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La herencia de Moreno Valle (IV)

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La herencia de Moreno Valle (IV)
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 12 de agosto de 2010

Melquiades gobernó a los poblanos. Lo hizo dispuesto a mostrarse leal a sus principios. Antepuso el afecto y sumisión hacia quien lo enseñó a respetar los pactos que trascienden.

El doctor Rafael Moreno Valle fue personificado por su nieto y homónimo.

Rafael ganó las discusiones y negociaciones previas a la toma del poder porque tuvo el respaldo moral del abuelo cuyo recuerdo seguía en el ánimo de Melquiades: fue titular de la Secretaría de Finanzas y Desarrollo Social, incluso imponiendo sus condiciones. Su futuro quedó así en las manos del político hechura de su abuelo.

Por eso Rafael tuvo “manga ancha” e integró su equipo de trabajo con varios de sus amigos y compañeros de Boston y Nueva York. Uno de ellos, Fernando Manzanilla –subsecretario de Egresos– contaba con el plus de haber estado cerca de Zedillo cuando éste coordinó la campaña de Luis Donaldo Colosio. Otro, Luis Bank, amigo de Manzanilla y también su compañero durante la campaña que concluyó con el asesinato del candidato presidencial. El perfil del resto de colaboradores estuvo acorde con su función pública. Con este grupo Rafael inició el proyecto “sucesión” avalado por el gobernador. Y organizó la estructura priista alterna, iniciativa que también contó con la aquiescencia del mandatario.

Los morenovallistas pusieron en práctica el proyecto para alcanzar su objetivo. Convencieron a Melquiades de la necesidad de sustentar las decisiones del gobierno en las encuestas. Y le vendieron la idea de que el PRI (o el Ejecutivo) se basara en ellas para designar al próximo candidato que ocuparía la titularidad del poder Ejecutivo.

Con esta autorización el grupo morenovallista se movió a sus anchas. Llevó a Rafael hasta los rincones más alejados, municipios donde el funcionario entregaba desde las participaciones hasta los apoyos estatales y federales destinados al desarrollo social, algunas veces acompañando a Melquiades y otras representándolo con su venia, afecto, complicidad y simpatía.

Cuando la estrategia morenovallista fue descubierta por Mario Marín Torres, alcalde de Puebla, cargo al cual llegó después de haber sido secretario de Gobernación de Manuel Bartlett y presidente del Comité Directivo Estatal del PRI, percibió lo que parecía un plan con maña. Lo supo porque años antes había tratado de cerca a Melquiades (fue su secretario particular), cirncunstancia que le permitió intuir las intenciones del gobernador y confirmar que éste había “comprado” la idea de manejarse y manejar la sucesión mediando las encuestas. Reaccionó y de inmediato puso a su gente a trabajar para mejorar su impacto mediático.

Dos meses antes de la decisión final, el resultado de los sondeos estaba en contra de Moreno Valle. “Son diez puntos los que nos lleva Marín –reconoció Manzanilla–, diferencia que ya no podremos remontar. Así que hay que pactar con él para apoyarlo y que nos apoye cuando sea gobernador. Es mejor éso a que sea candidato Germán Sierra Sánchez”.

Se hizo el “pacto de caballeros” bajo los siguientes términos: prevalencia en la nómina de los miembros del equipo morenovallista; la diputación local y el liderazgo cameral para Rafael; la diputación federal y en seguida la senaduría. Las cosas marcharon bien hasta que Marín decidió olvidarse del trato al aceptar como candidatos a senador por mayoría relativa a Melquiades y a Mario Montero Serrano. El primero postulado por el CEN priista y el segundo propuesto por él valiéndose de su calidad de gobernador.

La decisión propició que Rafael abandonara al PRI acogiéndose a la influencia de Elba Esther Gordillo enfrentada ya con Roberto Madrazo. La profesora negoció con Calderón, alianza en la que fue incluida la postulación de Moreno Valle para senador por Puebla, candidatura respaldada por el PAN.

Se dio el enfrentamiento. Rafael y Melquiades contendieron en partidos distintos. Dio la impresión que el afecto del ex gobernador lo indujo a manejarse de bajo perfil beneficiando con ello al nieto de su ex jefe. No alteraría el proyecto genético-familiar. Y quizás hasta pensó en que si perdía en la elección él también estaría en la Cámara de Senadores debido al principio de primera minoría. Era un extra en su proyecto de vida, circunstancia que validaría su compromiso generacional. El final feliz pues. La obra del teatro republicano que incluyó ser par del nieto del general.

Melquiades nunca debió perder a pesar de haber mostrado sus cartas a Moreno Valle. Sin embargo, salió derrotado en las urnas para, como dicen los clásicos, caer hacia arriba.

Continuará…

Staff Puebla On Line 2009
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