Cristianos están cerca de romper relaciones con Eduardo Rivera
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Por lo menos hasta ayer al mediodía, la relación entre las congregaciones cristianas que apoyaron en la campaña electoral a la coalición Compromiso por Puebla y el edil electo de la capital, Eduardo Rivera Pérez, estaba al borde del rompimiento, como resultado de la actitud poco cordial del próximo alcalde, la cual ha consistido en que después del 4 de julio se ha mostrado evasivo con dichas organizaciones, pues no solamente se niega a recibir en privado a los líderes de esas agrupaciones, sino que rehuye a establecer algún trato o compromiso.
En el círculo cercano a Rivera Pérez se justifica esta actitud con el argumento de que el edil por ahora no quiere ni puede hacer compromisos antes de que asuma el cargo. Sin embargo, atrás de ese comportamiento se esconde otra situación de mayor envergadura.
Ha trascendido que esa actitud evasiva de Eduardo Rivera con las congregaciones cristianas, que fueron fundamentales para su triunfo electoral, al haber aportado por lo menos unos 60 mil votos, se debe a que El Yunque le habría dado la orden al edil de no tener tratos con grupos ajenos a la iglesia católica.
De sobra es conocido que Rivera Pérez es miembro de El Yunque y que su pensamiento se ajusta al fanatismo católico que domina a la mayoría de los miembros del Partido Acción Nacional, (PAN) el cual los lleva a no saber convivir con los sectores de la población que son distintos. De ese comportamiento emana la intolerancia y la discriminación con que actúan los gobiernos y legisladores albiazules.
Tal situación ha empezado a generarle un grave conflicto a Eduardo Rivera Pérez, ya que durante la campaña electoral por lo menos sostuvo 20 reuniones con grupos y líderes cristianos, tanto en actos públicos como en privados. Durante la época de proselitismo les tomaba las llamadas telefónicas a los dirigentes de congregaciones, se sentaba con ellos a tomar café en establecimientos abiertos y acudió a todas las reuniones masivas a las que fue convocado.
Incluso se llegó al extremo de que en el número 11 de planilla de regidores del entonces candidato de la coalición Compromiso por Puebla se incluyó a Xóchitl Maura Barranco Cortés, quien fue una posición expresa de las congregaciones cristianas. Y eso fue un hecho inédito, ya que nunca un candidato a presidente municipal había integrado a un miembro de las iglesias cristinas a su propuesta de miembros del cabildo.
Antes habían llegado cristianos a cargo de regidores, pero representando a sectores ajenos al ámbito religioso. Por ejemplo Fernando Rojas Cristerna, quien es un destacado líder de congregaciones cristianas, fue regidor en el trienio pasado por ser dirigente del sindicato del IMSS, pero no por su culto no católico.
La condición de apertura a las iglesias cristinas de Rivera Pérez cambió radicalmente luego del 4 de julio.
En los últimos cinco meses, Rivera se ha negado sistemáticamente a tener un encuentro privado en el que estén los miembros de las congregaciones cristinas con las que se reunió muchas veces entre marzo y junio de este año. Las pocas veces que los ha visto, están presentes otros grupos y eso impide un diálogo directo, concreto. A lo único que se limita el edil electo es saludar, sonreír y abrazar a los que fueron sus aliados en el proceso electoral, pero nada de conversar más allá de unos cuantos minutos.
Y lo más grave es que Rivera sí se ha reunido en privado con grupos cristianos que apoyaron al Partido Revolucionario Institucional.
Con esa actitud queda evidenciada la actitud utilitaria del edil electo, que mostró apertura al mundo no católico cuando necesitaba los votos ciudadanos para ganar los comicios. Y ahora que ya está a un paso del poder, les da la espalda a sus aliados y se deja dominar por las directrices de El Yunque.
Parece que Eduardo Rivera Pérez se ha empezado a marear antes de subirse a un ladrillo.