La castración, ¿la solución?
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De aprobarse la propuesta del Partido Revolucionario Institucional, México tendría una interesante merma en los parámetros de la explosión demográfica y un aumento en solicitudes de cambio de sexo. La razón: los violadores y los pederastas que comentan sus abominables delitos en el Distrito Federal, serían castrados mediante un proceso químico que les deje incólume pero muerto su aparato reproductor; es decir, seguirían manteniendo el recuerdo de su hombría, nada más éso.
Dijo Israel Betanzos, coordinador del PRI en la Asamblea Legislativa:
“La población está preparada para estos temas. Quizá la palabra es fuerte, pero en general hemos recibido aceptación, incluso hay personas que nos piden cadena perpetua para las personas que cometen esos delitos”.
Betanzos basa su propuesta en que el 60 por ciento de este tipo de degenerados son reincidentes. Y arguye que en Alemania, Suecia, Dinamarca, Estados Unidos, España y Brasil, se lleva a cabo este castigo que consiste en la aplicación de drogas que inhiben el deseo sexual y ocasionan un bloqueo a nivel cerebral de la glándula hipófisis, lo cual baja o elimina la libido.
¿Cómo la ve usted?
Según este columnista, semejante castigo no resolvería el problema cuyos antecedentes datan de épocas remotas, cuando la pederastia era una práctica muy socorrida, tanto como la homosexualidad. Para no ir muy lejos, aquí cerquita, hace quinientos años, Hernán Cortés encontró que en Ixtacamaxtitlán se practicaba lo que él llamó el sexo contranatura. Dicen algunas de las crónicas que refieren el hecho, que fue tanto su enojo que sin pensarlo mucho mandó castrar a los machos antes de matarlos. Intuyo que estaba influido por los hechos bíblicos de Sodoma y Gomorra, donde hasta los ángeles enviados por Dios resultaron violados por aquellos que vivían una eterna bacanal.
De acuerdo con el criterio de un terapeuta amigo del columnista, difícilmente tendría éxito la ley que pretenden los legisladores del DF. “Aunque los castren seguirían con la tendencia que los llevó a delinquir –asegura el siquiatra–. El problema no es la libido sino las confusiones que hay dentro del cerebro de este tipo de degenerados. El asunto es más sicológico que físico”.
Ya en plan de broma, el galeno, que por cierto me pidió en anonimato, dijo que los “castrados” buscarían otros satisfactores mediante el cambio de sexo. Y se abrirían así muchos de los closets que, por aquello de las dudas, han permanecido cerrados.
Imagínese el lector al pederasta Sucar Kuri buscando el cambio de género. O a cualquiera de sus compañeros de degeneración (entre ellos dos que tres importantes políticos) preparándose mentalmente para sufrir una cirugía de reasignación de sexo.
En fin, sólo son especulaciones en tanto no se apruebe la citada ley que sometería a los violadores a “tratamiento de inhibición sexual durante el tiempo que dure su pena y, en caso de reincidencia, algo que es esperado, el tratamiento sería obligatorio para éstos y para aquellos que hayan violado o abusado de menores de edad”.
En su exposición de motivos el legislador propone que la Secretaría de Salud del DF sea la instancia responsable para determinar lo que procede. Y que allí se planee, organice, opere y controle el Centro de Atención para Delincuentes Sexuales, organismo que también estaría encargado de dar atención sicológica, médica, siquiatrica y de educación sexual.
Suena digamos que lógica la preocupación de los priistas. Pero dice el médico citado que hace falta aplicar el criterio de don Hernán pero sólo para los pederastas. Y concluye que ello propiciaría un conflicto de intereses entre la Iglesia católica y el gobierno de Marcelo Ebrard. “Míralo desde esta óptica –me dijo–: los primeros que perderían el sueño son los curas que, ocultos bajo la sotana y encubiertos en su labor pastoral, tratan de imitar a su paradigma, el famoso padre Maciel.
Después de este comentario, el galeno y el que esto escribe coincidieron que esos delincuentes, sean quienes fueren, políticos o sacerdotes, enclaustrados o enclosados, deben ser capados y después sometidos a la pena capital.
Si al lector le parece exagerada la conclusión, lo invito a que presente su propuesta para hacerla llegar a los asambleístas defeños, con copia, claro, a los diputados poblanos. Es un ejercicio democrático distractivo mientras que la política local retoma su camino.