Curas, abusivos, cometen delitos
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Onésimo Cepeda es un ejemplo de lo que los diputados constituyentes de 1917 quisieron evitar. Todo parece indicar que aprovechándose de la confianza de una señora pudiente, logró que le firmara una hoja en blanco. Esto es algo muy común de parte de los curas abusivos. Después la llenó como un pagaré por 150 millones de pesos y posteriormente lo endosó a algún prestanombres para iniciar un juicio contra ella y tratar de apoderarse de sus cuadros y demás obras de arte. Desde luego el señor Cardenal no puede justificar de dónde obtuvo tal cantidad de dinero que usó para hacerle un préstamo a su feligresa. Por ello un juez ya dictó una orden de aprehensión en su contra.
Cómo cualquier otro defraudador, el obeso señor Cepeda fingió haber sufrido un infarto para protegerse en un hospital, mientras sus abogados le tramitaban un amparo. Una vez que le fue otorgada la protección de la justicia federal, inmediatamente se recuperó y salió a seguir participando en todas las fiestas y reuniones en las que acostumbra departir, haciendo gala se los lujos que lo rodean y que son la antítesis de la doctrina que dice representar.
Para evitar que los curas les lavaran el cerebro a sus devotas fieles y de paso lograran que le dejaran sus propiedades y fortunas a la Iglesia, en la Constitución de 1917 se les negó el reconocimiento jurídico a las instituciones denominadas iglesias. Así no podían realizar actos de compraventa, ni de donación, ni ningún otro que requiriera personalidad jurídica.
Alguno de los constituyentes declaró que sólo se lograría la verdadera democracia y prosperidad de la nación, cuando se lograra arrancar a la mujer del confesionario. Ahora entendemos por qué le parece a la Iglesia detestable el feminismo.
Sin embargo, el 27 de enero de 1992, un infiltrado en el PRI, enviado por la derecha norteamericana y vaticana, Carlos Salinas de Gortari envió la iniciativa para reformar todos los artículos constitucionales que molestaran al clero político. Y los diputados priistas obedientes a la línea del Presidente de la República, la aprobaron sin chistar, cuidando más su futuro económico y político, que su compromiso de cumplir y hacer cumplir la Constitución.
Entre las muchas prohibiciones que se suprimieron (y que podré enviar a quien me lo solicite), se eliminó la prohibición de heredar por sí o por interpósita persona y la de recibir por ningún título inmuebles ocupados por asociaciones de propaganda religiosa o de fines religiosos o de beneficencia. Esta autorización ha ocasionado que en los últimos seis años el patrimonio de las iglesias que operan en México se haya duplicado.
En cuanto a la prohibición de los ministros de los cultos de hacer en las reuniones critica a las leyes fundamentales en general, se suprime la referencia a las reuniones de carácter privado. Por ello y apoyándose en la “libertad de expresión”, los prelados se dedican a hacer declaraciones denostando el buen nombre, por ejemplo, de los ministros de la Corte o del Jefe de Gobierno del Distrito Federal; hasta el momento lo han hecho con total impunidad.
Los curas están alebrestados por la complacencia de los gobiernos de derecha, que a cambio de que les hagan favores, como la anulación de las bodas religiosas, cuando así conviene a los políticos, los dejan que cometan violaciones a las leyes, sin que sobre ellos recaiga castigo alguno. Recordemos el caso de Marcial Maciel: ningún político o religioso quiso ver lo evidente y, cuando no quedó otro remedio, fue imposible castigarlo conforme al derecho penal por el delito de pederastia “múltiple”.
Alguno de estos gobernantes es el de Jalisco, quien según declaró cuando no estaba obnubilado por el alcohol –dicho de los universitarios a quienes les quiere quitar el subsidio estatal–, le dan “asquito” los matrimonios entre personas del mismo sexo. Y con dinero del erario organizó un ciclo de conferencias para “curar” la homosexualidad. Si no fuera patética esta actitud, resultaría totalmente cómica.
El mismo Papa, declara que Maciel es una figura podrida, pero que la congregación que creó es muy sana y debe preservarse. Y en el colmo de la liberalidad, dice que el condón se puede utilizar en algunos casos, como por ejemplo los prostitutos. Como si alguien estuviera esperando su autorización para usarlos.
Con estos “prelados”, sería mejor volver al texto original de la Constitución, y a los gobiernos que la respetaban y la hacían cumplir.
alvarezenriqueta@hotmail.com