El narco en Puebla
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Conforme se acerca el día del cambio de gobierno, crecen las expectativas y las preocupaciones. En el primer caso hay un grupo importante de poblanos que espera de Rafael Moreno Valle Rosas quizá un poco más de lo estratégica y financieramente posible. Y respecto al desasosiego existe otro grupo, tambien significativo, que se preocupa por el 2011 porque, dicen, podría traer algunas calamidades cuyo impacto afectará la inversión privada y la tranquilidad social que aún se vive en Puebla.
Centro mi comentario en este último sentimiento que he podido captar de empresarios primordiales para el desarrollo de Puebla. Su temor es que se pierda la seguridad que les ha motivado a invertir y les permite caminar por las calles sin el Jesús en la boca que, por ejemplo, agobia a los neoloneses y tapatíos. Suponen que el próximo mandato no podrá poner barreras a la ola de violencia que asola al país. La razón, paradójicamente, es la honestidad con que seguramente se manejará la administración morenovallista.
Si partimos de que el crimen organizado se ha expandido por el territorio nacional según sus intereses o pleitos o respuestas al ejercicio de la ley federal, tenemos que suponer que Puebla podría estar en la lista de sus próximos objetivos. Este digamos que fenómeno natural, es lo que asusta a los poblanos privilegiados por la diosa fortuna. Me refiero a la “tribu” que unida tiene el dinero suficiente como para –ya lo dije– detonar el desarrollo económico local. Y también para figurar entre los secuestrables que despiertan la ambición de las bandas dedicadas a esta rama de la delincuencia organizada.
Otro de los motivos de la inquietud de los hombres de dinero, es que muchos de éstos confiaron en que Javier López Zavala ganaría la elección, y a ello le apostaron, pero no por simpatías personales o razonamientos ideológicos, no, sino porque –dicen– el PRI les garantizaba la continuidad que incluía los aspectos de seguridad y tranquilidad social. Es obvio que no obstante el “borrón y cuenta nueva” o la declaración sobre la ausencia de la común “cacería de brujas”, esperan una especie de vendetta política, algo que para ellos no tiene mucha importancia en el contexto apuntado.
El juicio de cada cual parece tener una coincidencia que también es paradójica. Creen que el gobierno marinista ha podido mantener el orden social e impedir la presencia de los cárteles porque “ha sabido negociar”, precisamente para que Puebla no se convierta en una de las sedes de la violencia y los negocios que promueve el narcotráfico.
Uno de esos empresarios, al cual conozco desde hace muchos años y me reservo su nombre para no comprometerlo, me dijo “aquientrenos” que a veces son necesarias las negociaciones entre gobierno y cárteles, tal y como ocurre en Estados Unidos donde las mafias han negociado con las autoridades. Ese criterio que puede ser bueno o malo, según su punto de vista, me llevó a escribir para compartir con usted las líneas que está leyendo, manifestaciones que nos obligan a pensar en otro escenario, el que se nos ha presentado con Ardelio Vargas Fosado el frente.
Sin menoscabo a la reconocida experiencia y capacidad de Ardelio en áreas de seguridad pública y nacional, y tomando en cuenta aquello de que es necesario “saber negociar” con los estrategas del crimen organizado, cabe preguntarse: ¿Rafael Moreno Valle logrará que Puebla se mantenga sin la presencia del narco?
Es un tema complicado por lo que implica y lo que trae detrás. Por ahora sólo apunto dos circuntancias: si se le combate de manera frontal, podríamos tener, quizá, reacciones como las que hemos visto en otras entidades. Y si se soslaya su posible y próxima presencia, puede ser que Puebla se convierta en uno más de los estados rehénes del crimen organizado.
Alguien inteligente, pusilánime, previsor o estratega natural, depende lo que usted piense, diría: “mejor no le muevan”.
acmanjarrez@hotmail.com