Ni el gobernador Rafael Moreno Valle ni el panismo duro (representado por El Yunque) están dispuestos a ceder en su afán de controlar la alcaldía de 4 años y 8 meses, por lo que en el PAN se hace –oooootra vez- todo lo posible para perder en julio del 2013, pero no sólo la ciudad, sino otras más y varios distritos en el Congreso del Estado.
A un año de distancia no se observa en ningún grupo de interés un aspirante fuerte. Por el contrario, la pugna abierta vislumbra una campaña desdibujada, igual que pasó con la de la fallida Josefina Vázquez Mota, quien arrastró a la debacle a muchos candidatos a diputados federales, senadores y gobernadores.
Quienes consideran que pueden ser candidatos a alcaldes de otros municipios o diputados al Congreso del Estado, ya ven con terror que en sus disputas las cúpulas del partido generan todo aquello que ha sido causa de sus derrotas, mientras que por el PRI se va perfilando una posición fuerte semejante a la que logró en lo nacional -guardando las proporciones- Peña Nieto.
Adicionalmente, el crecimiento de la izquierda en el estado y en la zona metropolitana les alarma, pues puede dividir al voto antipriista si el PAN no tiene una oferta consistente capaz de aglutinar a la masa crítica tanto del morenovallismo como del yunquismo.
Lo que con gran preocupación observa el panismo, es que ni el morenovallismo ni el yunquismo proponen a un candidato fuerte, convincente, capaz de plantear proyectos creíbles por la sociedad y de confrontar vigorosamente a adversarios montados en una inercia ganadora.
El gobernador propone a Fernando Manzanilla, quien es de su plena confianza y hasta eficiente colaborador, pero de ninguna manera un líder del panismo, mucho menos lo son Tony Gali, Aguilar Chedraui o Amy Camacho, quienes además no se esfuerzan en llegar a serlo, sino que en todo caso esperan a ser designados por el Señor.
Por el lado del Yunque hay ya pugnas y podría difícilmente apostar por Miriam Arabián, puesto que la delegada -hasta el 1 de diciembre- ni les garantiza el control que ellos necesitan ni parece una candidata suficientemente fuerte.
Juan Carlos Espina es ciertamente un panista -yunquista- de cepa, tiene trayectoria, pero sería un candidato a lo Toño Sánchez, que reuniendo todas las virtudes orgánicas no es un candidato atractivo.
Ana Tere quiere una vez más. Lo suyo es ser candidata a lo que sea, ya la vimos como candidata a senadora por Guerrero y perdiendo incluso la plurinominal, jamás ha ganado una elección y sus tiempos de carismática líder social pasaron hace varios lustros, mientras que el Tigre Aguilar Coronado viene de ser vapuleado en la interna por la presidencia, cuando coordinando la campaña de Santiago Creel no logró presentarse como una opción viable para el panismo y logró sólo el 6% de los votos.
El desempleo es canijo, pero no parece ni que Ana Tere ni el Tigre sean del agrado y la confianza de los jefes de la Organización ni de que estén en posibilidades de abanderar al PAN mientras Moreno Valle sea el gobernador. Pablo Montiel, Íñigo Ocejo y otros nombres que se mencionan, más bien parecen vacilada.
Mario Riestra trabaja y sabe que depende de la anuencia del gobernador y del beneplácito del Yunque. Por sí mismo no lograría la candidatura, depende de la posibilidad de llegar a ser aceptable para las dos partes, por lo que -como todos los demás mencionados- se muestra más bien débil. Aspira más a candidato que a alcalde.
En suma, mientras el gobernador y El Yunque busquen imponer un candidato que les garantice el control, la lealtad absoluta y no crezca para disputarle el poder, el PAN está condenado al fracaso.








