La UNAM, un Centenario glorioso
joomla.2009
A diferencia de los chafas festejos del Bicentenario que vimos el pasado 15 de septiembre, los cien años de la UNAM rescatan el ánimo y la confianza en nuestras instituciones. Esto por la dignidad con que se ha manejado la historia de la institución educativa.
Su actual rector, José Narro Robles, se ha desenvuelto a la altura de su investidura y por ello la celebración ha tenido actos serios, relevantes y con trascendencia internacional.
Se privilegió el concepto de un México con igualdad y justicia social, con derechos sociales para todos los mexicanos, no sólo en la Constitución sino en la práctica cotidiana. Sin desigualdad ni pobreza, sin ignorancia ni enfermedad. Con prioridad en la educación, la ciencia y el desarrollo tecnológico.
La Universidad Nacional se creó en las postrimerías del porfiriato, cuando los “científicos” pensaron en hacer algo trascendente para el país que se les desmoronaba. Justo Sierra la concibió como un proyecto que trascendería en la historia. Y en efecto la Universidad ha estado presente en las etapas importantes de nuestro devenir, ajustando su actuación a los acontecimientos históricos.
Al triunfo de la Revolución se transformó e incluyó en su esencia las reivindicaciones sociales. En 1929 obtuvo la autonomía, creándose así la Universidad Nacional Autónoma de México. José Vasconcelos, autor de su lema “Por mi raza hablará el espíritu”, tuvo una regresión ideológica cuando buscó el apoyo de los Estados Unidos para levantarse en armas; sin embargo, como él mismo confesó, con menos de treinta simpatizantes o seguidores, no pudo lograr ese lamentable propósito.
Su trascendencia se debe, entre otras acciones, a la inclusión de todo tipo de estudiantes, que al convivir conocen las diferentes formas de pensar y de vivir, según los estratos sociales de donde provengan, enriqueciendo con ello su vida.
En la actualidad tal vez ya no sea tan incluyente porque las élites económicas se han matriculado en las universidades y tecnológicos privados. Pero en el pasado lo fue.
En la facultad de Ciencias Políticas y Sociales, por ejemplo, conviví con Rosario Green y Fernando Solana, ambos posteriormente secretarios de Relaciones Exteriores. También con Gustavo Abel Hernández, destacado politólogo, Enrique Álvarez Félix. Verónica Castro y Alfonso Mejía, artistas de cine, fueron otros alumnos, igual que Manuel Aguilar y Carlos Sevilla, trotskistas radicales de extracción popular.
En la Facultad de Derecho, Cibeles Henestrosa y la que esto escribe compartimos aulas con la hija de Mariano Azuela, Patricia Kurczine, Miguel Alemán y Jacobo Zabludovski, en fin, con muchos compañeros más provenientes de los estratos más humildes de México. Esto debido a que nuestros maestros eran de los académicos más destacados del país y a que la colegiatura apenas llegaba a doscientos pesos al año.
Ignacio Burgoa, Rafael Rojina Villegas, Cervantes Ahumada, Carlos Bosch, Víctor Flores Olea, González Pedrero, Pablo González Casanova, Modesto Seara Vásquez, son algunos de los destacados profesionistas que guiaron y transmitieron sus conocimientos y sus experiencias a los jóvenes que llegábamos a la Universidad con el ramillete de las ilusiones tendido al viento, a la vida, sabiendo que algunas se deshojarían, pero que otras florecerían airosas aún contra los obstáculos que se les opusieran.
La Universidad como institución académica tiene como premisa la libertad de cátedra, de investigación y de crítica. Por ello escuchábamos las diferentes teorías políticas, sociales y económicas, disintiendo y a veces confrontando a los maestros, pero siempre aprendiendo de cada uno de ellos. Ya como catedrática pude constatar la absoluta libertad para impartir conocimientos, perfectamente fundamentados, claro está.
Además de las ideas que compartimos era importante el sentimiento de solidaridad social que propició que los estudiantes nos enfrentáramos con arrojo a la autoridad cuando había que defender los ideales. Lo hicimos sin medir las consecuencias tal y como sucedió cuando jóvenes apoyamos a la Revolución Cubana y el movimiento de 1968. En este último caso tal vez utilizados por los dirigentes estudiantiles, pero con verdadero sentimiento de entrega social.
Hubo una época en que la Universidad estuvo a punto de venirse abajo. Los pasillos de las facultades estaban llenos de vendedores ambulantes y los alumnos de negaban a entrar a clases y casi exigían su pase automático en forma arbitraria.
El rector José Ramón de la Fuente, puso en práctica la tesis doctoral de su colaborador Armando Labra Manjarrez y ambos lograron hacer de la UNAM una institución de excelencia que ha recibido reconocimientos internacionales y que se ha colocado entre las mejores del mundo.
La Universidad pública es, pues, el semillero de los valores nacionales y el impulso a la superación de los jóvenes. Sin la posibilidad de una movilidad social para la superación de los estudiantes, que los haga mantener la esperanza en su éxito futuro, estaremos condenados al fracaso.
Habrá que impulsarla y permitir que la pluralidad se exprese con absoluta libertad. Destinar el mayor presupuesto posible para su desarrollo óptimo y no permitir que el gobierno de derecha, conservador y retardatario la destruya.
Escuché alarmada a Leo Zukermann, orgulloso politólogo con reminiscencias primermundistas. Dijo que la UNAM había perdido su liderazgo y ejemplificó con el origen universitario de los últimos tres presidentes de México, uno del Politécnico, otro de la Ibero y el actual de la Libre de Derecho. A esa misma mesa llegó un profesional del deporte, de los pumas precisamente, quien antes de entrar a su tema quiso hacer una aclaración, por cierto muy oportuna: le dijo a Leo que por esos presidentes, México había caído en los niveles en que se encuentra gracias al neoliberalismo que predomina en la mente de tales ejemplares derechizantes.
Y en efecto, Zedillo, Fox y Calderón han sido dignos representantes de las teorías estadunidenses apegadas al predomino del capital sobre el interés social.
Con esas tres experiencias, esperemos que los próximos presidentes provengan de las universidades públicas…
alvarezenriqueta@hotmail.com