Casa del Dean; restauran pinturas del siglo XVI
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El museo del INAH fue reinaugurado a casi un año de iniciarse su remodelación
Las pinturas murales de la Casa del Deán, en Puebla, de las pocas con representaciones no religiosas del siglo XVI que existen en América, recuperaron su esplendor después de casi un año de intenso trabajo de restauración a cargo de especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), con el cual se lograron eliminar las alteraciones que presentaban y que afectaban su estabilidad y cualidades artísticas.
Las labores se realizaron a través de un proyecto de restauración integral, con un presupuesto de 2 millones 53 mil pesos, aportados por el INAH, como parte de su Programa Nacional de Conservación de Pintura Mural, y 30 mil dólares otorgados por la UNESCO, dada la relevancia de la obra.
Los murales decoran una superficie de 200 m², distribuidos en las cuatro paredes de dos habitaciones del inmueble colonial, y fueron plasmados en el siglo XVI con la ayuda de tlacuilos (artistas indígenas). Son de gran relevancia histórica y plástica en tanto que constituyen un ejemplo único de la estética que se dio durante la etapa de transición de la época prehispánica a la colonial.
Este viernes, autoridades del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH Conaculta) y de la UNESCO entregaron la obra terminada para disfrute de la sociedad, en una ceremonia en la que la directora y representante del organismo internacional en nuestro país, Katherine Grigsby, expresó la satisfacción por el rescate de esta importante obra para las futuras generaciones de mexicanos y del mundo, en un esfuerzo que es una prueba más de que el patrimonio y la cultura son prioridades en la agenda de México.
A su vez, Alfonso de Maria y Campos, director general del INAH, agradeció públicamente el apoyo de la UNESCO, cuya aportación sumada a los recursos del Instituto permitieron devolver el esplendor a esta pintura mural de más de 400 años de antigüedad, “porque además es una forma de reconocer que el trabajo que se hace en México es importante”.
Destacó que se trata de una de las pocas pinturas murales civiles del siglo XVI, realizadas en un momento muy cercano a la Conquista; comentó que la preservación del patrimonio del periodo virreinal más dilatado es un reto para cualquier institución y autoridad, ya sea estatal o municipal, por lo cual invitó a las autoridades locales a seguir coadyuvando con el INAH en su conservación, así como concientizar a los ciudadanos del valor que tiene la ciudad de Puebla.
La Casa del Deán fue construida entre 1575 y 1580 por el arquitecto Francisco Becerra y ocupada por el deán de la catedral poblana Tomás de la Plaza Goes. Las pinturas, se localizan en la segunda planta de la casa novohispana, y están divididas en dos temáticas: Sala de las Sibilas y Sala de los triunfos; en la primera están representadas las sacerdotisas de Apolo que profetizaban los designios de los dioses; la segunda expresa los triunfos del amor, la castidad, el tiempo, la muerte y la fama, referidos en un poema del italiano Francesco Petrarca.
Las escenas están enmarcadas por cenefas que, en la primera sala, combinan follajes, jarrones, angelitos, centauros hembras, aves, flores, monos e insectos con rasgos prehispánicos; y en la segunda, motivos vegetales, cogollos, faunos, amorcillos, águilas y serpientes.
Así mismo, en las imágenes alusivas a regiones europeas, aparecen animales como osos, tlacuaches y cacomixtles; una rara simbiosis entre elementos del México antiguo y la mitología europea. Los diseños están delimitados con una línea negra, estilo que tiene sus orígenes en la técnica de pintura mural prehispánica.
Lilia Rivero Weber, coordinadora nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC), del INAH, informó que luego de los trabajos de recuperación de la obra mural, coordinada por el restaurador Agustín Espinosa Chávez, se logró una integración estética en los murales, misma que no era posible apreciar correctamente, debido a las diversas intervenciones que tuvo en el pasado.
La restauración se llevó a cabo entre diciembre de 2009 y agosto de 2010 con un equipo de 12 especialistas que trabajaron de manera simultánea.
Estudios previos permitieron establecer el tratamiento que requería la obra para recuperar su estabilidad física y cualidades artísticas, afectadas por los daños naturales que sufren las obras a través del tiempo, así como de restauraciones anteriores.
Espinosa Chávez explicó que a través de estudios fotográficos con luz ultravioleta se identificaron diversos repintes que cubrían partes importantes de la pintura original, así como complementos efectuados durante una restauración hecha en 1955, cuando debido a filtraciones, fisuras provocadas por los sismos y falta de mantenimiento, la obra había perdido un 40 por ciento de su pintura original; faltantes que fueron restituidos hábilmente con base en los diseños del siglo XVI que se observan en las cenefas.
Detalló que tales añadiduras correspondían a la influencia de la restauración europea que había en México, después de la Segunda Guerra Mundial; práctica obsoleta en nuestros días por resultar contradictoria de las actuales normas internacionales de restauración.
“Al realizar la limpieza de la capa pictórica se descubrieron los colores originales que estaban ocultos, así como los recubrimientos en partes originales antes mencionados, mismos que retiramos delimitando la pintura original”.
El restaurador detalló que una vez limpia la superficie pictórica, en consenso con la CNCPC, se determinó conservar los agregados realizados en la restauración de 1955, porque la eliminación de éstos sería quitarle parte de su historia y habría creado un conflicto de unidad en la obra.
Agustín Espinosa destacó que la pintura original guarda un excelente estado de conservación, mientras que algunas zonas repuestas con yeso —en la restauración del siglo pasado—, muestran fragilidad, por lo que se les dio un tratamiento de consolidación, a fin de mantener los diseños y color de esas partes.
Así mismo, las zonas donde no se conservó la pintura fueron reconstruidas a partir de la técnica de puntillismo, es decir, con pequeños puntos de color que son visibles a corta distancia e imperceptibles a más de un metro. Se trata de una práctica aceptable por la normatividad vigente en materia de restauración, que establece que toda intervención de lagunas de color debe hacerse con una técnica que haga evidente que no forma parte del original, acotó Espinosa.
La Casa del Deán es un pequeño recinto bajo resguardo del INAH desde 1985, que formó parte de la residencia del sacerdote Tomás de la Plaza Goes, decano de Puebla. Después de la muerte del deán, en 1589, tuvo diversas ocupaciones que fueron modificando su arquitectura original, hasta que el edificio fue vendido a la Compañía impulsora de Cines Independientes.
El 12 de octubre de 1953 se descubrieron los murales debajo de un papel tapiz, y la comunidad cultural de Puebla llevó a cabo una campaña para conservarlos. Su rescate culminó el 15 de septiembre de 1955. En 2010, el Instituto Nacional de Antropología e Historia y la UNESCO entregan estos murales, asegurando su preservación para la posteridad.
En la ceremonia de entrega también estuvieron presentes Lilia Rivero Weber, coordinadora nacional de Conservación del Patrimonio Cultural, del INAH; Alejandro Montiel, secretario de Cultura del Gobierno del Estado de Puebla; Víctor Hugo Valencia, director del Centro INAH-Puebla, y el restaurador Agustín Espinosa.