Posted inErica Rubí Ramírez Martínez

Carta sin enviar a la chica de 17 que fui

Carta sin enviar a la chica de 17 que fui
Carta sin enviar a la chica de 17 que fui
Posted inErica Rubí Ramírez Martínez

Carta sin enviar a la chica de 17 que fui

Si pudiera regresar, me sentaría con ella, con esa muchacha de 17 años que se reía bajito por miedo a sonar ridícula, que se medía las palabras en clase para no parecer “intensa”, que estudiaba el espejo buscando algo que corregir antes de salir a la calle, le diría algo simple, casi obvio, pero que en ese momento nadie supo decirme: no estás siendo demasiado, esa risa fuerte, esa opinión incómoda, ese cuerpo que ocupa espacio en el camión… no son un error que haya que corregir, son tu forma de estar viva.

Le diría también que el silencio que aprendió a cargar no la protege, solo la encoge, que está bien buscar lugares seguros —es sensato—, pero que el objetivo no es esconderse mejor, sino encontrar gente con la que no haga falta esconderse, que su valor jamás se medirá por cuántos chicos la encuentran agradable.

Pensé, durante mucho tiempo, que esa carta pertenecía al pasado, a un mundo que ya habíamos dejado atrás, hasta que leí una investigación reciente y entendí que no.

EL MISMO GUION, OTRA PANTALLA

La BBC entrevistó a 150 adolescentes de entre 13 y 17 años para preguntarles cómo era ser chica hoy, casi todas empezaron sus respuestas con la misma frase: “los chicos piensan…”, “los chicos dicen…”, “los chicos quieren…”. Ninguna conversación sobre su propia vida lograba sostenerse sin que la mirada masculina apareciera como filtro obligatorio.

Las profesoras lo confirman: muchas alumnas “mantienen la cabeza gacha” para “pasar por debajo del radar”. La doctora Ola Demkowicz, del Instituto de Educación de Manchester, lo llama “adultificación”: a las niñas se les exige ser maduras, contenidas, educadas, mientras a los niños se les permite ser ruidosos porque “son niños siendo niños”. Esa diferencia, repetida miles de veces desde la infancia, moldea la voz y la postura con la que después caminamos por el mundo.

A esto se suma el acoso como ruido de fondo, según Girlguiding (2024), el 68% de las chicas modifica su comportamiento diario —ropa, rutas, horarios, gestos— para evitar el acoso sexual, calculan riesgos antes de salir de casa, casi todas las entrevistadas mencionaron haber recibido comentarios sexuales en la calle siendo aún niñas.

Hasta aquí, poco distinto de mi adolescencia.

LO QUE SÍ CAMBIÓ: YA NO HAY TREGUA

La gran diferencia es esta: yo podía apagar la luz, cerrar la puerta de mi cuarto y respirar, hoy esa puerta cerrada no protege de nada, la presión vive en el celular, encendida las 24 horas.

El informe Generation Isolation de OnSide Youth Zones (2025) advierte que el 76% de los jóvenes pasa la mayor parte de su tiempo libre frente a una pantalla, y el 48% lo hace encerrado en su habitación, una generación que se siente acompañada y profundamente sola al mismo tiempo.

Las chicas no son ingenuas: saben que les venden estándares imposibles —se indignan de que a niñas de 8 años les regalen cremas antiarrugas en Navidad—, pero sienten que no pueden quedar fuera, perderse la última conversación de Instagram o TikTok significa, muchas veces, perder algo más: una amiga, un chiste compartido, un lugar en el grupo.

Es la misma trampa antigua —agradar para pertenecer— pero ahora sin pausa, sin fines de semana, sin vacaciones.

MÁS MUNDO REAL

Prohibir las redes no basta si no hay nada del otro lado, las adolescentes no necesitan menos pantallas: necesitan más mundo real, lo que algunos investigadores llaman “terceros espacios”: clubes, equipos deportivos, talleres de arte, grupos comunitarios, lugares donde no hay que gustar, ni rendir, ni filtrarse, donde una chica puede ser ruidosa, torpe, ambiciosa o tonta sin pagar peaje por ello.

A TI, QUE TIENES 17 HOY

A la chica que tal vez está leyendo esto desde su cuarto, con el celular vibrando a un lado: yo también tuve días muy oscuros a tu edad. días en los que pensé que el problema era yo, que tenía que achicarme un poco más, callar un poco más, gustar un poco más, no era así, tampoco lo es para ti.

El mundo en el que te tocó crecer no es el que mereces, pero ese mundo no te toca soportarlo callada: te toca disputarlo, habla más fuerte, no menos, ocupa más espacio, no menos, busca a esas amigas -y amigos- con quienes no tengas que esconderte y cuídales como un tesoro, porque lo son, atrévete a apagar el celular un rato y a descubrir quién eres cuando nadie te observa.

No esperes a cumplir cuarenta para darte permiso, ese permiso ya es tuyo, siempre lo fue y el mundo que estás imaginando —uno en el que puedas caminar tranquila, hablar libre, equivocarte sin castigo— ese mundo se construye empezando por una decisión muy sencilla y difícil, al mismo tiempo: negarte a desaparecer.

(*) La autora es psicóloga

Contacto:

Instagram: @ericarubipsicologa

Facebook: Erica Rubi Ramírez Martínez

Referencias

Demkowicz, O. (2024). Research on adolescent girls and mental health. Manchester Institute of Education, University of Manchester.

Girlguiding. (2024). Girls’ Attitudes Survey 2024. Girlguiding UK
OnSide Youth Zones. (2025). Generation Isolation: The state of young people’s lives in the UK. OnSide.