A la espera de Teletón para políticos
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La muerte de Tony Tormenta, jefe del Cartel del Golfo, el viernes pasado en que fue abatido tras horas de enfrentamiento por elementos de la Marina y la Armada, ha ocasionado reacciones encontradas.
Por un lado, tenemos las múltiples felicitaciones de otros gobiernos por este aparente nuevo éxito de Felipe Calderón en su lucha contra el narcotráfico; mientras que por otro lado, los ciudadanos y líderes de opinión lejos de encontrarnos felices o más tranquilos nos sentimos mucho más vulnerables e inseguros.
Y es que resulta que desde que Calderón inició esta ofensiva (de hecho ello ocurre desde el sexenio de Vicente Fox), cada golpe a las cabezas de estos grupos delincuenciales deriva en más enfrentamientos, más muerte y más sangre.
Hace justo unos días, una buena amiga extranjera de visita en México me preguntaba ¿a qué se debía la extrema violencia ejercida por estos grupos?, ello a propósito de las recientes masacres de Ciudad Juárez, Tijuana, Tepic y Acapulco. Una de mis teorías al respecto es que cada vez que uno de estas organizaciones se queda sin jefe sube de inmediato el siguiente al mando, provocando que ahora sean dirigidos, ya no por aquellos que tenían cierta lógica empresarial de acción y hasta algo de nacionalismo, sino por quienes se tenían por sicarios o asesinos a sueldo.
Asimismo, esta estrategia implementada por el Gobierno Federal ha ocasionado que estos grupos se escindan en varios otros mucho más sanguinarios y violentos que operan bajo la lógica de una guerra de guerrillas cuyo objetivo consiste básicamente en resistir, en tanto se desgasta al Estado mexicano.
Contrario a este esquema de enfrentamiento, la Administración Calderón insiste en atender esta lucha como una Guerra Convencional cuyo principio básico es conservar las fuerzas propias y destruir las del enemigo considerando un paralelismo en la actuación de los Ejércitos y los espacios.
Nada más alejado de la realidad, pues mientras nuestras Fuerzas Armadas se encuentran perfectamente bien ubicadas, cuentan con un mando centralizado, un presupuesto definido, un esquema burocrático de acción, responden a la normatividad institucional y son sujetos a juicios militares y morales por parte de la población; los Cárteles operan con gran movilidad, sus mandos son varios y recambiables, sus ejércitos flexibles, no tienen un espacio físico delimitado, sus operaciones son dispersas, los recursos ilimitados y, por tanto, son sumamente difíciles de neutralizar.
Todo ello sugiere entonces que los errores al enfrentar este problema no son tácticos sino estratégicos.
Por principio, en una guerra como ésta se prioriza la inteligencia por sobre la fuerza física o numérica. ¿De qué sirve desplegar cientos y miles de soldados sin una labor de inteligencia eficaz?, lo único que logramos es dispersar a los enemigos y vulnerar a nuestras Fuerzas Armadas.
Aparentemente la única forma de acabar con este tipo de enfrentamiento es a partir del exterminio absoluto, es decir, en todos los rubros y no tengo claro si este gobierno tiene la capacidad y la determinación para hacerlo.
Así que mejor esperemos la segunda parte de Iniciativa México, que no es otra cosa que una especie de Teletón para Políticos cerebral y laboralmente incapacitados, y esperemos que a algún ciudadano se le ocurra como atender de mejor manera este grave problema nacional.