México, país pluripriísta

21 de Febrero de 2010

Lesly Mellado May

Antropológicamente México en el siglo pasado fue declarado pluricultural; políticamente avanzamos la primera década del nuevo siglo refrendado que somos un país pluripriísta.

La explicación: todos llevamos un priísta dentro ¿o no?

Y aunque el partido a veces es una vieja amada y otras mal querida, siempre se sale con la suya y termina seduciendo.

Así nació el PRI: haciendo una familia de entenados que se declararon hermanos para repartirse el país.

¿Tendría que ser distinto ahora justo cuando se cumplen 100 años de la rebatinga que dio por resultado tan  bonito y pintoresco partido tricolor?

En el año 2002, generado por el efecto Fox se previó que el PAN ganara algunas alcaldías en la sierra norte, un hecho insólito. Fui a Olintla y Zapotitlán de Méndez, me sorprendieron los colores: un cielo muy azul y una tierra muy verde, igual que los colores emblemáticos de los partidos que se disputaban el mando. Como siempre, los indígenas en medio.

Tras montarme en una camioneta roja denominada La Saltarina llegué a Olintla, donde me contaron que la gente era priísta porque así había nacido y aunque estaba por ganar el PAN en realidad todos eran del PRI. La explicación fue simple, los tricolores se dividieron y el candidato panista había salido justo de esa disputa que sobra decir era familiar, porque en esa montaña no son más de cuatro las familias que se rolan el poder.

En Zapotitlán, la situación no era distinta. Los viejos priístas decían sin sonrojo que eran caciques y sabían trabajar con el pueblo, mientras que los caciquillos (sus descendientes) que se fueron al PAN no tenían idea de cómo iban a gobernar. Ahí también caciques y caciquillos eran familia de sangre y de partido.

La sabiduría popular reza que para que la cuña apriete tiene que ser del mismo palo. Por eso, sólo priístas pueden vencer a priístas. Haber dado un voto a Cuauhtémoc Cárdenas y hasta al mismísimo Peje ¿no fue dar un voto al PRI?

Los gobiernos federales panistas han resultado un desatino: autoritarismo puro ¿se conducen como priístas?, claro que sí ¿pues qué hay de otros?, me dijo doña Locha, una mujer serrana que así nació, priísta.

Esta elección en Puebla nos enfrenta a lo mismo: PRI contra PRI.

Y aunque un candidato presuma ser de cepa y el otro de sepa, en el fondo son lo mismo, vienen del mismo árbol. El de cepa ha sumado a la “derecha” y a la “izquierda” que también han sido priístas como él. El de sepa tiene el padrinazgo de uno de los caciques pos…modernos del PRI.

En nueve años de gobierno panista no han podido desmantelar una sola de las columnas priístas. Sí, les arrebataron Los Pinos pero con eso se conformaron, buenos aprendices para las mañas, las malas mañas, y malos aprendices para la estrategia aún no hallan cómo atacar la raíz.

La pregunta es si se podrá acabar la identidad tricolor, la de las tortas y el agua de sabores, el acarreo, la matraca, las porras, la compra-venta de votos.

¿Será que este país está incapacitado para la democracia?

¿Será que estamos condenados a la eterna búsqueda y al permanente desencuentro?

¿Será que nunca renunciaremos al desencanto y la esperanza?

Solidaridad selectiva

1 de Febrero de 2010

Lesly Mellado May

Llevé unas latas, yo deposité en el banco, te juro que intenté adoptar un niño pero me dijeron que no se puede, yo le hablé a un amigo haitiano para preguntar si su familia estaba bien.

Así somos los mexicanos. Corrió solidaridad, letras y angustias en todos lados porque nuestra SEP, las televisoras, pues, nos contaron y recontaron la tragedia en Haití por el sismo.

Pero Haití ya era una tragedia antes del terremoto, igual que Hueytlalpan y Eloxochitlán, municipios poblanos que según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo tienen el mismo bajo índice de Desarrollo Humano; en palabras cristianas: la gente no tiene un ingreso digno que le permita tener buena salud y educación.

¿Alguien se conmovió? No, porque la tele nunca nos dijo que ahí, en esos tres sitios tan lejanos hay condiciones de pobreza e insalubridad que ofenden.

Mientras las televisoras hacían alarde de la solidaridad mexicana, en los diarios se publicaban férreas críticas a la “solidaridad selectiva”, en pocas palabras, a la hipocresía de este país que llora por Willy y Cabañas pero ni se inmuta por una de las raíces de la violencia que nos acosa: la pobreza.

Recordé que al ingresar a la universidad tuve como vecinos de salón a unos haitianos; los poblanos descendientes de los Ángeles procuraban mantenerse lejos. Y esos mismos que teniéndolos junto no les regalaban ni siquiera un saludito (vaya, ni un ligero movimiento de cabeza) ahora sí fueron a dar un donativo para los “hermanos” de la isla.

Hubo quien hasta intentó adoptar un niño haitiano, pero no se pudo, porque como todavía no saben si son huérfanos de a deveras o si un día aparecerá su familia a reclamarlos, pues no los pueden entregar a almas caritativas mexicanas.

(Recordé un cuento de Enrique Serna sobre una solterona de primer mundo que un día extraviado miró una trágica escena en la televisión: un niño desamparado por el sismo de 1985 en la ciudad de México. Así que pidió vacaciones y llegó a la capital de país para pasar varios días en busca de “Roger” -así lo bautizó ella- para adoptarlo).

Confieso, lo más que hice fue hablarle a quien fuera mi vecino de salón para preguntarle si su familia estaba bien. Me respondió que ahora viven en Canadá y que nada malo les ha ocurrido.

Confieso, aunque siempre fui muy saludadora con él y un tiempo su consultora en español, nunca tuve la decencia de preguntarle por su país, quizá porque en esos años recorría la sierra norte y la mixteca escribiendo de la miseria y la riqueza, la misma de la que él huyó. Tan lejos y tan cerca.

Los agravios de la muerte

Este domingo murió Tomás Eloy Martínez. Retomo una frase que escribió sobre su amigo, el entrañable Augusto Roa Bastos: “Es una muerte que me agravia en primera persona”.

Y si los tres nos acomodamos

18 de Enero de 2010

Lesly Mellado May

“La crisis está retedura. Es más, si mi vieja me dice que se va con el sancho, yo le digo que yo me voy con ellos”.

¿Le causó risa el fragmento de este monólogo?

A mí no. No tengo sentido del humor, todos me reclaman.

Apenas iban 11 días de la cuesta de enero cuando me topé con trágicas estampas de la crisis económica.

El primer día de vuelta al mundo real, un anciano subió al microbús para cantar “La verdolaga”. Llevaba atada al cuello una vieja grabadora que reproducía una cinta inundada de gis. Su simpatía salvó su pésima voz y consiguió algunas monedas del respetable en movimiento. Y pensé que ojalá la crisis fuera como el amor y la verdolaga que se da un tirón y se acabó.

Un día más tarde, el senador Jorge Ocejo decía que no había gasolinazo, pero sí abuso de todos con el pretexto del aumento del precio del combustible.

Minutos después de escucharlo caminé por la 3 Norte de Reforma a la 18 Poniente. Miraba a las mujeres en el piso pidiendo 3 pesos por unos jitomates, pregonando las maravillas de las hierbas, cubriéndose del intenso frío con delgados suéters y calcetas, y recordaba las palabras del senador que aseguraba que no tenía por qué haber una espiral inflacionaria.

Me subí a una RS14 que va del centro de Puebla a Cholula. No alcanzaba a sentarme cuando el chofer saludaba con una moneda de cinco pesos a un agente de Tránsito a punto de la jubilación, si no es que ya hasta se pasó.

Calles adelante se subió un hombre de unos 40 años. En su rostro se estampó la crisis. Se nota que hizo un arrebatado intento por dibujarse de payaso, pero no le salió. Iba con ropa común, con la crisis a poco le iba a alcanzar para hacerse su traje y comprarse los zapatos: “La crisis está retedura. Es más, si mi vieja me dice que se va con el sancho, yo le digo que yo me voy con ellos”.

Tragedia, sí. Lo imaginé frente a su mujer y sus hijos, impotente, con las manos vacías. Y no pude reírme, ya lo sé, no tengo sentido del humor y soy religiosamente melodramática.

Pero mis anécdotas de microbús resultan una broma junto a la estadística de la Secretaría de Seguridad Pública y Tránsito Municipal de Puebla.

La semana de Navidad a Año Nuevo en que la radio y la televisión nos ordenaban comprar para ser felices, regalar para demostrar la querencia y estrenar para hacerlo todo el año, cayeron en la capital unos 170 farderos.

En 2008, “Antes presa que sencilla” fue una celebrada cabeza para una nota de una fardera que pretendía robarse de un supermercado tinte para el pelo, pintura de uñas y un desodorante. Esos productos se llevaban hasta noviembre de 2009. Para la última semana de diciembre fueron a dar a la policía mujeres y hombres que se quisieron hurtar paquetes de bisteces, pollo, pañales y leche.

Y eso que todavía faltaba el Día de Reyes. Entre los farderos fue capturada una anciana que cambió las etiquetas de unas muñecas Blanca Nieves (con sus enanos y todo) para pagar 300 pesos y no 900 como están valuadas por el marketing. El motivo: se quedó sin trabajo y no tenía para los reyes de sus nietas.

La misma suerte corrieron otros: un joven que se llevaba un hombre araña, pedido expreso de su hijo; y un señor que se escondió entre sus ropas un DVD portátil con todo y una serie de películas infantiles porque su hija tenía una pierna rota y no podía salir a jugar, y él aunque quisiera no podía salir a trabajar porque lo corrieron en noviembre para ahorrarse el aguinaldo.

Espero que la crisis traiga algo bueno y les pueda contar: “Sí, los tres nos acomodamos”.

No te quiero verde

10 de Enero de 2010

Lesly Mellado May

Un chubasco detuvo mi navegación y estoy de vuelta.

Hasta hace un par de años la carretera que conducía al sureste mexicano era custodiada por un par de fotografías tamaño natural de patrullas de la entonces Policía Federal de Caminos.

Y ahí iba uno atravesando humedales, ríos y pantanos con la zozobra de encontrarse con la foto estampada en plástico de tan temidos vehículos.

Además, era imprescindible saber el himno nacional (el mexicano, por supuesto) para regresar al centro del país, pues si tenías pinta de centroamericano te hacían una sesuda prueba de mexicanidad: entonar las gloriosas notas al menos hasta el “nombre de masiosare” (como dicen mis parientes).

Así que no había más que tres “obstáculos”: las fotos de las patrullas, los agentes de migración y la mala memoria de tus años en la primaria.

Pero las cosas cambiaron en los caminos del edén: por aquí y por allá retenes militares que operan a toda hora del día y que no andan con miramientos (más que con las venerables ancianas) si tu auto tiene placas de circulación de Puebla.

Llegué a Tabasco un par de días antes de que fuera capturado el poblano que colaboró en la ejecución de la familia del marino Melquisedec Angulo Córdova, quien falleció en el operativo en el que murió el narcotraficante Arturo Beltrán Leyva.

Alrededor de Paraíso, sitio de la masacre, había campamentos militares que detenían a todos los vehículos para preguntar a dónde vas, de dónde vienes y hasta por qué.

Mala fortuna si tu vehículo llevaba placas de Puebla: bájate, abre puertas y cajuela, muestra tu credencial del IFE o aunque sea del Sam’s, cuenta en qué trabajas y por qué osan darte vacaciones, enseña tu tarjeta de circulación (bueno, la del coche), levántate la playera para demostrar que no llevas armas (de fuego, yo creo), explica una y otra vez por qué andas en territorio tabasqueño con un vehículo poblano.

No importaba si pasabas de ida o vuelta, o de vuelta o ida e ida, si transitabas por ahí una o cinco veces, la revisión era implacable y siempre la misma, eso de habitar en la tierra del camote se convirtió en una pesadilla.

Me parecía un exceso; exceso que se aclaró días después cuando se difundió la detención del poblano involucrado en la masacre de Paraíso, de la que no se habla más que en voz baja y con recato, tono que hasta hace poco era desconocido por la zalamería costeña.

Opté por conseguir un cayuco prestado y así atravesar un municipio cuyo nombre se convirtió en paradoja, (el) Paraíso, el del verde edén, ahora verde militar.

Buscando mi aguja, y no precisamente en un pajar

30 de Noviembre de 2009

Lesly Mellado May

Prontamente los oculistas deberán ser incluidos como parte fundamental de los procesos electorales.

Y es que la miopía no sólo aqueja al árbitro, están, estamos o nos hacemos enfermos todos: jugadores, entrenadores, cronistas y espectadores.

Aparte dejamos a los señores estadísticos que viene a enredar el cuadro de miopes, ciegos y tuertos, que casi a diario acuden a la red demoscópica a buscar sólo los datos que quieren ver.

La guerra de encuestas entre suspirantes a candidatos en el PRI fue gestada desde Casa Puebla cuando se estableció que el ganador se determinaría a través de encuestas de opinión. Aunque ahora, ya que las batallas han dejado varios heridos, el discurso cambió: las encuestas son sólo una herramienta, y uno se pregunta ¿en el taller de la sucesión cuántas llaves y serruchos hay? o ¿de qué herramientas estamos hablando?

Más allá de quién va adelante y quién no tiene aliento para dar un paso más, yo reclamo mi derecho de tender una red a las encuestas, hacer una pesca milagrosa de datos no sobre los candidatos… mi interés son los ciudadanos justamente desinteresados por lo que tanto ocupa y enfrenta al círculo rojo.

En los estudios publicados durante las últimas semanas sobre quienes aspiran a ser gobernador y presidente municipal capitalino se han privilegiado las preferencias electorales y poco o nada se ha dicho sobre el número de personas que en realidad conocen a los aspirantes. No es lo mismo evaluar preferencias y conocimiento por mención espontánea, que dar al encuestado una lista de nombres.

El pasado 18 de noviembre, en la columna “A puerta cerrada” de Jorge Rodríguez en El Sol de Puebla, se difundió un estudio del CISO de la BUAP en que se revela que de los 2110 ciudadanos encuestados sólo el 26.9 por ciento mencionó espontáneamente el nombre de algún precandidato.

De esas 567 personas que saben aunque sea ligeramente de la rebatinga que se traen unos 10 sujetos por administrar un presupuesto de 50 mil millones de pesos al año (por poner una conservadora cifra para 2011), 219 aseveraron que votarían por Javier López Zavala; que representan apenas al 10 por ciento de los encuestados.

El panista Rafael Moreno Valle tuvo unas 185 menciones; Enrique Doger, 70; y Blanca Alcalá, 44. Estos números fueron estimados a partir de lo publicado por Rodríguez.

¿Debería preocuparse Javier López por la triste estadística del CISO?, la respuesta es no.

Veamos. Mario Marín ganó la elección de gobernador con sólo el 27.6 por ciento de votos, según lo publicado en la memoria del Instituto Electoral del Estado. De los 3.2 millones de electores, sólo 1.7 millones acudieron a las urnas, y de éstos sólo 886 mil votaron por el oriundo de Nativitas.

Blanca Alcalá no tuvo mejor suerte. Su campaña de “Mujer de soluciones” sólo convenció al 21 por ciento de los votantes que en total eran un millón 40 mil, pero sólo acudieron a las urnas 440 mil y de éstos 224 tacharon la boleta a favor de la hoy alcaldesa.

Vuelvo a la miopía, la más grave y provocada por el propio círculo rojo, es la de los ciudadanos que ocupados por sobrevivir a la crisis no tienen tiempo ni aliento para involucrarse en eso que llamamos democracia.

Puntada invisible

10 de Noviembre de 2009

Lesly Mellado May

Está grandotote, tiene letras rojas, y la cara de un señor, ¿no lo han visto?… les queda de frente cuando salen de la escuela.

Desilusión. Un gran espectacular montado en la Vía Atlixcáyotl apenas si ha sido visto por los electores.

Aunque desde hace meses los aspirantes a candidatos andan en lo suyo, este martes inició legalmente el proceso electoral. Así que aunque la fecha no sea más que una formalidad en el mundo de la simulación, vale para contar historias de desilusión.

Gerardo Pérez Salazar, secretario de Finanzas, acudió al Tecnológico de Monterrey a dar una conferencia sobre la crisis económica. Sondeó al público: ¿quién sabe quién es su diputado local? y ¿el federal?, pocas manos atendieron el llamado.

A dios gracias no preguntó si habían visto su espectacular colocado justo frente a la entrada de la institución porque en ese momento le hubiera dado un soponcio.

Platicando después con los muchachos caímos en la cuenta que nadie lo conoce, y que pocos, poquísimos, han visto un espectacular que promociona su imagen. De hecho, algunos sólo hasta la conversación se dieron cuenta que el espectacular que sí vieron tenía la imagen del mismo señor que les dio una conferencia.

Hubo algunos crueles que criticaron al diseñador y los realistas le dieron la razón al funcionario y aspirante a candidato: a los jóvenes no les importa la política aunque parte de su futuro sea diseñado por esos señores, ya viejones, que ni conocen.

En los últimos meses los priístas se dieron vuelo poniendo espectaculares que sólo sirvieron para alborotar la gallera en el círculo rojo porque lo que es el ciudadano de a pie, el estudiante de élite, la señito que lleva a los chamacos a la escuela, ni se dieron por enterados.

¿Cuánto gastaron?, nunca lo sabremos.

¿De dónde salió el dinero?, menos lo sabremos.

Lo que sí sabemos es que nos llega otra elección en la que la participación ciudadana será mínima y el beneficio sólo será para unos cuantos.

La última puntada de la abuela

4 de Octubre de 2009

Lesly Mellado May

Cómo que se marcha un amanecer de domingo.

Cómo que después de acariciar el alma, hinchar el corazón e increpar a la razón en los mejores y los peores días nos despierta un domingo con su ausencia.

No podía llamarse de otra manera: Mercedes, la libertadora, la misericordiosa

Cursaba el bachillerato cuando escuché la voz de La Negra por primera vez; “suena como regañona”, soltó la más cursi de la clase; “una voz portentosa”, dijo alguien más; “no, una voz monumental, sabia y con savia”, corrigió el profesor.

Escuchamos parte del homenaje a Violeta Parra, “Gracias a la vida”, una canción grabada en 1971, cuando ninguno de los estudiantes había nacido. El profesor también nos puso “Volver a los 17”, justo cuando apenas llegábamos a los 17 en la primera ida y no alcanzábamos a comprender nada de nada.

Más tarde en la universidad, Mercedes se hizo como la abuela, una canción a la patria o al amor se convertía en la consigna perfecta para salir avante, el consejo para actuar o dejar pasar, para volver como una cigarra, para no callar o de plano para ahogarse en agua bendita porque ya ni el diablo nos iba a salvar.

Por aquella época Mercedes Sosa editó “Escondido en mi país”, donde incluyó “Para cantar he nacido”, que de alguna manera tiene que ver con el mundo que le toca contar al periodismo:

Para cantar he nacido
soy copla que el viento lleva
a veces canto en el árbol
que se deshoja de pena
a veces bebo del fuego
palabras de primavera.

Yo nunca miro a la rosa
por su color de quimera
la miro porque ella tiene
la sangre de los que sueñan
porque en sus gajos florecen
las manos del que la siembra.

Por eso canto a las cosas
que me va dando la vida
a los changuitos de barro
hondeando lunas perdidas
al tallo con sus espinas
y al hombre con sus heridas.

Sólo una vez la escuché en vivo, fue una noche fría, lluviosa y conmovedora en el zócalo de Puebla.

Este año cumplí 34 y justo cuando apenas voy por la primera vuelta a los 17, la abuela dio su última puntada…

Por supuesto que a su entierro no irá sola y llorando, iremos todos… cantando.

Montando puntos

22 de Septiembre de 2009

Lesly Mellado May

Ruta 2010. Aparecen por todos lados, de ida y vuelta, en lomas y planicies, junto a pinos y nopales, conducen a todas partes y a ninguna, se apuntan unos a otros y nadie sabe cuál es el destino marcado por tan famosa ruta.

Esos inofensivos letreros de letras rojas dicen “Ruta 2010” y como si se tratara de un bastón de mando, a lado de derecho aparece una flecha que igual apunta al norte que al sur, al Atlántico que al Pacífico.

Fueron colocados en lugares históricos y en otros donde la Independencia y la Revolución no son más que historia y mito, pero no realidad.

¿Cuál es la ruta 2010?, se pregunta cualquiera que transita por las carreteras del país.

Lo que todos sabemos es que no hay ruta, ni siquiera para festejar el centenario de la Revolución y el bicentenario de la Independencia.

Hace unos 24 años, Adelina (eterna maestra de primaria) entusiasmada imaginaba cómo serían los festejos de 2010. Qué lejos estaba de saber que un año antes de la gran fiesta, el zócalo de Puebla iba a estar militarizado.

También estaba muy lejos de pensar que el encargado de organizar el jolgorio patrio en Puebla iba a ser justamente una pieza arqueológica (¿o paleontológica?), la antítesis (¿o acaso representante?) de la Revolución, el cacique (ya no gordo) huauchinanguense, sí Guillermo Jiménez Morales, cuya familia disponía de almas y haciendas como si se trataran de fichas de casino, de su casino, por supuesto, porque la casa nunca pierde.

Hubiera desmayado sólo de leer que en la capital poblana se celebró el mes patrio en 2009 anunciando una nueva línea de calandrias, perdón, camiones, sí, la pomposamente llamada “Ruta Bicentenario”.

Para su fortuna, mi maestra murió hace 10 años, así que ya no pudo extrañar los tiempos de don Porfirio cual personaje de “México de mis recuerdos” o “Los olvidados”.

Y si no hay brújula para la fiesta, menos para las cosas serias.

Parece que tanto disperso y contradictorio letrero de Ruta 2010 no es más que un mal presagio para el que ni siquiera buscamos un conjuro.

Al igual que los letreros de la dizque conmemoración que aparecen por todos lados sin ton ni son, se ve el destino mexicano.

El modelo de Estado y de gobierno está agotado, la Constitución creada a inicios del siglo pasado no da para más. El mundo ha cambiado y nosotros seguimos aferrados al viejo país.

La “transición por la derecha” fue un síntoma, el problema es que la transición se convirtió en continuidad, no hay gran diferencia entre los gobiernos del PRI y el PAN, los priístas berrean ante el 2 por ciento de aumento en impuestos olvidando que un día nos propinaron la “roqueseñal” y el Fobaproa.

Si los politólogos, asesores de todos los partidos, han coincidido en que el sistema de gobierno presidencial fue el éxito de Estados Unidos y el gran fracaso de América Latina, por qué no se discute ya una reforma constitucional que sí nos funcione.

Tejiendo al estilo Penélope

24 de Agosto de 2009

Lesly Mellado May

México es el país de la simulación. Puebla como una parte de la trama nacional lleva su parte.

En las últimas semanas priistas y panistas andan muy activos organizando a las “masas” para definir al candidato, aunque en el tricolor el gran elector ya dijo, y en el PAN cada vez se hacen más bolas.

La regla dice que no pueden andar así de proselitistas, pero tomando en cuenta la crisis económica les agradecemos la derrama económica (que aunque nos cobrarán en breve y con altos intereses, cual debe ser) que generan los cumpleaños, informes, giras de trabajo, quince años y hasta bodas.

¿Qué harían los alquiladores de sillas, mesas y lonas sin tanto cumpleañero deseoso de votos?

¿Qué sería de los transportistas sin gente a la cual acarrear?

¿Qué sería de los tablajeros sin pedidos de cientos de kilos de carne para tanto invitado de honor a las fiestas de los suspirantes?

¿Qué sería de los mariachis sin candidato al que cantar?

¿Qué sería de los meseros sin pueblo al que servir?

Ya viéndolo así, señores del Instituto Electoral del Estado sigan incólumes, que siga corriendo los mixiotes, pasteles y cheques… Gracias por no parar tan espléndida y oportuna derrama económica.

El encaje de Ángeles

28 de Julio de 2009

Lesly Mellado May

Los que tienen dinero dicen en público que lo único que hace falta para concretar los propósitos es voluntad y corazón, al menos eso reza el encaje de Ángeles.

En privado saben que no es así, que cuando se tiene que limpiar una fortuna y ganar eternidad es necesario promocionar obras de caridad y controlar al círculo rojo.

Este último fue el empeño de Ángeles Espinosa Rugarcía. El pasado 20 de julio develaron en el zócalo una escultura en su honor y en el Congreso fijaron con letras de oro Ángeles Espinosa Yglesias, su nombre de pila con los apellidos de su padre, acusado de explotación, especulación e incluso venta ilegal de alcohol.

En octubre de 2007, Jacobo Zabludovsky difundió por la radio: “Una persona ha muerto en México a causa del estifilococo aureo. Es la primera vez que se da a conocer públicamente la muerte por esta bacteria que ha causado más 100,000 casos en Estados Unidos. No se trata de una persona cualquiera –según la información cuya fuente no puedo revelar, pero que es totalmente confiable–, la señora Ángeles Espinosa Yglesias, hija de don Manuel Espinosa, falleció la semana pasada en el Hospital Inglés, por el estafilococo aureos”.

Ángeles Espinosa Yglesias era una persona totalmente sana, fue a un chequeo general en un hospital de Boston, le hicieron una biopsia del hígado y parece ser que allí le fue contagiado el estafilococo, que es más contagioso y mortal que el SIDA”, indicó.

Tras la muerte de la mujer, muchos escribieron halagando sus aportaciones a la reparación de los templos afectados por el sismo de 1999 (obras sobrefacturadas y que sirvieron para deducir impuestos) y su labor en el Museo Amparo (en el que hay que pagar para entrar porque no es beneficencia).

Pero nada se dijo de su lado oscuro, el que todos tenemos. La encontré varias veces justamente en el Museo Amparo donde llevaba a sus amistades para presumir sus exposiciones, como se hace con un avión o una residencia. La escuché decir que no regalaba la entrada al museo porque lo regalado no se aprecia, y también estuve presente en escenas bochornosas: humillaba a sus trabajadores y trataba a funcionarios estatales y federales como si fuesen sus empleados.

Las humillaciones eran toleradas, decían gustosos los afectados, porque la señora era muy bondadosa y regalaba millones para la conservación del patrimonio cultural de Puebla.

Millones cuyo origen fue severamente cuestionado por Teresa Bonilla, investigadora de la BUAP, quien documentó las andanzas de la dupla William Oscar Jenkins-Manuel Espinosa Yglesias.

Ángeles fue hija de uno de los banqueros más importantes de este país, un hombre que explotó a campesinos y obreros en el ingenio de Atencingo, y que vendía clandestinamente alcohol al mercado norteamericano, por citar algunas de sus actividades.

Tomando en cuenta que algunos de esos millones fueron destinados a obras de “caridad”, significa que: ¿la fortuna está limpia?, ¿se justifica explotar a los pobres para luego utilizar lo que se les quitó a favor de la cultura?

Alguna vez escuché a alguien decir que las fundaciones Amparo y Mary Street Jenkins, en realidad debían llamarse “cañeros y obreros de Atencingo” porque los recursos de éstas fueron conseguidos a base de su explotación.

¿Se merece Ángeles que su nombre haya sido colocado en el Congreso y que en su recuerdo se haya instalado una escultura en el zócalo?

Ambas acciones generan escozor.

La escultura en el zócalo fue cuestionada por algunos amantes del centro histórico, quienes tuvieron respuesta. Uno de los defensores de Ángeles respondió que el elemento contemporáneo elaborado por Jan Hendrix va bien con el entorno histórico, casi casi como la pirámide de cristal en el museo del Louvre (sic).

En la base de la escultura, que evoca un encaje según el propio autor, se inscribió una frase de la hija del banquero en la que habla de la permanencia de las obras hechas con el corazón.

Los turistas se toman la foto con la pieza, dicen que es chistosita, curiosita, que parece un kiosko, un encaje, un árbol…

Pero qué hay de quienes solemos sentarnos en el portal Morelos, en lugar de la fuente de San Miguel ahora tenemos como paisaje el encaje de Ángeles.

Y ahora sí como dijera la sabiduría popular: está bueno el encaje, ¡pero no tan ancho!