Amenaza Doger dejar al PRI
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Fernando Maldonado
Para bien o para mal, la presidenta municipal de Puebla, Blanca Alcalá Ruiz terminará por convertirse en el fiel de la balanza en la interna por la candidatura priista al gobierno de Puebla.
Y lo será incluso aún a contra la voluntad de la propia involucrada o de manera inconsciente, sin conocimiento de causa, casi de manera involuntaria según sea la perspectiva con la que se mida el escenario en construcción.
Ya sea por el bono político con el que aún cuenta, o por los desencuentros que ha mantenido con sus correligionarios en el Partido Revolucionario Institucional (PRI), la ex secretaria de Finanzas en tiempos de Manuel Bartlett tiene pocas probabilidades de obtener la candidatura a la máxima magistratura en el estado.
Un factor que tiene más peso que cualquier argumento para no incluirla en la carrera sucesoria se llama Enrique Doger Guerrero. El antecesor de quien ahora ocupa el despacho contiguo a la biblioteca del Palacio Municipal ha demostrado en distintos momentos de la historia reciente ser un hueso duro de roer.
La rudeza que lo caracteriza, la agudeza e innegable olfato político para propiciar circunstancias que beneficien su proyecto personal han sido utilizadas para bloquear las legítimas aspiraciones que la alcaldesa ha acariciado en los últimos meses.
En corto, Doger Guerrero ha dicho a personajes clave en la cúpula priista que de ser incluida en la interna por la candidatura a ocupar Casa Puebla, asumirá una postura radical: convertirse en candidato de un partido opositor al gobierno del estado.
La rebeldía del ex alcalde no es cosa menor: Doger Guerrero podrá tener flancos débiles que podrían hacerlo trastabillar en sus aspiraciones de convertirse en el huésped de la sede del Poder Ejecutivo, pero también arrastra un capital que debe ser observado con detenimiento y con reserva.
Es evidente que en algunos sectores de la capital cuenta con cierta simpatía. La clase media y media alta ve con aceptación su trabajo político.
En la lógica de sumar-sumar, los estrategas del partido en el poder tendrán que valorar la condición que pretende imponer este outsider de la política poblana, cuya divisa pareciera hoy crear un escenario propicio para su causa: la renuncia a su militancia como acto de rebeldía para legitimar sus aspiraciones y buscar el voto sistemáticamente adverso al aparato.
Hay franquicias electorales que estarían hoy dispuestas a facilitar sus siglas a cambio de tener como uno de los suyos a un Enrique Doger dispuesto a romper con el partido con el que no ha terminado de cazar por su auto impuesta condición de “activo de la sociedad”.
En corto…
Primero, el secretario de Desarrollo Urbano y Obra Pública, Javier García Ramírez va como el buen sastre. Confecciona el traje a la medida para vestir la prenda de candidato priista a la alcaldía.
Ayer estuvo en el Centro Escolar Manuel Espinosa Yglesias en el oriente de la ciudad para encabezar una ceremonia de premiación a jóvenes estudiantes de ese plantel, en una zona depauperada.
Dos figuras flanquearon al funcionario marinista: El “Capi”, Roberto Ruiz Esparza y “el Chelis”, José Antonio Sánchez Solá, que dejaron los pantalones cortos y decidieron sumarse al proyecto de García Ramírez.
Segundo, el gobernador Mario Marín acude este jueves a la Cámara de Diputados para entregar proyectos de inversión ante la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública.
Y tercero, no fue sino hasta este miércoles que el Senado de la República publicó en el sitio oficial en internet las votaciones de sus integrantes cuando el sábado fue palomeada la Ley de Ingresos.
Rafael Moreno Valle en efecto se ausentó a la hora de las votaciones, lo que significaría que se abstuvo si no es que en la votación en lo general, emitió su voto a favor de los incrementos a las cargas impositivas. Puede estar tranquilo: solo mintió a su público cautivo en Puebla y quedó bien con el Presidente de la República. La candidatura va.