Entre broma y broma…
KarinaCruz
La cruel matanza de todos los menores de dos años en Belén ordenada por el Rey Herodes, vuelta hoy en un día dedicado a hacer las más crueles bromas es una especie de locura digna de analizarse.
Podríamos referirnos a este cruento capítulo de la fe católica como un ejemplo de lo que representa un mecanismo de defensa, recordemos que son aquellos procesos psíquicos con los que, inconscientemente, tendemos a reprimir algo que resulta inapalabrable.

Un primer apunte sería considerar la broma como revelación. Recordemos que para Freud “todo chiste, en el fondo, encubre una verdad”. En el Día de los Inocentes, las bromas funcionan como una forma de liberar contenidos inconscientes, verdades no dichas, o ansiedades disfrazadas de humor.
Entonces el chiste, según la teoría freudiana, es otra de las manifestaciones de lo inconsciente, así que este 28 de diciembre, es la fecha propicia para dejar salir ese lado oscuro y perverso en el que todo lo que se diga, como dice ahora la chaviza, “es broma, pero si quieres no es broma”.

Muertes, embarazos, bodas, préstamos, etc, son las cuestiones con las que se suele “jugar” para sorprender al otro, tal vez porque esas situaciones que suponen lazos o posiciones que conllevan ciertos dilemas éticos siempre resultan difíciles de apalabrar, pero en esta fecha, encuentran el escaparate perfecto, para poder salir bien librado del malentendido que, tal vez, en realidad quisiéramos que fueran un hecho.
Además, otro apunte desde el psicoanálisis sería que esta “celebración” nos recuerda la pérdida de la inocencia original (la del niño que no ha sido dañado) y cómo, incluso en el juego, se asoma la verdad sobre nuestras defensas y nuestras fantasías, un tema central que se escucha en el diván.
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