lunes, 15 junio 2026
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El PRI no tiene proyecto para reconstruir un mejor partido político

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STAFF PUEBLA ON LINE 2009 19 de agosto de 2010

Para el próximo sábado, Jaime Alcántara Silva ha convocado a un desayuno de “amigos”, en un hotel del rumbo de Las Ánimas, que al parecer será su inicio de precampaña para buscar la presidencia estatal del Partido Revolucionario Institucional (PRI) bajo la idea de que al ser un personaje ajeno a los grupos locales del tricolor puede ser factor de cohesión del partido, además de que sería impulsado por la líder nacional de dicha fuerza política, Beatriz Paredes Rangel.

Para el próximo sábado, Jaime Alcántara Silva ha convocado a un desayuno de “amigos”, en un hotel del rumbo de Las Ánimas, que al parecer será su inicio de precampaña para buscar la presidencia estatal del Partido Revolucionario Institucional (PRI) bajo la idea de que al ser un personaje ajeno a los grupos locales del tricolor puede ser factor de cohesión del partido, además de que sería impulsado por la líder nacional de dicha fuerza política, Beatriz Paredes Rangel.

Asimismo, un grupo de priistas advenedizos, entre los que figuran Carlos Talavera, Miguel Quirós y Jorge Morales Alducin, tienen una cita programada para el próximo martes con Arnoldo Ochoa González, el secretario de Organización del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, a quien le exigirán que no haya “dados cargados” en la elección del próximo líder estatal del tricolor.

Es decir, le pedirán que el dirigente no sea ni el ex candidato a gobernador Javier López Zavala ni el ex legislador federal Jorge Estefan Chidiac.

Las dos anteriores estampas, más allá de mostrar la efervescencia que se ha desatado por la renovación de la presidencia del otrora partido oficial, muestran que en el PRI y sus grupos todavía no se asimila ni se entienden los alcances de la derrota electoral del pasado 4 de julio.

Las cúpulas priistas siguen actuando bajo la tónica de construir un proyecto de conducción del PRI desde la lógica del poder, es decir de la imposición del dirigente, y no están buscando impulsar un plan de contingencia que frene el proceso de descomposición que se vivirá dentro del partido a partir de febrero de 2011, cuando se concrete la pérdida del Poder Ejecutivo, del Congreso y las principales alcaldías de la entidad. O mejor dicho, cuando se quede fuera del alcance del presupuesto estatal.

En el actuar de los priistas sigue dominando la idea de que solamente con el respaldo de un grupo de poder se puede alcanzar la dirigencia, pero nadie está planteando cómo conseguir recuperar a la militancia del tricolor, cómo enfrentar la falta de recursos económicos y cómo se va a cohesionar un partido que en el pasado proceso electoral tuvo actos de simulación y traición de muchos de sus operadores electorales que al final buscaron votos a favor del ahora gobernador electo, Rafael Moreno Valle Rosas.

Se dice que probablemente el próximo 8 de septiembre se pudiera emitir la convocatoria para renovar la dirección del partido, ante la determinación de Alejandro Armenta Mier de no seguir ejerciendo el liderzazo del PRI. Y también se comenta que se habría tomado la decisión de que llegue a Puebla un delegado especial del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) para que conduzca el proceso de selección.

Tal situación plantea que ya está en proceso la renovación del PRI sin que se haya generado una etapa de reflexión, de discusión interna, de análisis, de las causas de su derrota el pasado 4 de julio, pero sobre todo de las debilidades que enfrentará de ahora en adelante desde su papel de oposición.

Por ahora se observa que ningún priista muestra un proyecto de reconstrucción del partido. Veamos las debilidades de dada uno de ellos:

Jaime Alcántara Silva efectivamente puede ser un personaje que dirija el PRI al margen de las fricciones que se han generado entre los grupos locales del partido, pero al mismo tiempo es alguien que no es conocido por la militancia, ya que los últimos años los ha pasado en el Distrito Federal. Su única fuerza es que tiene un cargo en el CEN priista y es del grupo de Beatriz Paredes Rangel.

Jorge Estefan Chidiac generaría un grave daño a este partido, pues es alguien ajeno a los intereses y principios ideológicos del PRI. En la pasada Legislatura federal, aunque era parte de la bancada del tricolor, en realidad se dedicó a defender el proyecto económico –y empobrecedor– del gobierno federal. Es alguien que no tiene presencia en las bases del Revolucionario Institucional, y su interés en ser dirigente es construir su proyecto personal de ser el próximo gobernador de Puebla.

Javier López Zavala es hoy en día el priista con mayor presencia y afinidades en las bases y los simpatizantes del PRI, pero al mismo tiempo carga con el estigma de haber provocado la peor derrota electoral del tricolor, y eso le generará un acelerado desgaste una vez que concluya la era “marinista” a partir del 1 de febrero de 2011. Es un político que puede resurgir de las cenizas, pero para eso es necesario que deje descansar su imagen y busque el momento oportuno para emerger como un líder de oposición.

Los hermanos Jesús y Melquiades Morales Flores acabaron demostrando que es un mito eso de que hay familias fieles al PRI. Al final el llamado “melquiadismo” fue parte de los grupos que acabaron operando a favor de Moreno Valle. Es decir, traicionaron al partido que en el pasado les dio poder y fortuna.

Enrique Doger Guerrero tiene una importante base de seguidores en todo el estado. No hay nada que lo haya desgastado y le reste presencia. El ex edil de Puebla fue la principal voz en el PRI que alertó de la derrota, y nadie lo escuchó. Eso le da autoridad moral. El problema que enfrenta es que no podría unir a las facciones del tricolor, sino que se prolongaría la confrontación que existe entre marinistas y dogeristas.

El grupo “de la pipitilla”, formado por Talavera, Alducin y Quirós es obvio que no puede ser tomado en cuenta. Lo grave para el PRI es que están haciendo ruido en el proceso de sucesión de la presidencia estatal del partido, y eso es símbolo de que hasta el político más mediocre puede aspirar a un cargo en el tricolor.

En resumen, las cúpulas priistas de Puebla siguen actuando como si estuvieran viviendo el día 3 de julio y todavía no asimilan que en aquellos estados en donde el PRI ha perdido la gubernatura, tarda en promedio, de 12 a 18 años en regresar al poder.

Staff Puebla On Line 2009
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