El peligro para Puebla
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Desde que inició la campaña electoral, el PRI tomó en cuenta el peligro mediático que representaba Rafael Moreno Valle Rosas. Estudiaron el problema y medio lo resolvieron con algunas acciones digamos que “científicas” si partimos de que en la actualidad mediática el marketing político ha sido tratado como si fuese una ciencia.
También se le prendieron los focos rojos debido a que atrás del candidato de la “mega alianza” está la profesora Elba Esther Gordillo Morales, una estratega política que adoptó a Rafita (como ella le llama) entusiasmada con su presencia física (la señora se revitaliza manteniendo cerca de ella a los jóvenes guapos) y la posibilidad de abrir para su causa un nuevo bastión. “Puebla bien vale una misa negra”, estará diciéndose la doña.
A partir de esas circunstancias, los genios priistas planearon la estrategia que supuestamente permitirá que Javier López Zavala sea el próximo gobernador. Para ello deben haber tomado en cuenta las experiencias y resultados en aquellas entidades donde la lideresa magisterial ha metido su mano de bruja electoral.
Baja California, por citar un ejemplo, es un estado en la cual el PRI perdió a pesar de dos sus baluartes nacionales, o sea el hijo de Carlos Hank González y el equipo electoral que tenía (y tiene) la marca “Hecho en Edomex”.
Como el lector sabe, la trilogía candidato-PRI-Atlacomulco fue derrotada por los profesores elbistas que hicieron de las suyas allá en Baja California. Y al decir “hicieron de las suyas” me refiero a todas las mañas que han aprendido y que el tiempo les ha ayudado a mejorar. Resumo con las siguientes palabras el efecto que produce esa pócima perversa, caldo “meneado” por la señora Gordillo: lo que cualquier partido pudo construir en años de trabajo, las huestes de la maestra pueden destruirlo en dos horas, cuando mucho, y no precisamente con acciones apegadas a la ley.
Eso es lo que, supongo, prendió los focos rojos del PRI marinista. “Ya llegaron los expertos electorales de Elba Esther”, deben haber dicho todos y cada uno de los integrantes de la cúpula del PRI poblano. Y planteándose cómo carajos impedir que esos “salvajes” que parecen todo, menos maestros, ensucien el proceso. La preocupación creció cuando los cerebros de las altas esferas priistas analizaron el material gráfico del cierre de campaña de Moreno Valle (sábado pasado), viendo asustados las mantas que rodeaban al estadio Cuauhtémoc, mensajes “firmados” precisamente por Elba Esther, una mujer que, como ya lo dije, está dispuesta a cualquier cosa para acrecentar su poder nacional.
Ello nos lleva a suponer que el próximo domingo podría ser uno de los días más negros para la historia política de Puebla (que no del PRI, aclaro). Lo digo con el deseo de equivocarme y partiendo del entrenamiento y las funciones electoreras con que han sido habilitados esos elbistas en cuyo instructivo o código de conducta figura la instrucción de reventar el proceso si éste no se ajusta a los intereses de su patrona.
Pero como los priistas están preparados para eso y más, la lógica indica que sobre Moreno Valle podría recaer el desprestigio o estigma que produce ese tipo de acciones. Y que en el mejor de los casos, por el imaginario un final de fotografía, la del domingo próximo se convertirá en una elección tan controvertida como judicializada.
La otra circunstancia que usted y yo esperamos no aparezca, es el enfrentamiento físico entre los “invasores” de Elba Esther y los defensores de la plaza marinista. Si llegare a ocurrir habría sangre en ambos bandos.
Ése y no otro es el verdadero peligro para Puebla.
¿Lo sabrá Rafael Moreno Valle?
Es el tema de mañana…