Cómo reventar elecciones
joomla.2009
Por fin se acabó la guerra. Sí, la guerra de las pancartas y los espectaculares y los spots y los carteles y los pendones y las declaraciones a la prensa. Ya no podremos ver cómo se manifiesta el “ingenio” de los manejadores de la propaganda de los candidatos Rafael Moreno Valle Rosas y Javier López Zavala.
Cesaron pues ese tipo de andanadas cuyos efectos producen el hartazgo que antecede al abstencionismo.
Así que de aquí hasta la próxima campaña queda relegado ese estilo electoral accidentalmente matizado con el asesinato que en Tamaulipas perpetró el crimen organizado.
Además de varias mantas gigantes con las leyendas: ¡No a la violencia!, una, y otra con un ¡Sí a la paz!, nos queda la decepción, en algunos casos, y el repudio, en otros. Bueno también permanecen las lecciones y la remembranza. Por ejemplo: aprendimos que los políticos son como la balanza del profeta Oseas porque una cosa es la que dicen y otra la que hacen. O como sentenciaría la comadre Chona: borran con la cola lo que dijeron con la boca. Asimismo asimilamos o confirmamos, depende cómo la vea usted, que, en efecto, aquel que no conoce la historia está condenado a repetirla.
Antes de esa avalancha de retórica y propaganda, los candidatos del PRI y del PAN habían prometido hacer una campaña limpia, sin descalificaciones ni denuestos. Y ya vio usted lo que pasó: ambos nos “deleitaron” lanzándose epítetos y acusaciones nunca antes vistos u oídas en el espacio coleto de nuestra angelical Puebla. La lógica me induce a asegurar que los dos tuvieron que validar o palomear la campaña negra que puso en acción cada uno de sus respectivos especialistas en eso que se llama marketing político. “Lo primero es ganar para después convencer”, pudo haber sido la frase axial de los miembros del cuarto de guerra de cada candidato.
Escuchamos además las mejores propuestas e intenciones en beneficio de la entidad que pretenden gobernar, propósitos tan ambiciosos que ni el mismo Obama se hubiera atrevido a ofrecer (por el costo, obvio).
Ello nos llevó a soñar en una de esas noches lluviosas, que en tres o cuatro años la sociedad poblana podría disfrutar del mejor nivel de vida en el mundo y, al mismo tiempo, vivir en un ambiente de paz y de concordia donde la delincuencia ya no existía. En ese fugaz momento onírico, por cierto color de rosa, vislumbramos un gobierno empeñado en impulsar la cultura y acabar con las injusticias que flagelan al ámbito social y desprestigian al sector en el cual se promueve y administra la ley. Y como si fueran destellos luminosos, se nos atravesaron las buenas intenciones de los dos lados que, de acuerdo con la costumbre política, duran el tiempo de ese chispazo o, si bien nos va, persisten hasta que cesan los ánimos proselitistas.
Al otro día de ese sueño apareció la cruda y cruel realidad convertida en una pesadilla digna de los mejores tiempos de Joseph Goebbels: una mentira tras otra, repetida con la intención de convertirlas en verdades. Y lo peor: los especialistas en propaganda tuvieron a bien magnificarlas para proyectarlas en enormes anuncios espectaculares que, de haber vivido, hubieran padecido un infarto todos y cada uno de los miembros de la Segunda Audiencia, los mismos que concibieron y fundaron lo que parecía una ciudad ideal, muy al estilo de la Utopía de Tomás Moro: traza perfecta, ríos cristalinos, arquitectura ambiental, sociedad libre de caciques y encomenderos, en fin…
Diría mi abuelita: ahí quedaron esas y otras agresiones a la inteligencia y buen gusto; manifestaciones que una vez documentadas servirán a los maestros y conferencistas de marketing político: “Miren compañeros: esta es la mejor estrategia para desalentar el voto”, argumentarán en su clase dedicada a la materia: “Cómo reventar elecciones”.
Bueno, y a todo esto, preguntará el lector, ¿cuál de los candidatos se llevaría el premio por la propaganda más mentirosa, algo así como el galardón Pinocho?
La respuesta la tienen ustedes. Y se aceptan propuestas para otorgar esa distinción. Ya conoce a los candidatos: Rafael Moreno Valle y Javier López Zavala.
Usted decida.
acmanjarrez@hotmail.com