de la BUAP, con perfil también institucional. Sin reflectores, se ha sumado al trabajo, nada sencillo, con las nuevas tareas de equidad de género y la búsqueda por los derechos de las mujeres.

Francisco Vélez Pliego, director del histórico Instituto de Investigaciones Sociales, y quien busca participar y tratar de reivindicar el legado de su hermano, el ex rector Alfonso Vélez Pliego.

Guadalupe Grajales Porras, investigadora de temas sociales, quien forma parte del grupo del doctor Francisco Vélez. Actualmente es secretaria general de la BUAP y se ha mencionado que mantiene relaciones con la esposa del presidente de México, Beatriz Gutiérrez Mueller.

Ygnacío Martínez Laguna, vicerrector de Investigación, con bajo perfil y responsable de la atención con los investigadores y la difusión de los proyectos de ciencia.

María del Carmen Martínez, vicerrectora de Docencia, tiene experiencia con los temas de educación media y superior.

Y José Carlos Bernal Suárez, vicerrector de Extensión y Difusión de la Cultura, titular además de la Comunicación Institucional de la institución.

La sucesión está en marcha.

El reloj de la BUAP mueve sus históricas manecillas.

LA DESCORTESÍA DE CLAUDIA RIVERA CON EL GOBERNADOR

Mucho del talento político se ve en el respeto puntual que los actores tienen de los tiempos y las reglas, las escritas tanto como las tácitas, que son quizá las más importantes.

La ausencia del gobernador Miguel Barbosa Huerta en el acto del Segundo Informe de la alcaldesa capitalina Claudia Rivera Vivanco deberá apuntarse como una enorme falla de ella y de su equipo. O, incluso, necedad.

La razón es sencilla: no recibió una invitación formal y además se maniobró para impedir que, en el programa, como es tradición en Puebla y en muchas entidades, el mandatario emitiera un mensaje una vez que se hubiera desahogado y terminado la sesión protocolaria y legal de Cabildo.

A pesar de que desde Casa Aguayo se buscaron acercamientos para implementar, como en otras ocasiones en Puebla y en muchos otros estados, ese formato, no se encontró respuesta positiva de parte del Ayuntamiento.

Había que ir repasado los desencuentros y quién los provoca, para entender con más precisión el distanciamiento entre el gobernador Miguel Barbosa y Rivera Vivanco.

gar_pro@hotmail.com

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