No dejes para mañana, lo que puedes gozar hoy
KarinaCruz
¿Por qué dejamos para mañana lo que podemos hacer hoy? ¿Por qué algunos esperamos hasta los últimos minutos de la fecha de vencimiento para pagar la tarjeta de crédito, reemplacar el auto, pagar el control vehicular o el impuesto predial? La respuesta sería: porque, aunque suene extraño, gozamos, gozamos de estar de alguna manera en agonía, a un paso de dar por finiquitado un pendiente. Lo peor es que no solo no resolvemos esas cosas que implican algún significante en nuestra vida cotidiana, sino que además les damos vueltas y vueltas sustituyendo esas acciones por otras con menor valor psíquico.
En este mal hábito que algunos llaman “procrastinación” se esconde esa neurosis que tiene al sujeto con los nervios de punta porque su posición gira en torno al Super Yo, es decir, la de no estar en falta, por eso prefiere tener una lista de pendientes por cumplir, tareas por hacer, obligaciones con las cuales gozar, pero sobre todo: decisiones que tomar.
A lo largo de mi práctica analítica he observado algo: decidir no es el problema, actuar es la cuestión. Sin importar el conflicto que se esté atravesando, suele ser en la primera sesión cuando los pacientes plantean la encrucijada de su vida que los carcome, con la que fantasean con llevar a cabo, pero que les genera culpa, miedo a equivocarse y arrepentirse o mucha angustia por enfrentar a la otra persona involucrada.
Y para eso está el diván, para roer, una y otra vez, las palabras que, a veces, sólo se atreven a hilar en este dispositivo clínico. ¿Qué debo hacer? preguntan como si se tratara de tomar analgésicos. Conforme transcurren las sesiones pareciera que están convencidos del camino a seguir, sin embargo, no se animan a emprenderlo. Y ojo, ni siquiera tiene que ser el abandonar un hogar o mudarse de país. A veces sólo es una conversación crucial con su madre, una negociación con su pareja, poner límites a su jefe, etc. Un pequeño paso que represente un movimiento en la posición del sujeto con alguno de los lazos que lo sostienen en su vida cotidiana. Entonces comienzan a procrastinar, como le llaman en psicología a postergar, a dejar para mañana lo que se puede hacer hoy, en psicoanálisis permanecer en esa zona de confort apuntará más a un goce, en el que por extraño que se lea: hay una ganancia de placer psíquico en medio del displacer.
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