En espera del Tlatoani
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La política mexicana se parece mucho al fútbol del mismo país. En la política mexicana sólo unos cuántos ganan y casi todos terminan descontentos con el rendimiento. En el fútbol, por su parte, nunca se satisfacen las expectativas mínimas, a pesar de las grandes esperanzas puestas en once jugadores de “medio pelo”, pero los directivos del fútbol ganan dinero.
En la política hay dos o tres que hacen bien su trabajo y que saben los pros y contras de sus acciones. En el fútbol mexicano algunos jugadores no son malos, pero los demás no pasan de correr, luchar y desgastarse, en muchas ocasiones sin razón o beneficio alguno.
Pero si hay un aspecto que resalta entre ambas esferas es la espera del Tlatoani: en eso se convierte el Presidente de la República y el entrenador de la Selección Nacional de Fútbol. Más todavía: las esperanzas de un pueblo parecen centrarse en el nuevo líder. Es una reminiscencia prehispánica acentuada en la revolución y sus años posteriores: Villa, Zapata y, posteriormente, (el Tata) Cárdenas, eran los que mandaban, a ellos se les seguía, en ellos podría encontrarse la legitimación carismática de la que hablaba Max Weber. Son figuras que la gente seguía casi venerándolos; seguro le llevarían a algún mejor lugar.
Ese resabio prehispánico y revolucionario persiste en nuestros días, a pesar de que no hay figuras de la calidad de los tres antes mencionados. Pero la gente pone su fe, su confianza, en los nuevos Tlatoque. Cada 6 años hay la esperanza de que las cosas mejoren. Nada más hace falta ver las columnas políticas de diarios nacionales para darse cuenta que ya todos dan este sexenio por perdido, y piden a gritos un nuevo líder. Y mal está la cosa, si se piensa que faltan poco más de dos años para que formalmente acabe este periodo de gobierno mientras el país se resquebraja un día sí y otro también.
En la Selección Nacional de fútbol sucede lo mismo. Cada 4 años hay un nuevo entrenador y se piensa que él sí llevará al fútbol nacional al lugar que “se merece”.
Nada más fuera de la realidad: ningún Harry Potter mexicano podrá enfrentar y cambiar solo la política y la actualidad mexicanas. He insistido en muchas partes que las cosas empezarán a cambiar el día en que, como sociedad, actuemos, participemos y dejemos la apatía y el desdén, la incredulidad y la corrupción que hoy permean la sociedad y cultura mexicanas. Ese día dejaremos de pensar en el retorno de Quetzalcóatl, en la espera del nuevo Tlatoani, del redentor de las masas o del dirigente poderoso. En ese momento, podremos construir un mejor país.
Y sí, tal vez entrenando y fijando objetivos claros podamos tener, algún día, una selección de fútbol con mejores resultados. Antes, son solo sueños que la gente tiene en mente debido a campañas publicitarias.
Soñar no cuesta. Lo que cuesta es lograr el sueño con trabajo.
TIEMPO EXTRA
LIBRO. PAUL AUSTER escribió hace poco un libro interesante acerca de un hombre solitario, con un pasado oscuro y con ganas de reivindicarse. El libro se llamaInvisible (NY: Rough Cut, / Madrid: Anagrama, 2009)
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Juan Manuel Mecinas M.
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