El precio de Doger
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Fernando Maldonado
Cuando Enrique Doger despachaba aún en la oficina principal del edificio de El Carolino tuvo una conversación más o menos extensa con el entonces dirigente nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Roberto Madrazo Pintado.
Eran los tiempos en que el rector de la Buap negociaba su salida de la institución educativa para ser candidato a la alcaldía de la capital del estado. Y la conversación aquélla iba por ese derrotero.
Hábil en la negociación, le puso desde entonces precio a su capital: ser secretario de Educación en Puebla.
La costosa factura era el finiquito al contrato entre Madrazo Pintado y Doger Guerrero, solo si el entonces rector universitario era derrotado en la constitucional de aquél 2004. Desde la perspectiva de la cómoda oficina del dirigente priista y más tarde candidato presidencial frustrado, en el edificio de Insurgentes, no significaba más y el precio había que pagarlo.
Desde entonces, el ex edil ha acariciado la idea de ser secretario de despacho y ordenar desde la SEP estatal. Su moneda de cambio ha sido esa y por ello ha puesto en marcha un trabajo de cabildeo en los círculos de poder que tienen que ver en el ámbito educativo.
Busca congraciarse con los factores del sector para ser palomeado para el cargo a partir de la próxima administración. El tiempo apremia y el olfato del ex edil no padece agotamiento alguno. Y el reloj avanza.
A estas alturas debe saber que el capital se agota y en virtud de ello hay que entender el activismo desplegado en los medios que le son afines, aunque el trabajo de tierra no sea el más redituable ni provechoso.
El ejemplo de lo anterior se pudo ver el pasado fin de semana cuando arribó al Salón Social Paraíso de Tepeaca en el que después de dos horas de retraso se presentó ante unas 170 personas para exponer su ideario “ciudadano”. El tiempo de espera hizo lo suyo y la audiencia menguó.
El evento abortó y el candidato “ciudadano” suspendió la entrega de equipos de cómputo que estaba prevista para cuando iniciara la ceremonia. El desánimo se ahondó cuando se pudo percibir que de los asistentes, más de la mitad eran jóvenes menores de edad.
Enrique Doger sabe que no tiene posibilidad de ser abanderado al gobierno de Puebla. Así que para cuando esta mañana el presidente del Indema presida una reunión con los integrantes del Consejo de Organismos Empresariales (Coe), llevará bajo el brazo los mismos y gastados argumentos para escenarios nuevos. Pero el precio, será el mismo.
En corto…
El diputado priista Pablo Fernández del Campo ha dado un viraje en su discurso e imagen. Dispuesto a venderse como un mejor producto en la interna por la alcaldía capitalina dejó la corbata y la pose de político del decimonónico.
No cabe duda que la estrategia de cada uno de los actores que buscan con afán ser más competitivos los lleva a explorar terrenos ignotos en la búsqueda de la preferencia ciudadana. Es la profesionalización de la política.
Por cierto que la marca Montero no vende. Es cosa de ver agencias de automóviles y de portales especializados en compra y venta de automotores. Montero es la camioneta que se anuncia en espectaculares en la ciudad, pero con magros resultados. Nadie parece estar interesado en ella.
Blas Villegas, el director de la Agencia Ambiental del municipio de Puebla será llamado ante el cabildo para explicar quien se benefició de la concesión que se entregó a una empresa para la regulación de anuncios espectaculares. Lo malo es que será ante la Comisión de Servicios Públicos que preside Humberto Vázquez, a quien no se le distingue por ser un pan en sus planteamientos.