Doger ¿regresa a la UAP?
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Qué hay detrás de las incendiarias declaraciones del exrector de la BUAP Enrique Doger contra el rector Enrique Agüera?
Qué hay detrás de las incendiarias declaraciones del exrector de la BUAP Enrique Doger contra el rector Enrique Agüera?
Es más que un rencor guardado a través de los años.
Es más que una recolecta de traiciones de uno contra el otro.
No sólo se trata de la puñalada que sintió Doger, cuando ya alcalde de Puebla, no contó con el apoyo que creyó le debía por deuda su tocayo, una vez que movió cielo, mar y tierra para que Agüera se quedara al frente de la BUAP en vez de Armando Valerdi, quien por tiempo, jerarquía y acuerdos de antaño debía ser el sucesor.
Queda claro que tampoco es por las múltiples críticas en contra del rector filtradas a través de correos electrónicos enviados desde una centra en Estados Unidos que exponen en información puntual, fotografías y grabaciones una riqueza inusitada vertida en cuentas bancarias, propiedades en el extranjero, viajes y aviones: todo una escenografía montada desde la cual, según dicen, Enrique Doger opera contra su archienemigo.
No, mucho menos se trata del punto de quiebra de la otrora idílica relación entre los tocayos, cuando Agüera tuvo que elegir a partir del caso ‘lidyagate’ entre el presidente municipal y el gobernador: todos conocemos que el rector se pronunció a favor de Mario Marín y dejó solo en su guerra a Doger contra el ejecutivo estatal.
Ahora es diferente.
La guerra entre Enrique Doger y Enrique Agüera no será parafernalia esta vez.
Va en serio.
Y va con todo.
¿Por qué?
Porque esta vez la batalla es para defender el territorio.
Motivo por el que pocas veces una guerra es justificada.
Y este enfrentamiento se trata de eso: de invasión, de detener al adversario a como de lugar para que no avance y defender la propiedad.
¿Por qué el rector esta vez sí respondió a la ofensa de Doger y está utilizando a todo el aparato universitario para ello?
Porque Enrique Doger está decidido a reiniciar su vida universitaria: quiere ser el director de la faculta de Medicina, y de ahí, candidatearse para volver a ser rector dentro de 3 o 4 años, tiempo que le permitirá ejercer el compromiso adquirido en el Congreso del Estado como diputado local.
¿Y por qué la intentona de Doger para regresar a los años floridos de la BUAP?
Por que no conoció época mejor: de poder, de influencia, de recursos, de prestigio.
Su aventura en la política con la membresía del PRI no lo dejó satisfecho: una victoria por muchas derrotas con sabor de frustración.
Pudo ser gobernador.
Pero no lo fue.
Marín construyó una fortaleza que finalmente cumplió su cometido y le fue impenetrable.
La política no es el camino.
Pero la universidad si.
Sobre todo si tomamos en cuenta el futuro inmediato del PRI en Puebla luce terrorífico en donde el poder y el dinero brillarán por su ausencia.
Total, Agüera debía reconocer que le debe una.
Pero la respuesta del rector fue abrir con fuego: lo dirá todo si se le sigue amenazando con invadir lo que considera su territorio.
El problema es que ambos saben demasiado uno de otro.
Y Doger ayer en su rueda de prensa ofreció la entrada de lo que promete ser un verdadero banquete: por supuesto que se guarda el plato fuerte para más tarde.
¿Qué nadie les dirá que la victoria de esta guerra de desprestigios es pírrica?
Gane quien gane saldrá perdiendo.
Entre gitanos no se leen las manos.
Los dos saldrán heridos, desprestigiados, y con muchos menos bonos en el momento de sentarse a negociar con la figura más importante de esta temporada: el gobernador elector Rafael Moreno Valle.
¿Qué no hay alguien que les abra los ojos?
Si uno de los dos da un paso más en esta guerra de lodo, será demasiado tarde.
Para los dos.
Y lo peor: los caballos se llevan entre las patas el prestigio de una universidad que tanto trabajo ha costado construir, sobre todo para los académicos, investigadores y alumnos.