Pre-pre campañas… Si se legalizaran los procesos internos
Rodolfo Rivera Pacheco
Seguimos viviendo el apogeo de un episodio que, sin ser ilegal, sí adelantó el proceso electoral que se verificará hasta junio del año entrante. Las llamadas pre-pre-pre campañas están a todo lo que da en los estados donde se elegirá gobernador (17), pero en prácticamente todos donde se elegirán presidencias municipales, diputados locales y diputados federales.
En pocas palabras, Morena (y aliados) adelantaron ese proceso electoral del 2027 porque dieron arranque a la búsqueda de candidaturas en todas las entidades mencionadas y medio mundo (todos los columnistas y “analistas”) opina y manifiesta desacuerdos porque “se adelantaron demasiado los tiempos”, pero la verdad ese medio mundo está al pendiente de quiénes serán los abanderados del partido en el poder y desde luego de las demás opciones.
Y yo ya he mencionado aquí mismo la paradoja de todo este tema: Efectivamente, vivimos ya efervescencia electoral sin que haya campañas oficiales, pero nadie está cometiendo un delito de índole electoral… simplemente porque no han comenzado las pre-campañas. Y es un atentado contra la libertad de expresión y contra los derechos políticos de las personas, el que se les prohíba comportarse como lo que son: políticos profesionales que tarde o temprano quieren o aspiran a darse a conocer o realizar actividades propias de su cargo.
Por ejemplo… ¿cómo o por qué se le va a prohibir a un diputado, senador, funcionario público de cualquier índole, que recorra su demarcación distrital, municipal o estatal, que haga eventos de su cargo, que quiera que la gente se entere de lo que está haciendo?
Por supuesto, el límite tenue entre lo legal y lo ilegal es el uso de recursos públicos con fines de proselitismo personal. Cualquier político tiene legítimas aspiraciones de buscar o refrendar un cargo público, pero si esa búsqueda la realiza en tiempos de trabajo por el cual percibe un salario proveniente de nuestros impuestos o bien malversa fondos públicos para hacer propaganda con fines personales, o reparte bienes, servicios o cualquier producto para posicionar su nombre… entonces sí que está realizando una actividad perversa.
Pero reitero, la frontera entre lo que se puede hacer y lo que no se debe hacer es demasiado fina. ¿Cómo comprobarle a un funcionario que está usando gasolina de un vehículo oficial si asiste a eventos públicos en los que él es protagonista? ¿Cómo verificar que el horario o tiempo para actividades personales no se encima con el horario laboral… aún en fines de semana, cuando siempre hay actividades también de trabajo?
También hemos dicho aquí mismo que todo se resolvería si las autoridades electorales dejaran de preocuparse tanto por los enunciados de una ley que a todas luces es ambigua (las leyes electorales que todos violan sin violarlas) y mejor permitir con principios para garantizar equidad lo mejor que se pueda, los procesos internos para designar candidaturas de cada partido. En Estados Unidos de América (y en no pocos países europeos y latinoamericanos) se permiten las elecciones primarias para que los partidos convoquen a sus simpatizantes a votar para ver a quiénes quieren como candidatos y esas campañas internas son normales y permitidas, incluso para quien es presidente, gobernador o legislador en funciones. Se permite todo, simplemente se verifica que no use recursos públicos (y aún en ese tema hay cosas naturales como que un presidente de Estados Unidos ande en campaña por su reelección, usando aviones y vehículos oficiales, incluso el día mismo de la elección).
En México ha ocurrido lo contrario, por cuestiones históricas y culturales. Nuestra transición democrática ha sido lenta y con muchas vicisitudes. Hemos pasado un par de siglos -desde nuestra independencia- de guerras civiles, intervenciones extranjeras con pérdida de territorios, dictaduras, revolución y sistema de partido hegemónico, a una democracia partidista reciente en la que todos desconfían de todos. Y no queremos que nadie abuse o viole las leyes, pero las leyes son ambiguas y todos se las ingenian para violarlas… sin violarlas.
Y así llegamos a 2026. No hay proceso electoral oficial pero todos están haciendo campañas proselitistas para posicionarse para buscar los cargos que se elegirán hasta dentro de poco menos de un año. Todos protestan y critican a los “adelantados”, pero repito, todos estamos pendientes de quiénes serán finalmente los candidatos finales.
Y la verdad yo prefiero esto a que haya fraude abierto o disfrazado en las elecciones. Prefiero que los partidos tengan procesos internos llenos de emociones y controversias personales (y hasta la terrible guerra sucia que no pocos alientan), a que las diferencias se resuelvan a balazos, como ocurrió todo el siglo XIX y una buena parte del XX.
Ni modo. Y al que no le guste o interese la política partidista, que se entretenga viendo el futbol o embriagándose para olvidar sus penas (que después siempre llega puntual, la cruda realidad).
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