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Puerto Libre

Karina Cruz Ruiz

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Karina Cruz Ruiz KARINA CRUZ RUIZ 24 de junio de 2009

“Escribimos como quien camina por el borde de un abismo”, dijo la escritora poblana Angeles Mastretta, durante la segunda jornada del ciclo “Lecciones y maestros”, quien cruzó el Océano Atlántico para deleitar a un grupo de españoles a quienes relató sus obras más destacadas, como Mal de Amores, Arráncame la Vida y Mujeres de Manos Grandes.

En su edición de ayer, el portal de noticias Telecinco publicó la reseña de su participación en la III Cita Internacional de Literatura en Español “Lecciones y Maestros”, organizada por la Fundación Santillana y la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP).

La poblana, hermana de Verónica y Sergio, confesó que actualmente se dedica a escribir novelas “cortas” para contar su “certeza de que estos tiempos tienen remedio”. Sus relatos son autopublicaciones que realiza en el Blog Puerto Libre, que abrió en octubre de 2008 en el diario español El País, y que ha sido acogido por los amantes de las letras.

Fue en el viejo continente donde, entre sentimientos encontrados, habló lo mismo de la epilepsia que padece que de la muerte de sus padres, a quienes nombró como “mis dos cenizas”, los protagonistas de su próxima novela.

Sobre este pasaje doloroso de su infancia, la escritora y periodista, que está casada con el escritor Héctor Aguilar Camín, escribió precisamente unas líneas en su Blog:

“Mi padre murió una mañana de mayo hace casi cuatro décadas. Creo que ha pasado tanto tiempo de eso que ya me parece cercano. Lo he escrito muchas veces, tantas que en los últimos años he dejado de hacerlo, pero ahora vuelvo dado que en este blog he hablado poco de él (…) Caminaba despacio, pero siempre llegó a tiempo a todas partes. No como yo, que corro eternamente y a todo llego tarde.

Murió de repente. En dos días. Ahora sé que eso fue mucho mejor, pero entonces creí que con un tiempo, un año pensé, hubiera yo tenido para aceptar que esa parálisis en que lo vimos irse, aquel silencio, eran el preludio de la muerte, eran peor que la muerte. Pero en dos días, todo es mejor que la muerte. Cualquier trozo de vida, cualquier indicio de que ahí estaba. Un poco de la luz con que solía mirar, una mueca evocando el afán de su sonrisa.

No imaginaba yo lo que pasaría en un año, pero era tan joven que entonces los años eran largos y creí que después de un año tendría fuerzas para no morirse cuando él muriera. Las fuerzas que no tenía esa tarde, caminando de mi casa al hospital, mientras miraba caer sus lágrimas sobre la piedra de las calles. Como si fueran lágrimas ajenas.

–Papá ¿por qué nos sigue la luna?–le había yo preguntado a los cuatro años, una noche al volver del campo. Nunca he sabido recordar qué me respondió, sin embargo recuerdo que su respuesta me dejó en paz. Tampoco recuerdo cuándo se hizo la noche de aquel lunes, en que un pedazo de luna me acompañó, hermoso y abusivo, al volver del hospital con la certeza de que el resto de mi vida, de mis preguntas, de mis desfalcos y mis deseos, tendría que vivirlos sin aquella voz con respuestas. Quién sabe qué tendría su voz con respuestas, pero yo recuerdo que siempre me dieron paz”.

Karina Cruz Ruiz
Karina Cruz Ruiz
Comunicóloga y Psicoanalista con 22 años de trayectoria interdisciplinaria. Fan de las historias de vida, el cine, la música y la literatura.