El artífice del triunfo de RMV
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El ejercicio político poblano tuvo un cambio violento después de que el entonces gobernador Melquiades Morales se dejó llevar por la regla que él mismo se impuso respetando aquel “precepto” no escrito pero tan violado como la esposa de cualquier estúpido borracho: gobernador no pone gobernador. Melquiades se abstuvo de impulsar a ese cargo a Rafael Moreno Valle Rosas, entonces aspirante a la candidatura que también peleaban Germán Sierra y Mario Marín, éste último su propio artífice. Ya sabe usted lo que pasó.
Es importante destacar que Melquiades llegó a ser candidato y más tarde gobernador gracias al apoyo estratégico de su hermano Jesús, el artífice que lo llevó a ganar la contienda interna del PRI, a la sazón controlado por el gobernador Manuel Bartlett y, por ende, con su partido a favor de José Luis Flores Hernández. Pero ni Bartlett ni José Luis ni Germán contaron con que Chucho pondría en acción a su estructura (compadres, munícipes, regidores, líderes naturales, amigos y familiares) para, valiéndose de la costumbre antigua, meter a su hermano a la historia de Puebla a pesar de la ruda oposición de don Manuel.
Blanca Alcalá Ruiz, otro de los ejemplos de éxito electoral, igual contó con su artífice de la victoria. Me refiero a Rigoberto Benítez Trujillo, académico y politólogo, cuya experiencia se basó en la técnica del marketing político. Él fue pues quien planeó el proceso y la campaña de quien pudo llegar a la presidencia municipal para convertirse en la primera mujer que ocupa ese cargo en Puebla capital.
Las experiencias apuntadas fueron rigorosa y profesionalmente observadas por Fernando Manzanilla Prieto. Incluso tuvo que sufrirlas en una de sus etapas, cuando los morenovallistas inclinaron sus banderas ante la imbatible diferencia que en las encuestas tenía Mario Marín Torres. A partir de esa “derrota” Manzanilla y Rafael planearon lo que fue el tsunami electoral que hace unos días aplastó a los candidatos del PRI.
¿Y quién es Manzanilla?, preguntará algún lector. Resumo arbitrariamente el perfil de este profesional de la planeación en casi todos sus campos.
En una época se le consideró como el mexicano segundo mejor estudiante de Harvard (el primero era Carlos Salinas). Ese prestigio avalado por su disciplina y talento lo ubicó en el área que manejaba Ernesto Zedillo, a la sazón secretario general del PRI y coordinador (de nombre nada más) del candidato Luis Donaldo Colosio. Mataron a Colosio y el grupo zedillista brincó al principal escenario de la República, Fernando entre ellos.
En esas andaba cuando Rafael, su amigo, le invitó al gran proyecto llamado gubernatura. Tenían a un gobernador a modo, vendrían a una entidad para ellos con poca competencia, estaban en la edad adecuada para llevar a la práctica planes de largo aliento y, si asumían la oportunidad histórica, podrían concretar lo que aprendieron, uno de sus maestros y el otro de sus profesores y abuelo. Se animaron y así lo pactaron a sabiendas de que la ruta era larga y llena de abrojos. El plan “A” dejó de funcionar y aplicaron el “B” que también falló. Fue entonces cuando se manejaron para un “C” cuya conclusión (en su primera etapa) usted y yo hemos visto.
Hace ocho años, cuando por su camino se atravesó Rafael Moreno Valle, una colega y amiga me dijo: “Rafael tiene todo para ser un buen candidato a suceder a Melquiades. Pero quién sabe si sería un buen gobernador”. Lo que ignoraba Rebeca Romero (así se llama) es que Fernando Manzanilla Prieto comandaba el “tanque de cerebros” de Rafael. Hoy se confirma que ése, el artífice de Moreno Valle, hizo bien su trabajo. Lo que está por verse es la digamos segunda etapa del plan “C”, donde podremos darnos cuenta si Rafael resulta un buen gobernador. Esto dependerá, en gran medida, del equipo de trabajo que lo rodee y, si no me falla la intuición, del nuevo “tanque de cerebros” dirigido precisamente por Manzanilla, el artífice del triunfo electoral de su cuate Rafael.
Mientras, Manzanilla está en la playa recuperándose de los efectos del vértigo electoral.
LOS HOMBRES DE MORENO VALLE
Contra lo que suele ocurrir en las campañas electorales, en la de Rafael Moreno Valle sobrevivieron los miembros de su equipo de primer nivel. ¿Por qué esta excepción que rompe la regla?, preguntará el lector. Pues porque todos ellos han sido probados por su ahora líder, cala que incluye la cólera del jefe, a veces justificada y en ocasiones producto de los malos ratos provocados por el rechazo al error o la poca tolerancia a la falta de resultados.
Ya le comenté algunos rasgos de Fernando Manzanilla Prieto, el segundo de a bordo. Lo que dejé para este apartado es que el camarada se mueve con la discreción que obliga la inteligencia. Dicho con otras palabras: respeta el escenario de Rafael, razón por la cual evita “salir en la foto” ya que, supongo, no quiere distraer al respetable.
En el grupo que encabeza Manzanilla hay otros personajes que, igual que Fernando, trabajaron el proyecto llamado “Gubernatura de Puebla”. Helos aquí:
Jorge Aguilar Chedraui, actual delegado del ISSSTE en Puebla, es una de las personas de confianza gracias a sus habilidades financieras. Su maestro en el manejo del dinero fue Manzanilla. Él lo enseño a comportarse de acuerdo con la ortodoxia que exige la asignación y distribución del presupuesto.
Claro que tuvo otros mentores casuales en los asuntos de la grilla política-social. Me refiero a sus rivales en todo, incluso en la lucha por los cargos públicos, pelea que en vez de vulnerarlo o disminuirlo terminó por fortalecerlo. Es quizá el único del bloque de cuates que fue rescatado antes de que se cumpliera la sentencia cesárea del gobernador: “¡Denlo de baja”, había ordenado Melquiades molesto por un asunto de carácter personal.
Eukid Castañón, también operador eficaz de Manzanilla, llegó al ámbito rafaeliano después de la campaña que hizo mandatario a Morales Flores. Éste quiso arroparlo por ser hijo de uno de sus grandes amigos. “Jálelo a su grupo”, le dijo a Moreno Valle. Y Rafael lo jaló para asignárselo precisamente a Manzanilla. Eukid empezó así con el pie derecho y demostró sus habilidades y experiencia en las negociaciones: para empezar deshizo los entuertos que deja todo proceso electoral.
Luis Bank Serrato es uno de los amigos cercanos a Fernando Manzanilla. Ambos se conocieron durante la campaña de Luis Donaldo Colosio. Luis se hizo cargo del área de investigación en los asuntos relacionados con la agenda del candidato, mientras que Fernando asistía al coordinador Ernesto Zedillo.
Las broncas entre colosistas y zedillistas no enturbiaron su buena relación; al contrario, la fortaleció al grado de que cuando matan a Colosio y se desarticula su grupo, Bank es rescatado por Manzanilla. Al término de la campaña uno se queda cerca de Zedillo y el otro se va a trabajar a la banca internacional. Más tarde se unen en torno al “proyecto gubernatura”, y Luis se hace cargo de una de las áreas de la Secretaría de Finanzas y Desarrollo Social, labor que le permite trabar amistad con Jorge Aguilar Chedraui y Eukid Castañón. Así, poco a poco, el equipo crece y se fortalece.
Otro de los operadores importantes es Marcelo García Almaguer cuya formación académica ocurre en Boston, Massachusetts. Allá conoce a Moreno Valle y a Fernando. De allá se lo traen a Finanzas para que se haga cargo del área de Comunicación Social. De ahí lo mandan al Sicom con órdenes de manejar la dirección de Radio y Televisión, lugar desde el cual trabaja para la causa.
A este selecto grupo de cuates se adiciona un experimentado comunicador. Su nombre: Jorge Galina: se hace cargo del manejo de medios y de algo que podríamos llamar la prospectiva mediática dado que ese ejercicio le permite adelantarse a los hechos que, de haberlos desconocido, hubieran causado desasosiego tanto en el cuarto de guerra como en el ámbito personal del candidato.
En fin, estos son, pues, algunos de los hombres de Moreno Valle. Con ellos y otros más que después le comentaré, empezará su gobierno, el mandato de las grandes expectativas, especialmente para los dirigentes nacionales de los partidos aliados.
acmanjarrez@hotmail.com