El futuro del PRI-Lastiri
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Quien diga que Juan Carlos Lastiri Quiroz no es producto del zavalismo, o está ciego o de plano navega con bandera de tarugo. Todos los priistas han visto que el “candidato de unidad” para ocupar la presidencia del PRI estatal, trae en su frente grabada la “Z” de Javier López Zavala. Ahí está la marca y seguramente ahí seguirá, precisamente por la lealtad que distingue a Juan Carlos, apego que sin duda tomó en cuenta el gobernador.
Partiendo de esta obviedad que incluso podría documentarse, he preguntado a los sabios de la política priista el por qué los antizavalistas declinaron sus banderas y, en algunos casos, hasta se olvidaron de la dignidad. Las razones expuestas me permitieron confirmar que detrás de las protestas por lo que parecía ser el gran “dedazo sexenal”, estuvo el odio profundo y disparatado en perjuicio de Zavala, animadversión que tiene varias vertientes, a saber:
Contra lo que esperaban los miembros de la burbuja marinista, JLZ recibió del gobernador toda la confianza que puede delegar un mandatario: éste lo hizo su mano derecha, le cedió su voz, le otorgó el poder de su firma, lo nombró su representante personal y privado en los asuntos privados y personales, lo habilitó como confidente, le concedió el manejo del gobierno, en fin, lo invistió de la facultad que tuvieron el cardenal Mazarino y el famoso Rasputín, por sólo citar el ostentoso ejemplo de dos personajes de la historia. Ello le ganó la ojeriza de quienes escucharon de su boca las instrucciones de su amigo Mario Marín, muchas de las cuales no les favorecieron.
Menos les gustó que JLZ haya sido nombrado candidato a gobernador; sin embargo, apechugaron casi sin rechistar la decisión marinista y aceptaron ser parte de la frustrada campaña electoral. Se vieron obligados a inclinar la cerviz y eso acrecentó su resentimiento.
Una vez perdida la plaza, muchos antizavalistas salieron de las sombras que produce la ignominia para, corajudos e indignados, oponerse a la posibilidad de que su otrora candidato fuera designado presidente del PRI poblano. Incluso varios de estos críticos elevaron sus quejas hasta el CEN priista. “Es chiapaneco”, dijeron unos. “Se trata de un perdedor”, argumentaron otros. “Está siendo impuesto por el gobernador”, espetaron dos que tres. Una vez logrado el objetivo, por cierto coincidente en la mayoría de los casos (bajar a Zavala), cual coro, todos sin excepción entonaron el salmo marinista.
Y así fue como Lastiri recibió el apoyo de quienes por ser antizavalistas habían sido sus enemigos.
El fenómeno expuesto produjo algunos escenarios, varios de ellos nada halagüeños para el priismo poblano. Veamos: después del cambio de gobierno, el PRI de Puebla necesitará de un líder carismático. ¿Lo hay? Es obvio que no. La festinada unidad no garantiza que el PRI tenga recursos financieros para promover o impulsarse como una oposición inteligente. La disputa por las parcelas de poder se agravará en cuanto deje de funcionar la brida que ha impedido que los caballos se desboquen. Surgirán “iluminados” que tratarán de hacer sentir su preponderancia intelectual o popular.
Y aparecerán los ingratos y/o conspiradores que se venderán al poder que ejercerá Rafael Moreno Valle.
Las posibilidades enunciadas por este columnista, por el momento auto habilitado como nigromante, obligan a preguntar si el PRI poblano estará en condiciones de recuperar el poder. Para no reponder a priori, me tomaré unos días de profunda reflexión, lapso en que escucharé la “música” que acompaña a los salmos del absolutismo …
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