Fernando Morales, pasivo poblano
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Fernando Maldonado
El diputado federal Fernando Morales Martínez tendrá una oportunidad inmejorable para demostrar de qué está hecho en tiempos en que el estado necesita un auténtico cabildero con habilidad para la negociación política en los corrillos de San Lázaro.
Ya de sobra nos ha enseñado que tiene aptitudes para medrar en el ámbito de los negocios y la política a la sombra de su padre, el senador Melquiades Morales Flores.
Miembro de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública, el hijo de quien fuera gobernador de Puebla, es el único legislador federal priista con asiento en la poderosa instancia cuya presidencia ostenta el mexiquense Luís Videgaray, uno de los más notables aspirantes a suceder a su jefe político, el presidenciable Enrique Peña Nieto en el Estado de México.
La ficha curricular de Fernando Morales no arroja muchas luces, sin embargo. Salvo la penosa y mediocre actuación como delegado de la Secretaría de Desarrollo Social estatal en Ciudad Serdán, no se puede creer que su perfil de para más.
Como diputado local en la anterior legislatura se distinguió como uno de los legisladores más faltistas a las sesiones de pleno. Sin una sola iniciativa presentada, se le recuerda como un pasivo de su partido en el Congreso poblano.
No solo se dedicó a calentar el asiento durante las pocas sesiones a las que asistió, sino que también evidenció su condición de diputado con un grado superlativo de déficit de atención, a la luz de la desatención que se podía advertir en su comportamiento cotidiano.
Entonces como ahora, una circunstancia lo disculpaba: ser hijo de un hombre al que lo precede una bien ganada fama como negociador, con atención en el trato y sensible a la petición, su padre el ex mandatario poblano.
Ninguna de esas prendas viste al integrante de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública en la Cámara federal de Diputados, sino al contrario: la fanfarronería de su actuación diaria, la ausencia de sensibilidad y la irritabilidad ante sus subalternos son el signo distintivo de este bien llamado “junior de la política”.
La pequeñez de Fernando Morales lo hace ver aún menor junto a al resto de algunos de los integrantes de la comisión que el próximo domingo cierra la cortina para la recepción de proyectos de inversión de los gobernadores.
Ahí está Pedro Jiménez León, de Convergencia; Alejandro Encinas, del PRD; Oscar Levin Coopel, y David Penchyna Grub, del PRI; y Jorge Kahwagi de Nueva Alianza.
Por el bien de Puebla habrá que esperar a que el diputado poblano salga por fin del cascarón, decida hacer política de altura y ayude al gobierno del estado a gestionar los 14 mil 600 millones de pesos que se necesitan para financiar proyectos de desarrollo.
En corto…
Primero, el director del Sistema Operador de Agua Potable y Alcantarillado de Puebla, Eduardo Macip Zúñiga vive un sueño de opio: ocupar la Secretaría de Desarrollo Urbano y Obra Pública el próximo sexenio.
Dos, Manuel Bartlett ya echó a andar la maquinaria para operar la elección interna priista al gobierno del estado. Dos de sus alfiles son el ex secretario de Finanzas, José Luís Flores y el ahora contralor, Mauro Uscanga. Qué risa.
Y tres, la Ciudad de las Ideas que arranca este viernes en Puebla y que se promociona como un foro en el que los expertos expondrán “sus ideas más peligrosas” ha metido en problemas a todo mundo por la falta de atención y sensibilidad de sus organizadores.