Agüera y Doger, enemigos y víctimas
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Una y otra vez escuché ponderar a las universidades privadas. Que si el TEC de Monterrey, que si la UDLA, que si la Ibero, que si la Upaep, que si la Cuauhtémoc, en fin, que si tal o cual institución capacitaba a sus alumnos para ser líderes y emprender negocios que los harían millonarios. El organizador de esa reunión de amigos me volteó a ver retándome a que hablara. Lo pensé dos segundos y satisfecho de lo que se me había ocurrido les dije a los cuatro promotores de la educación privada:
“Me van a perdonar, pero la única universidad que ha demostrado con éxito contar con las características que ustedes preconizan, es la BUAP”.
Me miraron sorprendidos. Uno de ellos parecía psiquiatra observando a un paciente con un severo cuadro de confusión mental. Otro lanzó al aire el ya clásico “no manches”, expresión que me sirvió para completar lo que en ese momento consideré como detonador de las discusiones que permiten pasar un buen rato.
“Noto en sus rostros la sorpresa que les causa mi comentario –les dije–, pero si cualquiera de ustedes está en desacuerdo con mi siguiente argumento, les manifestaré mi más sentida disculpa e incluso yo pagaré la cuenta”.
Otra vez se hizo el silencio esperando mis palabras, actitud que me indujo a soltar la evidencia más conocida en Puebla y sus alrededores:
“Los Doger, José y Enrique –dije– aprendieron en la BUAP el secreto del éxito en los negocios y el cómo ser líderes y de paso qué hacer para convertirse en conspicuos millonarios poblanos…”. Antes de que alguno de aquellos antagónicos ocasionales me echara abajo la prueba, digamos que irrebatible, procedí a manifestar el tercer ejemplo: “Ah, y también tenemos a Enrique Agüera, otro de los universitarios que ha logrado entablar un buen diálogo con la diosa fortuna”.
Ya imaginará el lector la escandalera verbal que se armó. Cuatro contra el que esto escribe, todos echándole tierra a los académicos mencionados porque, dijo el más agresivo, los Doger tenían fama de haber hecho negocios con el subsidio de la universidad. “¡Pero Agüera cojea de la misma pata!”, gritó otro de ellos. El “coro” amplió su ataque contra los mencionados y de paso contra mí. Por ventura el actual rector acababa de declarar a la prensa las razones de su riqueza personal, versión que me salvó de abandonar la reunión después de espetar una estridente mentada de madre. Me escucharon pacientes y creo haberlos convencido de que Agüera tuvo la visión de fundar dos universidades privadas cuando el primero de los Doger era rector y puso en acción el Proyecto Fénix inventado por Manuel Bartlett, precisamente para disminuir la matrícula universitaria, acción que produjo una inusitada demanda de espacios educativos.
Confieso que no logré convencerlos de que para hacer dinero no es necesario corromperse; sin embargo, según supe después, el más crítico se dio a la tarea de preguntar, informarse y leer lo que había publicado la prensa respecto a la posición financiera del actual rector, incluyendo la aclaración sobre las fotografías que sus hijas “subieron” a Facebook.
Meses más tarde volvió la burra al trigo cuando un portal de Internet publicó esas mismas fotos (las que habían subido sus hijas) con leyendas que no corresponden a la realidad. Y otra vez el escándalo mediático sustentado en lo mismo que ya había aclarado el ofendido rector. Y de nuevo aparecieron las notas sobre lo que Agüera catalogó como el peor de los infundios que le han “recetado”. La diferencia es que ahora usó la vía judicial para demandar al o los promotores de lo que él considera una falacia promovida por alguno de sus enemigos aprovechándose del sitio web cuyos propietarios son dos periodistas chiapanecos, uno subdirector de Notimex y la otra conocida reportera nacional.
¿Quién está detrás de la estrategia que busca desprestigiar a Enrique Agüera Ibáñez y en consecuencia a la Universidad Autónoma de Puebla? ¿Por qué la intensa difusión de la “noticia” replicada en miles de correos electrónicos?
Hay varias hipótesis, una de ellas relacionada con los panistas preocupados por el futuro de los gobernantes de su cuño. Es el tema de otra columna…
acmanjarrez@hotmail.com