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Una palabra bastará para sanar mi alma 

Una palabra bastará para sanar mi alma 
Una palabra bastará para sanar mi alma  Crédito: Especial
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Una palabra bastará para sanar mi alma 

Dice el Evangelio según San Mateo que “una palabra tuya bastará para sanar mi alma”. Y es real. ¿Qué sería de nosotros sin la religión, en concreto sin lo espiritual como un referente simbólico e imaginario?

Necesitamos confiar en alguna deidad para dejar nuestra naturaleza primitiva e insertarnos de alguna manera dentro de una ley que regule lo bueno y lo malo, que ampare certezas, principalmente cuando alguien llega a sentirse extraviado. 

Y eso también escuchamos en la clínica psicoanalítica: el Dios que el paciente lleva a la sesión es un objeto interno, uno más de los personajes que pueblan su mundo interior. Y es que para Freud la religión funciona como una suerte de neurosis obsesiva colectiva. 

Muchas de las decisiones o encrucijadas en la historia de vida de los pacientes atraviesan el campo de lo que su religión les permite o no. Es decir, de si son buenos cristianos y serán compensados con la aprobación del padre todopoderoso. 

Fue Freud a quien también se le atribuye la frase: “No puedo pensar en ninguna necesidad tan fuerte, como la necesidad de la protección de un padre”. Y este Viernes Santo es la ocasión para honrar a ese padre que representa uno de los principales referentes simbólicos en los que se recarga la ilusión de un porvenir que todo sujeto necesita para soportar su manera de estar en este mundo. 

Y aquí me gusta una idea del psicoanalista argentino Luciano Lutereau, quien sugiere que más allá de un Dios que existe para reparar el mal en el mundo, es más bien una solución del humano a recurrir a una instancia espiritual, y es por ello que son los propios feligreses quienes deben dar testimonio de la existencia de este ser divino, no sólo con la palabra, sino con los actos. 

“En un mundo sumamente productivista, en el que la lógica de explotación y descarte es el pan de cada día, recuperar la dimensión de lo espiritual está lejos de la neurosis o de una entrega al pensamiento mágico. Es la forma de resistir a la barbarie que se presenta con aires de civilización”, escribía Lutereau a propósito de la posición del psicoanálisis en torno a la religión.

En esta Semana Santa más allá de abstenerse de comer carne roja o llenar de plegarias los templos, convendría analizar cuáles y cómo estamos posicionados ante los vínculos espirituales que heredamos de nuestros padres o que elegimos por convicción. No para sostenernos en una fe ciega o que caiga en lo surrealista, sino para cuestionarnos qué tanto necesitamos de la espiritualidad para no dejar de ser humanos. 

Instagram: @karycruiz 

Comunicóloga y Psicoanalista con 22 años de trayectoria interdisciplinaria.
Fan de las historias de vida, el cine, la música y la literatura.
Inició como reportera en El Universal de Puebla y Radio Tribuna.
Jefa de producción de Noticias en La Tropical Caliente.
Jefa de la sección de Espectáculos en El Sol de Puebla.
Coordinadora de Contenidos en Estrategia en Línea.
Psicóloga en consultorio privado, docente en sus ratos libres y aspirante a escritora de cuentos.